ALESTORM en vivo en Argentina: “Oda al ron y a la cerveza”


Fecha: Domingo 22 de marzo, 2026 | Hora: 20 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: El teatrito  | Bandas invitadas: BARLOVENTOS

Entrar al Teatrito una noche así significa que vas a entrar a un barco pirata. Desde el primer momento, muchas personas asistentes al evento se ataviaron para la ocasión con el característico tricornio (el sombrero característico de tres puntas con ribete dorado) y la típica calavera, espadas piratas y todo el arsenal posible preparados para lo que se venía. 

BARLOVENTOS, la banda nacional que abría la velada para ALESTORM, comenzó la noche con su repertorio tan esperado. Los patagónicos fueron muy bien recibidos por la audiencia. La muchedumbre del Teatrito coreaba las canciones de BARLOVENTOS a todo pulmón, cantando y bailando.  Esta es una banda muy querida en Buenos Aires, y los fans se lo hicieron saber; al final del repertorio los músicos se bajaron del escenario y muchos asistentes los fueron aplaudiendo a medida que iban pasando, algunos hasta pidiendo fotos. Lo que se vivió con BARLOVENTOS fue un abrazo muy fraternal y buscado por ellos. Las canciones elegidas fueron pensadas para ir presentando, en su mayoría, los últimos lanzamientos: Relatos de Los 7 Mares – Acto I y Relatos de Los 7 Mares – Acto II (ver reseña acá), para armar cierta armonía temática. A la par de algunas canciones sueltas también del resto de su discografía: La isla de la maldición, Motín de mediodía, Reunión y Delirio de Grog que fueron muy coreadas.

El hilo conductor de las canciones fueron unas voces muy bien ejecutadas. Las voces masculinas, desplegadas por Gustavo Faas, Leandro Bundio y, por supuesto, el carismático Julián Ariaudo (centro de atención y líder de la agrupación) y las femeninas, por la gran violinista Gabriela Iglesias, que supo llevar muy bien las canciones de tinte folk rápidas que necesitaban más energía. En sí, el conjunto patagónico sonó muy bien, irradiando una energía muy contagiosa sobre el escenario de camaradería entre los músicos, y empezó a tocar un poco antes de las 20:30, momento en el cual la gente ya tenía una cerveza en la mano, para ir calentando los motores. 

 

ALESTORM

Empezaron con la escenografía nueva, y el característico patito amarillo despertó en la gente risas y emoción porque sabían que se acercaba la hora esperada. Era imposible dejar escapar la mirada del escenario ya que lo que allí pasaba era realmente magnético. Los escoceses ingresaron casi de un momento a otro cuando las pruebas de sonido se terminaron, dando lugar al espectáculo pirata que todos aguardaban. Hay que recordar que de fondo sonó “Vamos vamos, Argentina, vamos vamos, a ganar”, en esa onda estaba la cortina previa al show porteño, y a tono, Christopher Bowes, el vocalista, salio a tocar con una remera de la Selección argentina y el keytar verde bajo el brazo.

Así, el barco pirata encalló en El Teatrito. Fue como navegar en medio del cemento de Buenos Aires mientras ALESTORM levantaba la vela con el arranque bien arriba de Keelhauled. Mientras tanto, cada vez había más gente saltando y cantando, al tiempo que la banda festejaba sus 18 años con su octavo disco, The Thunderfist Chronicles. La reacción del público al escuchar por primera vez Killed to death by Piracy y Banana fueron muy positivas, ya que cuando empezaron a sonar en los alocados teclados de Vernon y la rasposa voz de Bowes que entonaba la letra, ya mucha gente se sabía los cantitos y procedieron a armar un pogo bastante intenso, lo cual habla del alto nivel en que está la banda musicalmente y también, que los fans en suelo argentino son únicos en el mundo. Aunque hicieron un setlist equilibrado en cantidad de canciones por disco, hicieron hincapié en Sunset on the Golden Age, No Grave but the Sea y su ya mencionado último trabajo, The Thunderfist Chronicles. Por mencionar algunas, P.A.R.T.Y, The Storm, México, Banana y Zombies Ate My Pirate Ship fueron canciones que se corearon y poguearon mucho. Christopher Bowes, conocido por llevar las voces principales de las canciones de ALESTORM con un keytar colgado del cuello, tomó el control de una multitud que ya estaba totalmente desatada, resonando los coros de marineros de las canciones, mientras sonaban a la par los demás instrumentos, incluidos los folk que los caracterizan. Por otra parte, 1741 (The Battle of Cartagena) fue uno de los temas más épicos que la banda tocó, con las voces rasposas de Bowes contando sobre la batalla de Cartagena de Indias, acompañadas del buen uso melódico de los teclados para darle el tono folk tan buscado.

Con una banda que sonaba afiladísima y mucho protagonismo de teclados, dominaron el lugar sin problema: Máté Bodor en guitarra, Gareth Murdock en bajo, Peter Alcorn en batería y Elliot Vernon en teclados (que para sorpresa de algunos, estuvo metiendo coros medio black metal en algunos temas). Mientras repasaban su discografía, con ese pato gigante de fondo, no dejaron nada sin saquear arriba del escenario por decirlo de alguna manera. Y gran parte del mérito es de Christopher Bowes, que no paró de agitarla con su actitud hiper lúdica y provocadora durante toda la noche.

En la conformación de identidad de ALESTORM se podría pensar que conviven dos vertientes que, en principio, podrían parecer opuestas pero que en vivo se potencian de forma natural. Por un lado, es innegable la influencia del power metal europeo clásico de los 70 y 80, con los alemanes RUNNING WILD como referencia directa en esa épica pirata, los riffs veloces y los coros bien arriba, pero, no hay uqe pensar que suenan igual para nada, ya que ALESTORM hace algo completamente distinto y más acá en la escena del metal contemporáneo. Al mismo tiempo, hay un germen ochentoso claramente punk en su propuesta: una actitud desprejuiciada, casi burlona y desprolija, que rompe con cualquier solemnidad y empuja todo hacia el descontrol festivo que se vivió en el Teatrito, que es esa mezcla entre tradición y espíritu callejero que es lo que termina definiendo su identidad: no buscan la perfección técnica ni la pomposidad, sino la conexión inmediata, el caos compartido y esa sensación de que, por un rato podemos zarpar con ellos a una fiesta inolvidable del metal y celebrarlo juntos.

Con el diario del lunes, y después de lo que se vio anoche, ya no vale eso de decir que ALESTORM hace “música de chiste” pese a sus años de carrera; más bien todo lo contrario. La banda logra enaltecer el power metal llevándolo hacia un terreno poco cómodo para cierto público metalero: descontracturado, irreverente y con una clara burla a la solemnidad del género. Y aun así (o justamente por eso) funciona como una fiesta pirata colectiva difícil de igualar, de esas que no se ven todos los días dentro de la escena.

Después de una fiesta que parecía no terminar más, cerraron con las tan esperadas Wooden Leg! (que según ellos mismos profesan, es la peor canción de ALESTORM), Drink y Fucked With an Anchor (siendo este último un tema que, especialmente en vivo, rebosa de reminiscencias innegables al espíritu punk y descontracturado de THE CLASH) y remataron con un mini cierre de Rumpelkombo. Los escoceses son conocidos por hacer himnos simples, bien fiesteros, pero también con momentos más épicos, y el show que desplegaron en El Teatrito fue todo eso junto: autenticidad, diversión y oda a la cerveza y al ron, temática pirata por excelencia. Ojalá no pierdan el rumbo y los volvamos a ver.

Texto: Julieta Lores

Foto: Adrián Brizuela

Agradecemos a Marcela Scorca de Icarus Music por la acreditación al evento. 

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