HALESTORM en vivo en Argentina: “El peso de lo accesible y el rock como territorio común”


Fecha: Domingo 29 de marzo, 2026 | Hora: 20 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Teatro Gran Rivadavia  | Bandas invitadas: –

Formados a fines de los 90 en Estados Unidos, HALESTORM se ha consolidado como uno de los nombres más sólidos dentro de ese hard rock contemporáneo que dialoga de forma permanente con el heavy metal sin terminar de pertenecerle. Liderados por Lzzy Hale, y con una trayectoria que ya incluye tres visitas a la Argentina, el grupo se mueve en una zona compartida con bandas como ALTER BRIDGE o NICKELBACK con propuestas de alto impacto sonoro, fuerte impronta melódica y una lógica claramente orientada a la masividad.

Lejos de encasillarse en un subgénero específico, HALESTORM construyó su identidad desde la flexibilidad: no se define por subgénero, sino por cómo usa el lenguaje del rock para absorber distintas intensidades (hard, metal, alternativo) sin dejar de ser accesible. En ese equilibrio —entre el peso y la inmediatez— se explica gran parte de su alcance y, también, su conexión con un público que transita con naturalidad entre el rock más clásico y las vertientes más modernas del género.

Desde el arranque, HALESTORM dejó en claro cuál iba a ser su juego: intensidad sin rodeos y conexión inmediata. La entrada fue directa, emocional, con Lzzy Hale desplegando un recurso técnico clave —alejar el micrófono de la boca en cada nota alta— que no solo evidenció control, sino también un caudal vocal imponente. En el pasaje más calmo del primer tema, I Get Off, arrodillada al borde del escenario, terminó de sellar esa primera impresión: entrega total y cercanía con el público desde el primer minuto.

Su voz, áspera y con un dejo bluesero constante, remitió por momentos, inevitablemente, a JANIS JOPLIN, aunque sin caer en la imitación. Hay algo en su forma de desgarrar las frases que conecta más con la tradición del rock/blues clásico que con el hard rock moderno en el que la banda suele ser encasillada pero que le sirve para generar intensidad y lo sabe.

El primer golpe fuerte llegó temprano con Love Bites (So Do I), precedido por un grito que literalmente atravesó el teatro. A partir de ahí, el show se apoyó en una combinación muy efectiva: riffs contundentes, estructuras accesibles y una ejecución extremadamente sólida por parte de todos los integrantes.

En Watch Out! apareció uno de los riffs más filosos de la noche, con un desarrollo cromático arrasador, mientras Arejay Hale empezaba a ganar protagonismo con una pegada potente y precisa, sumando además su costado más teatral con juegos constantes de baquetas. Black Vultures mantuvo esa línea, con una versión que marcó diferencias respecto a otros sets recientes. Pero una vez finalizado este, la noche tuvo un momento único de gloria. Uno de los momentos más reveladores que llegó con la interpretación de Perry Mason de OZZY OSBOURNE (canción que interpretaran en el Back to the Beginnig el año pasado) tras las emotivas palabras “Ozzy no murió!” Más allá de lo anecdótico, sirvió para confirmar algo que atraviesa todo el show: Hale no solo tiene presencia, sino también una banda con sobrados recursos para moverse con naturalidad dentro de un repertorio ligado a un género tan exigente como lo es el heavy metal clásico. Su desempeño vocal y el solo de guitarra de Joe Hottinger reforzaron esa idea.

El tramo medio del show encontró diferentes matices. Shiver y Like a Woman Can, con un tratamiento más bluesero y cargado de dinámica, bajaron la intensidad sin perder peso, apoyándose en una interpretación vocal que demostró un rango dinámico pocas veces visto. El cierre de este último, casi a capella, fue uno de los puntos más logrados en términos expresivos de la noche.

Pero cada vez que el show amagaba con relajarse, volvía a endurecerse. I Gave You everything recuperó la energía con un solo intenso y una respuesta del público inmediata, mientras que Rain Your Blood on Me, precedida por un hermoso fragmento de Familiar Taste of Poison con ciertos guiños que remitieron al dramatismo de QUEEN en su etapa más teatral, construyó una atmósfera más densa. El final, con doble pedal y riffs más cercanos al heavy tradicional, volvió a tensar la cuerda hacia un terreno mucho más pesado.

Era el turno ahora de que los ojos se posaran sobre Arejay Hale. El solo de batería —incluyendo los ya característicos palillos gigantes— aportó un momento de show dentro del show, apoyado más en el groove que en la exhibición técnica vacía pero mostrando la destreza y la capacidad musical de esta bestia tras los parches. Un breve instante que no solo le sirvió para mostrarse sino también para que Lzzy pudiera darle un poco de paz a sus cuerdas vocales antes de volver para arremeter con todo hasta el final.

Así entonces comenzó el último tramo del show. Back from the Dead y Wicked Ways reforzaron, nuevamente, el costado más pesado y frenético de la banda, con una fuerte participación del público. K.I.L.L.I.N.G. mostró una veta más groovera y agresiva, con riffs dominantes y una interpretación vocal más áspera y, si se quiere, con momentos rítmicos que podrían recordar a PANTERA en su etapa de mayor crudeza, aunque siempre dentro de un marco más controlado. En contraste con eso, su interludio trae un poco de ternura efímera que tras unos pocos segundos se transforma en una especie de remolino descontrolado al mejor estilo Chop Suey de SYSTEM OF A DOWN; una verdadera montaña rusa de riffs y contraste rítmicos.

Hubo también espacio para lo imperfecto: en las primeras estrofas de Uncomfortable, Lzzy tuvo un breve desajuste con la letra o el tempo, pero lo resolvió sin romper el flujo del show, haciendo un gesto de “Fuck you” al aire, algo que incluso sumó cierta humanidad a una performance hasta entonces excelsa. Llegó entonces el momento de agradecer al público argentino por invitar nuevamente a la banda a tocar a nuestro país, ya que sin ellos nada de esto sería posible previo a uno de los momentos mas sensibles de la noche junto a Everest.

Los bises llegaron cuando el show ya había dicho prácticamente todo. Freak Like Me encendió al teatro en una ovación unificada, mientras que el cierre con Here’s to Us, con Hale vistiendo la camiseta de la selección argentina y brindando con el público, terminó de sellar el vínculo emocional iniciado desde la primera canción de la noche.

Prolijidad, actitud, riffs, melodía y profesionalismo: todos los elementos estuvieron alineados sobre el escenario en una síntesis clara de lo que HALESTORM entiende por rock. Sin necesidad de reinventar nada, la banda construyó un show sólido, efectivo y emocionalmente directo. Es que, en definitiva, de eso se trató la noche: de una celebración. Del rock como lenguaje común, de un público que sigue eligiendo el ritual del vivo y de canciones que, más allá de sus formas, siguen encontrando sentido en el encuentro colectivo. En tiempos de automatización y consumo fragmentado, la experiencia compartida —imperfecta, intensa y humana— sigue siendo el núcleo.

Y ahí, sin vueltas, es donde todo cobra valor.

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Texto: Estanislao Aimar

Fotos: cortesía de Tute Delacroix

Agradecemos a Vicky Roa Comunicaciones por la acreditación al evento. 

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