KADAVAR en vivo en Argentina: “Un viaje valvular al pasado”


Fecha: Martes 17 de marzo, 2026 | Hora: 20 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Uniclub  | Bandas invitadas: BANFIELD WITCH – HOMBRE HUMANO

Si existe una fórmula secreta e infalible para una buena canción de rock, es algo que los músicos todavía siguen explorando. Pero hay un elemento que parece infaltable y que constantemente se renueva: el riff. Y en ese terreno, los berlineses de KADAVAR son expertos. Cuatro brujos que, con estética y pulso vintage, lograron colarse entre lo más estimulante del hard rock psicodélico de la última década y media, a fuerza de una discografía sólida y, como si fuera poco, una performance en vivo electrizante. Así lo atestiguaron las personas que llenaron Uniclub en una noche pegajosa de marzo.

Luego de que los locales BANFIELD WITCH y HOMBRE HUMANO calentaran el ambiente a base de arpegios hipnóticos y percusiones tribales, asegurando un nivel de sonido más que correcto, el escenario del Abasto recibió al cuarteto alemán. Sumergidos en un mar de acoples y distorsión, ofrecieron un tímido saludo antes de dar inicio con Goddess of Dawn, mientras el público seguía ingresando hasta colmar el lugar.

Con las perillas ajustadas, el volumen alto y el aire en ebullición, el baterista Christoph Bartelt cuenta cuatro y la banda ataca con Lies, uno de los puntos altos de su más reciente álbum Kids Abandoning Destiny Among Vanity and Run y una clara muestra del groove y el gancho que el grupo sabe construir. No pasaron ni diez minutos de recital y el público ya estaba completamente entregado.

La propuesta de KADAVAR rara vez invita al pogo, pero sí logra encender un estado de trance hipnótico que los fans locales no intentan resistir. Todo se convierte en un viaje psicodélico potenciado por la voz del cantante y guitarrista Christoph Lindemann y los graves del bajo de Simon Bouteloup, quien, plantado al borde del escenario y gracias a su imponente figura, se roba gran parte de las miradas, erigiéndose casi sin querer en figura central.

La marcha incesante de Doomsday Machine es recibida con fervor y confirma la capacidad del grupo para componer canciones con espíritu vintage pero sangre joven. La seguidilla con Last Living Dinosaur refuerza esa idea con un empuje que remite al DEEP PURPLE más temprano.

Black Sun y The Old Man permiten el lucimiento del segundo guitarrista y más reciente incorporación de KADAVAR, Jascha Kreft. Ubicado a un costado, casi entre las sombras, el rubio se limita a solear y aportar coros, manteniendo un perfil bajo y sin desplazarse demasiado, en contraste con Bouteloup, que recorre el escenario de punta a punta.

Durante la imponente Explosion in the Sky, la banda entra en un trance valvular que deja en claro una sensación: ver a KADAVAR en vivo es presenciar uno de esos momentos donde la música se expande más allá de la estructura de las canciones. La zapada y la intensidad instrumental elevan la experiencia hacia una atmósfera densa y colorida, donde se percibe una conexión casi espiritual entre los músicos, como un viaje alucinógeno materializado que remite directamente a los años 70 que tanto homenajean.

Pero KADAVAR es una banda del presente. Y eso queda claro en Total Annihilation, donde por momentos se transforman en una suerte de proto metal cercano a BLACK SABBATH. Es el pasaje más pesado de su discografía: el escenario se vuelve una sesión de espiritismo, con capas de fuzz y muros de distorsión que construyen uno de los picos de la noche. Ocho minutos de acoples y el alarido primal de Lindemann terminan de sellar ese momento, mientras una iluminación anaranjada genera la ilusión de una tormenta de arena sobre el escenario. A esa altura, el público no solo observa fascinado: aparecen algunos intentos de pogo y pequeñas rondas, impulsadas por riffs que parecen salidos de la SG de Tony Iommi.

Luego de ese vendaval, llega un leve descenso de intensidad. Die Baby Die, uno de los momentos más coreados, junto a Purple Sage, retoman estructuras más clásicas y directas, mientras Bartelt golpea el redoblante elevando los brazos como si quisiera alcanzar el techo. La banda se toma un momento para agradecer al público y preguntar quiénes ya habían estado en visitas anteriores al país. Apenas un par de manos se levantan. El grupo agradece la cálida recepción y anticipa el final.

Suenan Regeneration, del disco I Just Want to Be a Sound, y Come Back Life, antes de un cierre contundente con All Our Thoughts. Sin demasiadas vueltas, abandonan el escenario dejando la sensación de haber hipnotizado a las casi 600 personas presentes en esta tercera visita de KADAVAR a Buenos Aires.

En una era dominada por lo digital, ver a una banda tocando con amplificadores Orange al máximo, construyendo riffs y solos que parecen salidos de otra época, tiene un valor especial. Si además las canciones funcionan, el círculo se completa. Como diría Pappo: “brindo porque la música en vivo, tocada por seres humanos, triunfe”.

Texto: Franco Felice

Fotos: Cortesía Martín Cervetto

Agradecemos a Noiseground por la acreditación al evento. 

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