Formada en Buenos Aires en 2011, MI ÚLTIMA SOLUCIÓN se convirtió en uno de los nombres representativos de una generación de bandas argentinas que encontraron en el hardcore melódico, el metalcore y el pop punk un lenguaje para expresar las inquietudes, contradicciones y emociones de una juventud atravesada por los cambios de época.
Desde sus comienzos, el grupo desarrolló una propuesta en la que las guitarras contundentes, los cambios de intensidad, las voces desgarradas y los estribillos de fuerte impronta melódica conviven con una sensibilidad que también recupera elementos del rock alternativo y del emo. Con En cada caída (2012), Falsos monumentos (2015) y Reflejos de uno mismo (2024), la banda construyó una discografía que permite reconocer tanto su evolución compositiva como una identidad artística vinculada con la expresión emocional, la amistad, la perseverancia y la necesidad de encontrar un espacio de pertenencia. Su trayectoria tampoco estuvo exenta de interrupciones, cambios y reencuentros, situaciones que terminaron formando parte de una historia construida tanto dentro como fuera de los escenarios.
Con una relación especialmente cercana con sus seguidores y presentaciones en espacios como Teatro Vorterix, Uniclub y The Roxy Live, MI ÚLTIMA SOLUCIÓN logró consolidar un público que acompañó sus distintas etapas, incluso durante los períodos de menor actividad. Su regreso discográfico permitió ampliar el alcance de una propuesta que nunca se sintió completamente cómoda dentro de las fronteras de un único género, mientras que la convivencia de distintas generaciones entre sus seguidores confirma la vigencia de un repertorio que mantiene su capacidad de identificación. En una escena argentina donde las expresiones más pesadas conviven cada vez más naturalmente con otros lenguajes musicales, el recorrido de MI ÚLTIMA SOLUCIÓN permite observar cómo una banda puede crecer, reformular su sonido y sostener una personalidad reconocible sin renunciar a sus raíces. Esa trayectoria, construida entre la intensidad de los escenarios y una permanente apertura hacia otros sonidos, encuentra hoy en su bajista, Axel Millar, a uno de sus protagonistas.
Al momento de editar Falsos Monumentos, el grupo hablaba de un salto compositivo respecto de En Cada Caída. Con una década de distancia, ¿ese disco representa la consolidación de una identidad o fue apenas una estación más dentro de una búsqueda que continúa?
No, de hecho, en Reflejos de uno mismo seguimos buscando esa identidad y dimos un nuevo salto compositivo. Es un disco menos gritado, más pop y con una producción más moderna. Creemos que cada álbum es una fiel representación del momento que atraviesa la banda. Incluso ahora, con las nuevas canciones que están naciendo, sentimos que el gen MUS está presente en cada obra.
En el álbum conviven la contundencia de Vendetta y Del Viento con los distintos matices de Ruinas y El Fuego Dentro Nuestro. ¿Había una intención de ampliar los límites de la propuesta y mostrar que la banda podía moverse entre la agresividad y la melodía?
Sí, teníamos ganas de dejar bien en claro todo lo que podía abarcar MI ÚLTIMA SOLUCIÓN, desde lo más melódico hasta lo más pesado. Hay un detalle que no muchos conocen: El Fuego Dentro Nuestro es la única canción compuesta íntegramente por Lucho y Taiel, ¡incluso la letra! Era una idea que les había quedado pendiente y que finalmente pudieron desarrollar en ese disco.
Interpretar un disco completo también obliga a reencontrarse con canciones que fueron cambiando de lugar dentro del repertorio. ¿Qué tema les despertó una sensación diferente al volver a trabajarlo para este show?
Volver a tocar Perdidos con toda la banda, después de tantos shows interpretándola en formato acústico, fue algo que nos gustó mucho. La canción tiene una potencia emocional que le permite funcionar en ambos formatos y sentimos que ya era hora de recuperar su versión original.
Hay un vínculo particularmente interesante entre los dos discos: el título Reflejos de Uno Mismo proviene de una frase de Sur, incluida en Falsos Monumentos. ¿Qué representa esa canción para que una imagen nacida en aquella etapa terminara definiendo una obra posterior?
Es una canción hermosa que habla de la conexión con el barrio, con los amigos y con todo aquello que te convierte en quien sos. Son cosas que te van llevando de la mano hacia adelante y, de alguna manera, el disco también representa todo eso que nos constituye.
En Reflejos de uno mismo buscaron no repetir los recursos que ya les habían dado resultados. Ahora que regresan al sonido de Falsos Monumentos, ¿qué elementos de aquella etapa siguen siendo útiles y cuáles sienten que necesitaban dejar atrás?
Las diferencias entre Falsos Monumentos y Reflejos de Uno Mismo fueron fundamentales para lo que se está gestando actualmente. Hay cosas que nos gustaron mucho, otras que no tanto, y de toda esa experiencia están surgiendo las nuevas canciones.
Pocos días antes de celebrar el aniversario, van a compartir escenario con THE RASMUS. ¿Cómo encaran la posibilidad de tocar ante un público distinto del que sigue habitualmente al hardcore y al metalcore, especialmente con una propuesta que nunca se limitó a esos géneros?
Tocar para gente nueva, que no está ahí específicamente para ver a MI ÚLTIMA SOLUCIÓN, representa un lindo desafío y una gran oportunidad para seguir creciendo. Nosotros tampoco somos cien por ciento hardcore, metalcore ni ninguna otra cosa. Coqueteamos con esos géneros, con el pop punk, el rock y el pop. Eso es un arma de doble filo porque, así como hay gente a la que no le gusta la mezcla de estilos, también nos permite llegar a un espectro de público mucho más amplio.

THE RASMUS desarrolló un lenguaje en el que pueden convivir oscuridad, melodía y una llegada masiva. Sin equiparar las trayectorias, ¿reconocen alguna afinidad en esa forma de construir canciones sin renunciar a los contrastes?
Definitivamente, sí. Cada parte de una canción, o incluso cada canción completa, nos va pidiendo expresarse de una manera determinada, y nosotros escuchamos esa voluntad.
En noviembre confluyen dos situaciones muy diferentes: abrir para una banda internacional y volver sobre un disco propio que cumple diez años. ¿Es una coincidencia de agenda o sienten que esas fechas condensan dos dimensiones importantes del presente de MI ÚLTIMA SOLUCIÓN?
Un poco de ambas cosas. Realmente nos sorprendió y alegró mucho que la banda nos seleccionara para abrir su show. La canción que les enviamos para que nos consideraran fue El fin de mi calma. Eso también demuestra lo importante que sigue siendo ese tema y el lugar que ocupa Falsos monumentos dentro de nuestra historia.
Desde los primeros años de la banda, la escena pesada argentina cambió y las fronteras entre géneros parecen haberse vuelto más permeables. ¿Qué perciben en las nuevas generaciones que llegan a sus recitales y cómo conviven con el público que los sigue desde Falsos Monumentos?
Es muy loco, pero venimos observando que cada vez hay gente más joven en los recitales, chicos que nos escuchan por primera vez ahí mismo. Es posible que, cuando salió Falsos monumentos, quienes se acercaban a la banda fueran un poco más grandes. También creemos que hoy el público está más acostumbrado a escuchar grupos que no pertenecen exclusivamente al hardcore, al metal o a un único género. Eso hace que resulte más fácil acercarse a nuestra música.
El concierto en Groove invita a mirar hacia atrás, pero ustedes también están trabajando en nuevas canciones. ¿Esta celebración funciona como un cierre de etapa o puede dar pistas sobre el futuro de MI ÚLTIMA SOLUCIÓN?
Creo que van a tener que venir al show para descubrirlo. ¡Nos vemos en Groove!
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