Entrevistamos a Gene Hoglan de DEATH TO ALL: “Muchas cosas que Chuck escribió hace 30 años, se están cumpliendo hoy”


Lejos de un simple tributo DEATH TO ALL funciona como un espacio de continuidad viva para una de las obras más influyentes del death metal. Al frente del proyecto está Gene Hoglan, baterista clave en la etapa de expansión técnica y conceptual de DEATH, cuya mirada no se limita a la ejecución sino a la preservación del sentido profundo de esa música. Desde su experiencia directa en discos fundamentales como Individual Thought Patterns y Symbolic, Hoglan asume el rol de puente entre la memoria, la interpretación y el presente.

La formación actual refuerza esa idea de recorrido integral: Steve DiGiorgio, bajista en Human y Individual Thought Patterns, aporta la base técnica y expresiva del período más progresivo; Bobby Koelble, guitarrista de Symbolic, encarna el punto de equilibrio entre agresión, melodía e introspección; y Max Phelps, en voz y guitarra, aborda el desafío de recorrer todas las eras del grupo respetando los múltiples registros, enfoques y climas que Chuck Schuldiner desarrolló a lo largo de su obra.

En ese cruce de trayectorias no hay reconstrucción arqueológica ni reproducción mecánica: hay interpretación consciente, conocimiento directo y una decisión clara de representar el catálogo completo de DEATH como un cuerpo artístico en movimiento. DEATH TO ALL no busca congelar un legado, sino hacerlo respirar en el presente, entendiendo que discos como Human, Individual Thought Patterns o Symbolic no solo marcaron una época, sino que siguen dialogando con el mundo actual desde su complejidad musical, lírica y conceptual.

¿Cómo te encuentra este cierre de año?

Es un cierre de año muy positivo, aunque extremadamente intenso. Hubo muchísima actividad en la ruta, con cuatro proyectos girando de manera constante durante todo el año. Eso implica no solo tocar en vivo, sino sostener un ritmo permanente de viajes, escenarios y públicos diferentes. Dentro de ese contexto tan cargado, uno de los grandes hitos fue el lanzamiento del nuevo disco de DARK ANGEL, Extinction Level Event, que tuvo una recepción muy fuerte y su correspondiente gira por Estados Unidos. A eso se sumó una nueva etapa de DEATH TO ALL en ese mismo territorio, algo que siempre resulta especial. En paralelo, el año estuvo muy atravesado por el trabajo con el material de Symbolic y Spiritual Healing, que es justamente el eje de lo que se va a presentar en Latinoamérica durante enero y febrero. Hay un disfrute muy grande al tocar esta música y una sensación clara de que la banda está en un gran momento.

DEATH TO ALL llega a Argentina con foco en Symbolic y Spiritual Healing. Cuando arrancó el proyecto, ¿imaginabas todo lo que iba a crecer con el paso de los años?

En cierto modo, sí. Al principio la idea era muy sencilla y bastante modesta: hacerlo por los fans y ver qué pasaba. No había un plan a largo plazo ni una ambición desmedida; se pensaba, como mucho, en una gira puntual. Era algo novedoso y no se sabía cómo iba a reaccionar la gente. Sin embargo, la respuesta fue tan fuerte que quedó claro que había algo más ahí. Con el tiempo, el proyecto pasó por distintas manos y distintas etapas, pero siempre estuvo la sensación de que, en algún momento, iba a volver a un lugar más natural. Hoy se siente que DEATH TO ALL encontró su identidad definitiva con esta formación.

¿Qué es lo que vuelve tan especial a la formación actual de DEATH TO ALL?

Tiene que ver con una combinación muy particular de músicos que, por distintas razones, nunca habían podido tocar juntos como una unidad real dentro del universo Death. La formación actual reúne a Steve DiGiorgio en bajo, Bobby Koelble en guitarra, Max Phelps en voz y guitarra, y a mí en batería, logrando cubrir distintas etapas clave de la historia de la banda y, al mismo tiempo, funcionar como un bloque sólido en el presente. Hay una hermandad real, construida a lo largo de décadas de trayectoria compartida en distintos contextos. Esa conexión se percibe tanto arriba como abajo del escenario. La base instrumental tiene una química muy fuerte y, en el caso de la voz, el trabajo es especialmente delicado: no se trata solo de interpretar correctamente las canciones, sino de comprender las distintas etapas, matices e intenciones que Chuck fue desarrollando a lo largo de su carrera. Todo eso hace que la banda funcione como un organismo muy cohesionado. La lógica es directa: si el público quiere ver a DEATH TO ALL, nosotros queremos tocar.

Se suele decir que DEATH TO ALL no es una banda tributo en el sentido tradicional. ¿Dónde está el límite entre respetar la visión de Chuck y permitir que la música respire en el presente?

El punto de partida es siempre el mismo: representar la música de Chuck de manera correcta y honesta. Eso implica abarcar todo el catálogo de DEATH, desde el primer disco hasta el último. Para el público es fundamental saber que va a encontrarse con canciones de todas las etapas de la banda, porque eso también refleja la evolución artística de Chuck. A partir de ahí, existe la posibilidad de enfocar algunas giras en períodos específicos, como ya se hizo en otras ocasiones, dedicando noches enteras a determinadas eras. Cuando ese enfoque conecta con el interés del público, se transforma en una experiencia muy especial. Pero la base siempre es el respeto absoluto por la obra completa.

Dentro de ese respeto ¿Hay margen para la interpretación personal o se busca una reproducción exacta?

Siempre hay espacio para la interpretación. Todos los integrantes tocaron con Chuck y todos tuvieron algún grado de participación en cómo esa música cobraba vida. Hoy también se están abordando estilos muy distintos de bateristas que pasaron por DEATH, correspondientes a diferentes momentos de la banda. La intención es respetar esas identidades lo más posible, pero entendiendo que cada músico aporta inevitablemente su personalidad. Cuando tocaba en DEATH, Chuck siempre dejaba claro que no quería copias exactas. Quería que cada músico fuera él mismo. Esa libertad es una de las marcas más fuertes de DEATH y sigue siendo un principio rector en DEATH TO ALL.

El repertorio de esta gira es especialmente exigente. ¿Cómo se sostiene lo físico y lo mental para tocar este material noche tras noche?

El descanso es clave, aunque no siempre sea fácil de conseguir. Los shows suelen durar más de dos horas y, en esta etapa latinoamericana, muchas fechas implican volar el mismo día del concierto. Eso significa tocar de noche, dormir poco, viajar temprano y volver a subir al escenario al día siguiente. Es un ritmo muy demandante. En ese contexto, existe la posibilidad real de que el setlist tenga que ajustarse en algunos momentos. La idea es tocar canciones de todos los discos, pero la logística y el desgaste físico también juegan su papel. Aún así, la banda está en un nivel altísimo, muy ajustada y con una potencia enorme. Mientras se pueda administrar bien la energía entre fechas, cada show tiene todo para ser demoledor.

Más allá de lo técnico, Symbolic es un disco profundamente introspectivo. ¿Se vive distinto tocarlo hoy?

Sin dudas. Las letras de Chuck muestran una evolución muy clara: dejan atrás lo explícito y lo visceral para adentrarse en un terreno mucho más personal y reflexivo. Hay enojo, pero es un enojo real, consciente, no caricaturesco onda “voy a agarrar un chuchillo y cortarte la garganta“. Fue dejando de lado el gore, la sangre y esas cosas tan propias del metal de aquel momento. Además, muchas de esas letras revelan una mirada muy adelantada sobre el mundo. Por ejemplo 1000 Eyes, habla sobre todas las cámaras que empezaron a aparecer en la ciudad; en aquel mmomento era Inglaterra. Recuerdo que Chuck me dijo “En Inglaterra están poniendo cámaras en todos lados“…y ya estaba Electric Eye de JUDAS PRIEST que hablaba de los satélites vigilándonos a todos, pero Chuck lo llevó un paso más allá y pensó en mil ojos por cada ciudad y miranos hoy. Él siempre estaba adelantandose al futuro. Hoy, al tocar esas canciones, resulta inevitable notar cuántas de esas ideas siguen vigentes o incluso se han profundizado con el tiempo. Eso le da a Symbolic un peso emocional especial cuando se interpreta en el presente.

En un contexto dominado por redes sociales, exposición constante y consumo digital, ¿cómo imaginás que Chuck se movería hoy?

Es imposible afirmarlo con certeza, pero la sensación es que probablemente se mantendría bastante al margen de ese universo. Chuck siempre estuvo enfocado en la música: escribir, tocar y crear discos. Las redes pueden convertirse fácilmente en una trampa si se les presta demasiada atención. Cuando DEATH empezó a cambiar su sonido, hubo resistencia por parte de algunos sectores del público, y eso nunca lo detuvo. Chuck seguía su propio camino, escribía lo que necesitaba escribir y no negociaba su visión artística. Esa independencia sigue siendo una referencia muy fuerte.

Cuando trabajabas con Chuck, ¿la batería respondía a una visión cerrada o había espacio real para empujar la música hacia otro lugar?

Había una libertad total. Chuck nunca imponía qué tocar. A veces podía marcar una idea rítmica muy básica, apenas como una guía, pero siempre dejaba en claro que el baterista tenía que aportar su propia voz. En Symbolic hay una enorme cantidad de ideas personales volcadas en la batería, influencias que aparecen sin filtro. Existía un diálogo constante: la posibilidad de preguntar, de ajustar, de confirmar que todo fluyera bien. Ese nivel de confianza hacía que el proceso creativo fuera muy abierto y estimulante.

¿Recordás algún momento concreto en el que una idea tuya haya modificado una canción de forma significativa?

Sí, y ocurrió desde el primer encuentro en persona. Muchos riffs estaban escritos en registros muy agudos y surgió la idea de bajarlos a zonas más graves del mango de la guitarra. Ese simple gesto cambió arreglos completos y abrió nuevas posibilidades sonoras. A Chuck le entusiasmó inmediatamente y esos cambios se incorporaron de forma natural. Al día siguiente ya se estaban tocando esas nuevas versiones en el ensayo.

¿Qué diferencia hay entre preparar un show de DEATH TO ALL y uno de una banda que está creando material nuevo?

En DEATH TO ALL el objetivo es claro: representar la música de DEATH de la mejor manera posible. A veces eso implica tocar, en el lapso de un año, una cantidad de canciones comparable a la que tocó la banda original en su momento. Además, hay un desafío particular: llevar al escenario canciones que DEATH nunca llegó a tocar en vivo. Preparar ese material, darle forma escénica y hacerlo funcionar frente al público exige un nivel de concentración y compromiso muy alto.

Es la segunda visita a Argentina en poco tiempo. ¿Qué esperás del show en Buenos Aires?

La expectativa es vivir una noche de celebración total. Metal, emoción y energía compartida. La idea es que el público se vaya con un recuerdo fuerte, con la sensación de haber vivido algo especial. En giras anteriores muchas personas hablaron de una experiencia “mágica”, y ese es el objetivo: que la música deje una huella profunda.

El público argentino suele ser muy intenso. ¿Esa energía influye en tu forma de tocar?

La entrega tiene que ser total siempre, independientemente del lugar o del tamaño del público. Pero en Latinoamérica la expresividad del público genera una energía muy particular que potencia cada show. Aun así, la regla no cambia: hay que dejar todo en el escenario, sin excepciones.

Para cerrar, ¿ves posible que esta formación escriba música nueva algún día?

Desde lo musical, sería interesante sentarse a escribir algo juntos, porque hay una diversidad de gustos y estilos muy grande. Podría ser una experiencia creativa enriquecedora. Sin embargo, escribir música nueva bajo el nombre DEATH TO ALL no es algo que se haya considerado seriamente. El objetivo principal del proyecto es tocar y celebrar la música de DEATH. Además, es inevitable preguntarse si algo nuevo podría generar el mismo impacto que canciones que ya son fundamentales dentro de la historia del metal. ¿Leprosy? ¿The Philosopher? ¿Symbolic? ¿A Moment of Clarity? ¿Flattening of emotions? ¿Podríamos componer música que la gente prefiera más que lo que hace hoy DEATH TO ALL? No estoy seguro, es una buena pregunta. Nunca hay que descartar nada por completo, pero no es el foco actual.

Entrevista: Luis Gallucci
Foto de portada: Estanislao Aimar (archivo)
Agradecemos a Marcela Scorca de Icarus Music por la gestión de la entrevista.
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