Fecha: Martes 22 de septiembre de 2026 | Hora: 19 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: El Teatrito | Banda invitada: ELNUEVEONCE
El metalcore es un género que ha evolucionado mucho en los últimos años y ha ido ganando terreno dentro de la escena del metal a nivel mundial, alcanzando hoy una relevancia tal que parece haberles ganado la batalla a otros subgéneros que durante años dominaron la escena. Con él, el arribo de nuevas bandas provenientes de distintas partes del mundo hizo que en cada festival de gran porte haya cada vez más intérpretes haciendo presencia y plantando bandera de este estilo.
Los franceses de LANDMVRKS son, en parte, protagonistas del inicio de esta nueva ola y, al mismo tiempo, hoy se encuentran entre sus referentes innegables. Por eso, la expectativa por verlos en su primera visita a nuestro país era inmensa, algo que quedó demostrado con la cantidad de gente que acudió a El Teatrito el 22 de septiembre: si no fue un sold out, estuvo muy cerca de serlo.
La velada daba inicio con ELNUEVEONCE. Y acá hay que poner un freno, porque no podemos simplemente hablar de una banda soporte. Los locales estuvieron el año pasado siendo parte de nada menos que Wacken, el festival más grande del mundo para los metaleros. Si bien no fue en el Main Stage, haber participado de semejante ceremonia los ubica hoy en un lugar privilegiado dentro de la escena local.
Dicho esto, ELNUEVEONCE no era simplemente una banda soporte, sino parte de la noche, de lo que podría haberse definido como una banda invitada. Con un repertorio escueto, dado que el tiempo los corría un poco, supieron llegar al hueso de los presentes. Los coros, demostrando que las letras eran conocidas por el público, fueron creciendo mientras arriba del escenario la actitud fue absoluta y devota a la gente. Se vio una entrega total, mucha química entre sus integrantes y una gran performance, con un sonido prolijo y envolvente y unos riffs violentos y rabiosos.
Supieron aprovechar la oportunidad y su réplica se notó al final del show, con una lluvia de aplausos y comentarios entre la gente acerca de lo bueno que había estado su presentación. Su vocalista, haciendo un espectáculo aparte, demostró no solo que maneja registros imponentes, sino también que el escenario le sienta bien y que el futuro que le depara a él y la banda es prometedor. El próximo 25 de octubre se presentarán en Vorterix para mostrar su nuevo material y, de seguro, muchos de los presentes estarán acompañándolos.
A las 21:30, puntual, las luces se apagaron. No hubo demasiadas vueltas. LANDMVRKS apareció sobre el escenario de El Teatrito y la respuesta fue inmediata: una explosión de sonido acompañada por un público que, desde el primer acorde de Creature, dejó en claro que conocía perfectamente el terreno que estaba pisando. Las voces aparecieron desde el primer instante. No como un acompañamiento tímido, sino como un coro colectivo que atravesó la sala mientras Florent Salfati y el resto de la banda se adueñaban del escenario.
La ovación que siguió al primer tema fue enorme, pero no hubo tiempo para detenerse. Death llegó inmediatamente después y elevó todavía más la intensidad en el ambiente. Todos saltando, manos arriba, gritos y un canto prácticamente unánime acompañando a la banda. La canción fue avanzando hasta desembocar en un final particularmente brutal, de esos que dejan la sensación de que, si bien el recital acaba de empezar, ya parece estar en uno de sus puntos más altos. Y recién iban dos canciones.
Antes de meterse de lleno en el tercer tema, su vocalista tomó el micrófono. Se lo veía genuinamente contento de estar allí. Habló de su primera visita a la Argentina y pidió algo sencillo: que la gente mantuviera esa energía durante toda la noche. No hacía falta pedir demasiado, aunque Blistering fue la respuesta inmediata a su plegaria.
El pogo apareció prácticamente al instante y el campo se convirtió en un torbellino. Gente volando por los aires, cuerpos chocando, saltos y una energía que parecía crecer en lugar de agotarse. Mientras tanto, arriba del escenario, los músicos se mostraban igual de involucrados: buena vibra, movimiento constante y una presencia escénica que nunca necesitó de exageraciones.
Y allí apareció una de las características más interesantes de la banda en vivo. No hay un integrante que parezca necesitar imponerse sobre los demás. Ellos funcionan como un ensamble perfectamente equilibrado. Todos sus integrantes ocupan sus espacios con naturalidad y hacen que guitarras, bajo, batería y voz se complementen de manera precisa. Hay movimiento, pero no competencia; protagonismo, pero sin individualismos. La fuerza está en el conjunto.
Con A line in the dust llegó un nuevo capítulo de la noche, donde los coros volvieron a tomar un papel central. El público se hizo cargo de buena parte de las estrofas y, por momentos, la voz de la sala parecía competir con la del propio Salfati. La conexión ya era absoluta, tanto que el clásico “…Olé, olé, olé” comenzó a recorrer El Teatrito y terminó ensordeciendo a todos.
Enajenado por la euforia que emanaba del público, su cantante pidió que la gente se dividiera en dos, anticipando lo que se esperaba. Sulfur convirtió la pista en una batalla campal. La explosión fue letal. Sin dudas, uno de los puntos más altos de toda la noche, con el público completamente desatado y la banda respondiendo desde arriba con una intensidad feroz.
En medio de esa tormenta, Florent volvió a pedir que lo acompañaran mientras el resto de la banda hacía una breve pausa música.. Y Buenos Aires acato. Por unos instantes, la canción pareció quedar suspendida entre la voz del cantante y la de cientos de personas, en una armonía clara y suave, hasta que el resto de la banda retomó sus instrumentos y retomó la fuerza y el empuje con que venía la noche.
El recital había encontrado su fórmula: LANDMVRKS entregaba energía y la gente la devolvía multiplicada. Say no word mantuvo esa dinámica, mientras Scars sirvió de puente hacia uno de los momentos más particulares con el arribo de Suffocate.
Los músicos abandonaron el escenario y Salfati quedó solo con su guitarra. El escenario se vació, las luces se atenuaron y la intensidad dio paso a un momento mucho más íntimo. El cantante tomó el tiempo necesario para conectar con el publico, mientras ellos acompañaban con palmas y brazos al cielo. Durante unos minutos, la multitud dejó de ser espectadora para convertirse en parte de la canción, aunque la calma duró poco. Cuando los músicos retornaron, el tema volvió a transformarse. Lo que había comenzado como un momento acústico y sentimental, terminó nuevamente en una detonación masiva.
Pasaron La valse du temps y Lost in a wave, donde en este último el vocalista gritó desde sus entrañas: “…¡Hagan ruido!”, con un respuesta ensordecedora. Mucho agite. Muchos saltos. Muchos coros que confluían en un éxtasis completo. Y por si fuera poco, Rainfall dijo presente. La canción encontró nuevamente a una audiencia que parecía saberse cada palabra.
La sensación era la de estar viendo un recital en el que cada tema tenía su propio momento de comunión. Sin grandes discursos. Sin pausas innecesarias. Una canción llevaba naturalmente hacia la siguiente. Tras Blood red, los músicos se retiraron nuevamente para un breve descanso y retornaron con Requiem, que continuó empujando al público hacia el tramo final de la misma manera, siempre dentro de una hoguera. Ya no había prácticamente ningún sector de la sala ajeno al recital. Hasta los bartenders y el personal de seguridad parecían estar prendidos al ritmo de los galos.
Esta vez, uno de los guitarristas tomó el micrófono y se animó a hablar en español. El idioma fue bastante más difícil que el riff, pero el mensaje llegó perfectamente: le gustaba muchísimo Argentina. La ovación fue inmediata. La banda aprovechó entonces para hablar de The darkest place I’ve ever been, el álbum que representa buena parte de su presente. Y cuando comenzaron a aparecer sus acordes, el público volvió a demostrar que ya no estaba simplemente escuchando las canciones: las estaba haciendo propias. Las melodías se coreaban, pero también los riffs, y esa probablemente sea una de las mejores fotografías de lo que estaba sucediendo en El Teatrito.
Con el tema homónimo al disco la noche retomo la senda del delirio y a la locura, mientras los músicos parecían disfrutar cada segundo arriba del escenario y dejaban prepado el terreno para la una última canción. Self-made black hole. Antes de su comienzo, Salfati encendió aún más la llama:
—“…¿Siguen acá? ¿Siguen vivos? ¿Siguen con nosotros?”
Ya no había oportunidad de bajar un cambio. La demencia continuo en ascenso y así la banda descargó los últimos minutos con la misma energía con la que había comenzado.
Quince canciones después de aquel primer golpe de Creature, LANDMVRKS había recorrido prácticamente todos los estados posibles de un recital: potencia, velocidad, pogo, coros, intimidad, explosión, interacción y una conexión cada vez más profunda con el público.
La primera visita de LANDMVRKS no fue simplemente la llegada de una banda que venía a presentar sus canciones. Fue el encuentro entre un grupo que atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera y un público que estaba esperando desde hacía tiempo la oportunidad de demostrarle cuánto conocía y cuánto disfrutaba de su música. El Teatrito fue testigo de algo bastante difícil de conseguir: una banda y un público funcionando durante una noche como si ya se conocieran de toda la vida.
LANDMVRKS no se fue de Argentina pensando que había tocado por primera vez en nuestro país. Se fue sabiendo que había encontrado un lugar donde volver.
Texto: Santiago Izaguirre
Imagen principal: Sebastián Vázquez (cortesía HP Prensa)
Agradecemos a HP Prensa por la acreditación al evento.
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