Fecha: Jueves 15 de octubre de 2026 | Hora: 19 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Uniclub | Banda invitada: PLEIA & MITODIAN
El metal progresivo es un género que, en líneas generales, goza de buena salud en la escena metalera argentina. Son varias las bandas que, ya sea por la fidelidad del público o por lo novedoso de sus propuestas, cuentan con un número interesante de fieles en el suelo local (incluso algunas han elevado significativamente su nivel de convocatoria en los últimos años, como DREAM THEATER u OPETH). Entre todas las bandas que se pueden nombrar, BETWEEN THE BURIED AND ME era la gran pendiente y la que más se hizo esperar, considerando que estuvo a punto de presentarse en marzo de 2020, pero El Año De La Peste truncó los planes apenas una semana antes del cancelado show. Pasaron seis años y dos discos que elevaron la puntería y las ganas de una revancha, por lo que el anuncio del primer desembarco de los virtuosos de Carolina del Norte en Argentina generó no solamente entusiasmo, sino también una concurrencia más que satisfactoria traducida en un Uniclub que, a ojo, se veía ocupado en un ochenta por ciento. Nada mal tratándose de mitad de semana y en plena temporada de avalancha de recitales.
La apertura de la noche estuvo a cargo de dos grupos locales que resultaron una decisión acertada para ir templando el paladar de los que se acercaron más temprano. En primer lugar, el escenario fue ocupado por PLEIA, trío que en poco más de media hora interpretó un set que combinó virtuosismo instrumental con pasajes psicodélicos y una marcada inclinación por la melodía y las texturas. Canciones como Antares, Enolas y Tara se midieron con un público que acompañó la propuesta y prestó atención a un proyecto con peso y originalidad destacados. Diferente fue la experiencia del segundo acto de apertura a cargo de MITODIAN, quienes a nivel sonoro podría decirse que comparten más similitudes con BTBAM que sus antecesores, pero cuya performance estuvo más marcada por los guiños humorísticos a la cultura popular y por una duración llamativamente breve (alrededor de unos veinte minutos en escena), motivo por el cual la propuesta no terminó de cuajar entre el público, dejando una sensación de extrañeza en el aire, pero aumentando las expectativas para que finalmente el debut de la banda anfitriona pasase de ser un sueño a una realidad.
Si el mundo fuese un lugar justo, la primera actuación de BETWEEN THE BURIED AND ME en Argentina hubiese sido perfecta de comienzo a fin, una vorágine de notas y destreza instrumental de esas que quedan en la memoria de unos privilegiados. Pero el mundo no es un lugar justo y eso quedó reafirmado en el momento que el quinteto apareció en un escenario prolijamente iluminado de azul y comenzaron a sonar las primeras notas de Mirador Uncoil… para cortarse en seco de repente. Apenas el vocalista Tommy Rogers tomó el micrófono y soltó sus primeros guturales, un sonido que sin dudas significaba un inconveniente técnico aguó la apertura de la fiesta y dejó a todos con una sensación incómoda e incrédula, algo lógico al tratarse del comienzo inmediato del set. La aparición veloz de algunos técnicos con cables en mano debió amenizar la situación y, si el mundo fuese un lugar justo, solucionar el desperfecto eléctrico. Pero como el mundo no es un lugar justo, el problema persistía y eso se tradujo en las caras de malestar que los músicos no podían ocultar: tanto el vocalista como el bajista Dan Briggs intercambiaban miradas de frustración fugaces; ni hablar de Blake Richardson, quien visiblemente fastidioso se sentó al costado de su batería con los brazos cruzados como si de un niño a quien acababan de retar se tratase. Solamente el guitarrista Paul Waggoner parecía optimista, o al menos eso dejaba intuir su sonrisa no tan incómoda, mientras reía de algunos de los comentarios que el público, paciente pero demandante de una solución, le gritaba. Con el reloj corriendo y la espalda de Rogers haciéndole frente al público, el inconveniente ya rozaba los diez minutos, tiempo promedio de cualquier canción del repertorio. Afortunadamente, luego de algunos intentos fallidos más y de algún comentario temeroso rondando por ahí, alguien dijo el OK y la banda volvió a poner primera. Luego de que Rogers diga “Intentémoslo de nuevo”, retomaron el asunto donde había quedado, con una nueva oportunidad para Mirador Uncoil, que se trata más bien de una introducción para dar lugar a la primera canción formalmente hablando: Psicomanteum. Con un sonido no tan nítido y muy alto (además del miedo tácito de que algo vuelva a fallar), la canción transcurrió con sus interminables cambios de ritmo, secciones donde el estilo se vuelve apenas una etiqueta y una descomunal muestra de virtuosismo, con los solos de Waggoner y del nuevo guitarrista sumado para las giras desde el año pasado, un jovencísimo Tristan Autman, como puntos altos de la canción. Sólido en su interpretación y con un perfil bajo, Autman se sumó a la banda en 2024 justo antes de la edición de The Blue Nowhere (el disco a presentar en esta gira) y como reemplazo de Dustie Waring, quien formó parte de la banda durante casi veinte años y fue despedido en medio de un escándalo con denuncias de por medio. A su lado izquierdo, la poblada batería de Blake Richardson sufría una catarata de golpes precisos como reloj y que sostienen el caos que la banda, ya segura luego de superar los inconvenientes iniciales, maneja a su gusto.
Tremenda apertura podría dejar exhausto a cualquiera, pero en BETWEEN THE BURIED AND ME la exigencia y el vértigo son monedas corrientes y de inmediato Fossil Genera – A Feed From Cloud Mountain (del recomendable The Great Misdirect) deja lucir la garganta de Rogers, además de su destreza con el teclado, instrumento que comparte también con Briggs, dueño de una expresión casi zen y cultor de una imagen de músico de conservatorio, absolutamente dedicado a su instrumento, del cual no corre la vista; algo que contrasta con la buena onda y la sonrisa eterna de Waggoner y la inquieta figura de Rogers, quien revolea el cable de su micrófono mientras pasa de su voz melódica y limpia a los berreos death que la canción requiere. El público cumple con la exigencia titánica de seguir acertadamente con puños en alto y coros los interminables cambios de tiempo, solos y breakdowns, muestra de la dedicación que la banda (y el género) logran cultivar entre los fans más dedicados. Toda esta demostración de amor quedó clara en Condemned to the Gallows, la canción elegida para representar a Automata I (2018) y la primera que logra despertar verdaderamente la pasión y hacer caer en cuenta de que BETWEEN THE BURIED AND ME están ahí, tocando con una técnica infrahumana a pocos metros. El sonido, que nunca fue perfecto, pero sí permitía apreciar matices, logró acomodarse un poco más durante The Coma Machine algo que significó una suerte, ya que se trata de una de las canciones más melódicas del repertorio y un momento donde la voz limpia de Rogers maneja los altos y bajos. Quizá el tema con el estribillo más accesible de la historia de BTBAM es recibido como un pequeño clásico y permite a los músicos una interpretación un tanto más “relajada” que los monstruos prog-death que abrieron la primera media hora de show.
Con apenas cinco canciones interpretadas y promediando la hora de show, la inclusión de dos temas seguidos de The Blue Nowhere (God Terror y Absent Thereafter) atenta un poco contra la fluidez de la noche, no por tratarse de canciones flojas (para nada lo son), sino porque la espera tan dilatada para vivir esta experiencia parece justificar el pedido de algún clásico, si existe tal cosa en el catálogo de BTBAM, o de algún tema de Colors (el favorito indiscutido), como se escuchó por ahí. Tal vez hacer cuatro canciones del último álbum, dos de ellas de más de diez minutos, fue una pastilla difícil de tragar para el fan promedio que repasa mentalmente el catálogo jugoso que una banda como esta posee. De todas formas, la energía nunca decae por completo y la ejecución de los músicos logra que haya disfrute asegurado, se toque la canción que se toque. La técnica de los cinco es indiscutida y finalmente se pudo comprobar que funciona tanto en estudio como en vivo: aquello que en el disco suena pirotécnico y salvaje suena igual sobre las tablas, pero con más potencia y prolijidad, destacando especialmente el trabajo en los parches de Richardson y la guitarra de Waggoner. La experiencia hace pensar que en una banda como BETWEEN THE BURIED AND ME la ética profesional contempla todos los frentes y no deja asunto sin perfeccionar, dando cuenta de que definitivamente son una banda para ver en vivo. En cuanto a lo anecdótico, la única interacción con el público se dio de parte de Waggoner, quien preguntó qué significaba lo que el público cantaba (el famoso “olé, olé, olé, olá”) y que le tiró flores a Messi y a la Selección.
Luego de que haya que cambiar el parche del redoblante a la batería de Richardson, llega el momento de interpretar la que seguramente sea la primera gran canción del universo BTBAM y, a juzgar por el recibimiento que generó, un favorito del fan: Selkies: The Endless Obsession sonó con la altura de un clásico del progresivo contemporáneo y encendió algo que se dejó ver por primera vez en la noche, tal vez el recibimiento unánime, la referencia a un disco clave como Alaska (2005) o vaya uno a saber qué, pero la canción fue celebrada por los presentes como ninguna otra en lo que iba de la noche. Luego fue el turno de la también muy bien recibida versión de The Future Is Behind Us y sus climas casi poperos por momentos, donde los teclados dominan la canción y Dan Briggs reparte sus brazos entre su bajo y las teclas. Aunque claro, faltaba algo que nadie ignoraba y era que se le haga justicia a Colors, el mejor y más importante álbum de BTBAM. Apenas perceptible en su comienzo por una leve saturación, Sun of Nothing puso la frutilla en el postre y durante once minutos todo fue caos, pogo (el primero realmente significativo de la noche) y frenesí por estar presenciando un capítulo de una obra maestra moderna del género. Ya sea en los pasajes más brutales como en sus momentos de calma y melodía, la sensación era que la canción justificó la entrada de cada uno de los presentes.
Podría haber terminado todo ahí y hubiese estado más que bien, pero luego de unos minutos fuera del escenario la banda volvió a escena y claro, un bis en el universo de BTBAM puede significar veinte minutos más de show y así fue: Silent Flight Parliament y sus quince minutos de montaña rusa progresiva dieron más tela para cortar. El final definitivo vino con Goodbye to Everything Reprise y así saldaron la deuda correspondiente con otro punto alto de su discografía, con ambas canciones del monumental Parallax II: Future Sequence (2014). Sin necesidad de mucho más y con la fortuna de no haber tenido que recortar el set luego del incidente inicial, BETWEEN THE BURIED AND ME finalmente puso su firma en el suelo argentino y se retiró del escenario. Superados los temores del inicio y con un sonido que progresivamente fue subiendo puntos, la noche los declaró ganadores y con el público exigente que supieron cosechar en su bolsillo. Ahora resta creerles su promesa de una próxima vuelta, esta vez sin fallas técnicas y con un repertorio que abarque un poco más de su maravillosa historia.
Texto: Franco Felice
Agradecemos a Noiseground por la acreditación al evento.
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