Entrevistamos a MARKUS GROSSKOPF de HELLOWEEN: “Cada quien debe luchar contra sus propios monstruos”


HELLOWEEN lanza hoy Giants and Monsters, su esperado nuevo álbum, consolidando a la banda como un caso excepcional dentro del heavy metal: la reunión de su formación clásica no se quedó en la mera nostalgia, sino que se tradujo en un renacimiento creativo que mantiene la fuerza, la épica y la originalidad de siempre. Tras el lanzamiento de Helloween (2021) y una extensa gira mundial que incluyó dos visitas a Argentina, la banda vuelve con nuevas historias y sonidos, demostrando que su legado sigue vivo y vigente.

En esta entrevista, Markus Grosskopf recorre la historia de HELLOWEEN desde sus comienzos en la escena alemana de los 80, reflexiona sobre los altibajos de la vida profesional y personal, la dinámica con los distintos miembros y los desafíos de equilibrar creatividad y negocio. Además, ofrece detalles sobre la concepción de Giants and Monsters, la interacción entre guitarras y voces, el rol del bajo en la construcción del sonido, así como la elección del arte de tapa y su significado. Una conversación que muestra cómo HELLOWEEN ha logrado trascender generaciones, fusionando su legado con nuevas ideas y confirmando que la banda sigue siendo una fuerza imparable en el metal mundial.

 

Este año celebran 40 años tocando ¿Cómo recordás los comienzos de la banda en la Alemania de los 80?

Fue una etapa increíble. En Hamburgo había bandas como RUNNING WILD  y algunas otras con “Iron” en el nombre que no recuerdo bien (NdeR: se refería a IRON ANGEL). Toda la escena estaba empezando a tomar forma. Nosotros descubríamos la música, y la vida de banda, tocando en bares pequeños, clubes y hasta en casas ocupadas. Era un aprendizaje completo; no solo aprendíamos a tocar, sino también a comportarnos en el escenario y a manejar el equipamiento. En ese entonces no existía la tecnología digital que hay hoy. No había sistemas de radio para las guitarras, todo eran cables enredados y amplificadores gigantes. Incluso para los clubes más pequeños, llevábamos los equipos más grandes posibles solo para mostrar que los teníamos (risas). Fue una verdadera escuela para cualquier músico que quisiera sobrevivir en la escena. Todo era cuestión de improvisar. Había que moverse con cuidado entre cables y amplificadores, porque que a veces se formaban grandes nudos en el escenario. Aprendimos disciplina y respeto por el espacio de cada uno en el escenario. Esa experiencia nos preparó para cualquier situación que viniera después.

Comparando esos tiempos con la escena actual, ¿qué diferencias notas con las nuevas bandas que  ingresan al mundo del metal?

Hoy todo es más fácil técnicamente. Se usan sistemas digitales, monitores internos y pantallas que facilitan tocar en vivo. Pero lo esencial no ha cambiado; las nuevas bandas deben salir, encontrarse a sí mismas y cometer errores. Esa es la única manera de aprender y crecer. Nosotros tuvimos que aprender todo “a prueba y error”, y esa sigue siendo la verdadera escuela.

El éxito de los álbumes Keeper of the Seven Keys llevó a la banda a la fama, pero después sufrieron una fuerte crisis: la salida de Kai Hansen, conflictos con el sello y la tragedia de Ingo (Ndr: Schwichtenberg baterista original del grupo que se suicidó en 1995 cuando ya había dejado la banda)  ¿Cómo viviste ese contraste entre gloria y caos?

Fue un proceso muy intenso. La música no era solo un trabajo; era nuestra vida. Todo lo que pasaba en la banda afectaba también nuestra vida personal. De repente, nos encontramos liderando un gran negocio musical sin experiencia previa: decisiones sobre contratos, dinero y gestión diaria. Todo era nuevo y muchas cosas las hacíamos por primera vez. Cometimos errores, claro, pero era parte del aprendizaje. Sobrevivimos a todo, aunque sé que muchos otros no lo habrían logrado.

¿Cómo fue adaptarse de ser una banda de garaje a manejar una verdadera “empresa musical?

Fue un gran choque. Teníamos éxito, pero también debíamos enfrentarnos a la parte comercial, algo que nunca habíamos aprendido. La música es nuestra pasión, pero administrar una banda que vende muchos discos implica asumir responsabilidades que no imaginábamos: finanzas, contratos, problemas legales. Aprendimos sobre la marcha y, aunque cometimos errores, esa experiencia nos hizo más fuertes y conscientes de lo que significa ser músicos y empresarios al mismo tiempo. Todo lo que hacíamos estaba ligado a la banda. La música era nuestra vida privada y profesional al mismo tiempo. Cada decisión, cada concierto, cada gira tenía repercusiones en nuestra vida personal. Todo fue muy profundo, porque estábamos construyendo algo desde cero y cada experiencia nos marcaba. Aprender a manejar esos desafíos fue como aprender a vivir una vida paralela, donde la música lo es todo.

Durante los años en que Michael Kiske y Kai Hansen no formaban parte de HELLOWEEN, ¿cómo era la relación personal con ellos?

Fue buena. Veía a Kai de vez en cuando, no muy seguido, pero siempre mantuvimos la relación clara. Con Michael Kiske también nos encontrábamos esporádicamente, sin problemas, todo bien. Pero llegó un momento en que tuvimos que tomar decisiones: decidimos no seguir trabajando con él, así que lo despedimos. Él tenía que aprender a vivir sin nosotros, a tomar un camino totalmente diferente con su música, su forma de pensar y su estilo de vida. Creo que aprendió mucho y pudo definir qué quería hacer con su vida. Nosotros simplemente seguimos adelante; la vida continúa, pase lo que pase. Uno no puede rendirse; cuando empezás con la música y alcanzás éxito, nunca la dejás completamente. Pasamos  momentos muy difíciles, cuando los recintos no se llenaban, pero también sobrevivimos a eso. Reemprendimos el camino, buscamos un nuevo cantante, comenzamos todo desde cero y lo intentamos de nuevo. Fue una cuestión de decisiones: cuando todo va mal, hay que sentarse, pensar y encontrar la manera de levantarse. Decidimos seguir adelante y hacerlo mejor que antes. Es como nunca rendirse: probar, volver a probar. No hay reglas para esto, solo seguir intentando mejorar, y funcionó.

Hablando del nuevo disco, Giants and Monsters, el concepto suena potente y épico. ¿Qué representa para ustedes y cómo surgió? ¿Es una metáfora de la banda misma?

No hubo un concepto definido desde el inicio. Las canciones surgieron de manera individual, y hay temas muy distintos entre sí. Participaron muchos compositores, pero aún así suena como HELLOWEEN. Esa variedad es lo que me gusta: canciones como Universe o Tokyo son muy diferentes, pero mantienen la esencia de la banda. Incluso los singles funcionan como buenas canciones de rock, porque una buena canción de rock siempre funciona, y todo se siente cohesivo. Es un disco muy sólido, con diversidad y profundidad, gracias a los distintos compositores.

 

Una vez mas eligieron a Eliran Kantor para el arte de tapa. ¿Qué encontraron en él que encaja tan bien y cuál es la historia detrás de esta portada?

Tiene una profundidad que encaja con la música: es intenso, atrapante, y su arte transmite esa misma intensidad. La portada refleja la idea de la lucha contra los monstruos: hay monstruos externos y también internos, que cada uno debe enfrentar. Ganar esas batallas personales hace que, con el tiempo, uno se convierta en un “gigante”. Esa es la idea central: cada lucha nos hace más fuertes. Por eso necesitábamos un impacto profundo en la portada que lo mostrara. Los artistas anteriores también hicieron portadas poderosas, y este trabajo sigue esa línea. Este en particular creo que está pintado a mano con pinceles. Quizás usa aerógrafo en algunas partes, pero en general tiene un estilo que parece una ilustración antigua. Encaja perfectamente con HELLOWEEN y con la tradición de la banda: viejas portadas, fotos antiguas, ese espíritu de tantos años de historia.

Tu papel como bajista siempre ha sido clave en el sonido de la banda ¿Cómo abordaste las líneas de bajo en este álbum, especialmente interactuando con tres guitarras y dos voces?

Se trató de encontrar el equilibrio. Las canciones venían con ideas muy buenas de los distintos compositores. A veces solo cambiaba dos o tres notas aquí y allá, pero muchas veces el material original ya funcionaba perfectamente, así que solo agregaba un poco de mi estilo. El ritmo de la batería siempre me inspiró nuevas líneas de bajo. La batería es como el corazón, y el bajo es, en mi opinión, uno de los polos de toda la estructura. Con el corazón y los polos, creás una base sólida sobre la cual las guitarras pueden construir. Hay que encontrar un balance: no hacer demasiado, pero tampoco quedarse corto. La idea es crear algo interesante sin interferir con la canción ni con las voces. Trabajar en este disco fue un proceso creativo muy gratificante. La batería guía mucho, así que mi bajo se ajusta rítmicamente a ella, y me permitió tener libertad creativa sin comprometer la estructura ni los vocales. No siempre es fácil, pero trabajar de esa manera genera un resultado muy sólido y creativo.

¿La opinión de Dennis Ward como productor aporta a que termines aún más conforme con tu aporte?

Si, fue clave para lograr el sonido del bajo en este álbum porque aporta el toque final: un poco de agresividad, distorsión y ataque que complementa mi forma de tocar. Además, es bajista él mismo, incluso mejor que yo, y eso permite intercambiar ideas directamente. A veces me sugiere cambiar una nota y la canción mejora inmediatamente; trabajar con él es muy enriquecedor.

Desde Pumpkins United, la banda vive un momento muy especial. ¿Qué enseñanzas de esa convivencia se reflejan en este nuevo álbum y qué tan complejo fue trabajar de nuevo juntos?

Incorporar a dos personas más con personalidades fuertes como Kay y Michael  implica discutir mucho sobre las canciones y otros temas. No hace que todo sea más fácil, pero aporta decisiones fuertes y, a veces, acertadas. Es un proceso intenso, con opiniones muy distintas, pero al final da resultados excelentes: se logra un sonido potente y una dinámica creativa muy rica.

Respecto a la forma de trabajar, ¿cómo ha cambiado el proceso desde los años 80 hasta hoy?

Antes todos vivíamos en Hamburgo y podíamos juntarnos en el mismo estudio a ensayar y escribir canciones. Hoy la banda está dispersa por Europa, por lo que usamos servidores digitales: cada uno trabaja desde su casa, sube ideas y archivos, y todos podemos colaborar a distancia. Esto nos permite pasar tiempo con nuestras familias y mantener un equilibrio entre trabajo y vida personal. Es un método moderno que funciona muy bien y nos da libertad para trabajar cómodamente.

¿Es muy difícil coordinar el trabajo de Michael, Kai y Sascha teniendo en cuenta que no pueden estar juntos todo el tiempo en todas las canciones?

Sascha y los otros guitarristas tienen estilos muy distintos, así que ensayamos mucho para armonizar y que todo encaje. Cuando alguien propone una idea, el otro puede adaptarla a su estilo, y todo crece de manera colaborativa. Fuera de los ensayos, nos llevamos bien: comemos juntos, salimos, compartimos tiempo libre. Incluso con diferentes hábitos, logramos conectar y trabajar como un equipo normal. La clave es mantener la normalidad y no perder la perspectiva de que seguimos siendo personas comunes, no ídolos inalcanzables.

Hablando de guitarristas, recientemente hubo algunas declaraciones de Roland Grapow (Ndr. ex guitarrista del grupo) y de la banda aclarando versiones sobre por qué no es parte de esta etapa. ¿Cómo es tu relación personal con él hoy, y qué lugar crees que ocupa en la historia de la banda?

Bueno, hablé con él y tenía algunos asuntos que quería comentarme, y hablamos de manera bastante tranquila. Nos llevamos bien… ya no hay malos sentimientos. Está todo bien, él ve las cosas como son y no se va a enojar, no está enojado, está tranquilo, y puedes hablar con él, no tengo problema para hacerlo. No hablamos, claro, como cada semana, pero la última vez que me llamó tenía un problema con esto o aquello, lo hablamos y espero que ya esté solucionado. Eso significa que podemos hablar sin ningún problema.

¿Alguna vez pensaron en traerlo de vuelta, o él lo pidió?

No, creo que él ya lo superó, y tener cuatro guitarristas sería demasiado. La reunión fue sobre la alineación de Keeper, y él no formaba parte desde el inicio de esa formación, llegó un poco después. Así que las cosas son como son. Él no era realmente parte de esa alineación de Keeper. Eso es lo que pensamos y por eso decidimos no incluirlo en su momento.

Volviendo al álbum, canciones como Universe y Majestic recuerdan a Skyfall del disco anterior, en la forma en que construyen la historia y la atmósfera. ¿Fue intencional o coincidencia creativa?

No fue planeado. Universe fue escrita por Sasha y no buscábamos hacer una segunda parte de Skyfall. Pero de alguna manera, Universe tiene similitudes: se trata de almas que vuelan en el cielo buscando algo, como una especie de continuidad poética, aunque no fue premeditada. En este momento diría que Universe es mi canción favorita, aunque cada vez que escucho el disco, me impresiona otra canción. Creo que esta explotará en los shows.

¿Hay planes de venir a Sudamérica pronto?

Sí, primero vamos a la gira europea que comienza en un mes, luego un descanso por Navidad y Año Nuevo, después Asia y festivales en Europa. Más adelante habrá giras por Sudamérica y Norteamérica. Sin dudas vamos a estar allí.

Recientemente falleció Ozzy Osbourne. ¿Qué significó para vos como músico?

Fue una gran influencia. Lo conocí con Blizzard of Ozz, luego me hice fan de BLACK SABBATH. Siempre estuve impresionado por la calidad de su trabajo y de los músicos que lo acompañaron. Aunque no lo conocí personalmente, su música siempre estuvo conmigo y deja un vacío que nadie puede llenar.

Hoy HELLOWEEN está al nivel de grandes bandas como JUDAS PRIEST o IRON MAIDEN ¿Cómo te hace sentir eso?

Es genial. Recuerdo ver a Ozzy por primera vez en Hamburgo, con 1.200 personas. También vi a DEF LEPPARD de soporte y pensar “un día yo estaré ahí”. Hoy estamos ahí, y la sensación sigue siendo la misma.

Entrevista: Estanislao Aimar
Traducción: Carlos Noro
Fotos: Franz Schepers & Mathias Bothor
Agradecemos a Reigning Phoenix Music por la gestión de la entrevista.
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