AMORPHIS en vivo en Argentina: “Nuevas canciones sobre terreno peligrosamente conocido”


Fecha: Martes 13 de octubre de 2026 | Hora: 19 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Teatrito | Bandas invitadas: CROWN y KALEVA

En su cuarta visita a la Argentina, AMORPHIS tuvo como eje la presentación de Borderland, aunque el recital no quedó planteado como un concierto dedicado exclusivamente al nuevo disco ni como una retrospectiva ordenada por etapas. La banda parece sostener una forma de trabajar el repertorio que no necesita anunciarse como método: en cada gira incorpora cuatro o cinco canciones recientes y, cuando llega el siguiente ciclo, deja que sobrevivan apenas una o dos. Esa rotación mantiene al grupo ligado a su presente inmediato; cada álbum ocupa su espacio durante una temporada y luego se integra a una historia que sigue en movimiento. Esta vez, cinco composiciones de Borderland se integraron a un set de dieciséis canciones: lo suficiente para presentar la nueva etapa sin convertirla en el único centro de la noche.

La apertura con Bones y Light and Shadow planteó dos de las direcciones que conviven en el álbum: el peso, el pulso firme con los colores orientales de la primera frente al desarrollo más abierto y melódico de la segunda. En esa combinación se reconoce la identidad contemporánea de AMORPHIS, construida sobre el contraste entre la voz gutural y la limpia de Tomi Joutsen, pero también sobre el diálogo entre las guitarras de Esa Holopainen y Tomi Koivusaari, que alternan densidad y melodía dentro de un mismo paisaje. Joutsen se mantuvo enfocado en cantar y hacer de sus distintos registros el principal recurso expresivo de su presencia escénica. Holopainen y Koivusaari sostuvieron el entramado de guitarras, aunque la mezcla no siempre permitió distinguir con nitidez el detalle de sus líneas.

La variedad de épocas que ofrecía el repertorio tampoco alcanzó, por sí sola, para garantizar un recorrido de contrastes permanentes. Death of a King recuperó una cadencia pesada, con un motivo de color oriental y una marcada insistencia rítmica; algunos de esos rasgos la acercaron a Bones, que había sonado al comienzo. No son canciones intercambiables ni responden exactamente a la misma estructura, pero comparten una combinación de riff contundente, pulso marcado y melodía reconocible que, al reaparecer a lo largo del concierto, fue generando una sensación de familiaridad que por momentos rozó la monotonía. La batería de Jan Rechberger sostuvo con firmeza esos avances y cambios de clima, mientras el bajo del muy activo Pyry Hanski (reemplazante durante este año de Olli-Pekka Laine) dio espesor a la base y conectó el peso de las guitarras con la melodía. La solidez de ambos mantuvo cohesionada a la banda, aunque la repetición de algunos recursos hizo que ciertas canciones se sintieran menos diferenciadas de lo que su procedencia de distintos discos podía sugerir.

En el costado más atmosférico, The Lantern permitió advertir cuánto dependen las composiciones de AMORPHIS de sus capas instrumentales y de una construcción que no siempre se apoya en la fuerza del riff. Allí, Santeri Kallio quedó especialmente expuesto: sus teclados tuvieron una presencia clara y sus arreglos mostraron calidad y buen gusto para expandir la melodía, insinuar climas y añadir profundidad sin sobrecargar la estructura. Fue el gran beneficiado por el balance sonoro, aunque esa ventaja tuvo un costo para el resto del grupo. Las guitarras de Holopainen y Koivusaari se perdían por momentos, y la mezcla nunca alcanzó la nitidez necesaria para separar las distintas voces instrumentales y permitir que se apreciara la variedad de arreglos que atraviesa las canciones. No faltaban ideas: varios de sus detalles quedaron ocultos en un sonido que favoreció las teclas sin ordenar del todo el conjunto.

Esa configuración también influyó en la impresión general del show: AMORPHIS sonó más progresiva que extrema. Las capas de teclado, los cambios de clima y el desarrollo melódico ocuparon un lugar central, mientras que la aspereza de las guitarras y el peso más directo de los riffs quedaron parcialmente atenuados por la mezcla. La banda se mueve con naturalidad entre ambos polos, pero esa noche prevaleció el costado atmosférico y elaborado. La definición insuficiente impidió que esa riqueza se tradujera por completo en impacto: se percibía que las canciones tenían distintos planos, aunque no siempre era posible seguir cómo dialogaban entre sí. El sonido alcanzaba para reconocer el carácter del grupo, pero no para descifrar todos sus matices.

La relación con el público se mantuvo en una distancia similar. La banda pareció replegada sobre la ejecución, concentrada en los instrumentos y en la continuidad de las canciones; Joutsen estuvo atento principalmente a cantar, con pocas intervenciones habladas entre tema y tema. Esa actitud le dio al concierto un carácter algo frío y dejó el intercambio con la sala en un segundo plano. En ese contexto, Silver Bride y House of Sleep, dos de las canciones más festejadas de la noche, produjeron un contraste evidente. Cuando aparecieron esos clásicos melódicos, la respuesta del público se hizo más visible y el set encontró un punto de conexión más inmediato. Su efecto sugiere que intercalar otros hits en el tramo medio podría levantar la intensidad y quebrar la continuidad de un repertorio donde varias composiciones comparten un mismo tipo de desarrollo.

En este sentido, llama la atención la poca presencia de, por ejemplo, Elegy, un disco de transición clave para la banda y que además cumple 30 años este 2026. Su lugar en el set fue mínimo. My Kantele apareció como outro de Black Winter Day, precedido por una introducción de Magic and Mayhem. El guiño extendió el clásico de Tales from the Thousand Lakes hacia otra zona de la historia del grupo, pero Elegy quedó reducido a un fragmento. No hubo una canción completa del álbum ni sonaron temas emblemáticos como Against Widows o On Rich and Poor. AMORPHIS sigue empecinada en ningunear una obra fundamental de su carrera, y una breve coda no alcanza para saldar esa deuda. Recuperar alguno de esos temas podría abrir una puerta para sumar contraste y levantar la intensidad de los shows, sobre todo en los pasajes donde varias canciones avanzan por caminos cercanos.

La conclusión es la de una banda instalada en una zona de confort que no termina de ser negativa. AMORPHIS domina un lenguaje propio, reconocible y eficaz, y todavía encuentra espacio para incorporar canciones nuevas sin desarmar su identidad. Esa seguridad tiene un costo: algunos recursos se repiten, el repertorio puede perder contraste y la comunicación con el público queda en segundo plano. Pero la solidez de la formación, el cuidado de los arreglos y la respuesta que despertaron Silver Bride y House of Sleep muestran que esa comodidad conserva fuerza y sentido. AMORPHIS conoce bien el territorio que habita y todavía sabe cómo hacerlo sonar; aunque si sigue empecinada en seguir este camino, tal vez se vuelva sinuoso.

Texto: Carlos Noro

Fotos: Estanislao Aimar
Agradecemos a Marcela Scorca de Icarus Music por la acreditación al evento.

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