Fecha: Martes 17 de marzo, 2026 | Hora: 20 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Teatro Flores | Bandas invitadas: VIRTHUAL – ANDY ADDAMS
Qué lindo es salir de un recital escuchando a la gente hablar únicamente de lo bien que sonó y de que fue uno de sus mejores shows. Es sabido que Russell Allen tiene una de las mejores voces del género y que Romeo está en el podio de los más virtuosos guitarristas, pero eso no lo convierte necesariamente en un espectáculo inolvidable. Para que eso suceda, deben confluir varios factores. Por supuesto que lo musical, el setlist ofrecido y la destreza son puntos claves, pero al igual que la magia que pueden plasmar interpretando sus instrumentos, está la actitud y la escenografía que los acompaña y, no menor, es la gente que acude a verlos y su energía. Todo esto que debe darse para hacer de un show un espectáculo, se dio.
Desde el vamos, contábamos con un factor casi nostálgico, siete años de espera entre visitas acrecentaban la adrenalina y la ansiedad. Por otro lado, la idea de volver a ver en escena a parte de los mayores exponentes del género, que encima, desde el plano actitudinal, siempre estuvieron al servicio del público. En cuanto a la escenografía, si bien no fue el distintivo de la jornada, acompañó mucho en varios momentos del recital, como así las luces que supieron ir a la par de los parches durante todo el desarrollo. Por último, fel actor determinante, fue la gente; encendida como una hoguera durante todo el espectáculo, demostrando una fidelidad inquebrantable hacia los norteamericanos.
Igual, vayamos por partes. La noche comenzó con VIRTHUAL. Los locales tuvieron un arranque de menor a mayor, donde costó inicialmente diferenciar algunas melodías, pero de a poco se fueron encarrilando, llegando a un punto de equilibrio donde las cosas pudieron ponerse más nítidas, y así plasmar su mejor versión entre heavy moderno y pesado.
Luego fue el turno del colombiano ANDY ADDAMS quien deleitó a los presentes con su proyecto instrumental y llegó al escenario con el título de banda invitada, que acompañó a los norteamericano en parte de su tour. Si bien, al igual que sus antecesores, el sonido fue mejorando con el correr de los minutos (al inicio, el bajo sobresalía, mientras la batería y la guitarra yacían en las sombras), lo destacable fue la magistral master class que impartió con su guitarra. De a poco Andy se fue soltando y embistió a los presentes con una tromba de acordes, riffs y solos propios de alguien que domina por completo su instrumento. Los hizo hasta corear melodías, cosa nada sencilla para una banda instrumental. Por supuesto que, acompañando, debe haber un buen bajista y vaya si lo hubo. Elizabeth Schembri deslumbró al igual que su protagonista, haciendo de un bajo, el soporte necesario y determinante para esas melodías, mientras que tras los parches decía presente Chucho Romus de muy buena performance también. Se despidieron del escenario con una lluvia de aplausos que pocas veces se vio para bandas que no son las principales, aunque no estamos hablando de unos improvisados, sino de una formación ya establecida que giró todo el 2025 por Europa y Latinoamerica siendo “special guest” nada menos que de KIKO LOUREIRO .
Con la precisión de un francotirador, tal como estaba anunciado, 21:30 hs se esfumaron las luces para que empiecen a correr de fondo las imágenes de las tapas de los álbumes desde aquel Symphony X (1994), hasta su último trabajo Underworld (2015), mientras la lluvia de aplausos y gritos invadían Flores. Con un recinto completamente colmado y un público enajenado por el evento, entraron de a uno en escena para dar inicio a una seguidilla non stop. Of Sins and Shadows dio el puntapie inicial para la ignición de la hoguera. Con un Allen canchero, con su camisa abierta y sus gafas negras, vestido al mejor estilo gigolo caribeño, continuó la lista con Sea of Lies, tema que arengó a la gente a saltar, aunque falta no hizo porque lo hicieron prácticamente durante todo el show. Pasaron Out of the Ashes con un vocalista jugando con sus músicos y The Accolade, para así terminar con una suerte de presentación donde plasmaron cuatro temas de The Divine Wings of Tragedy (1996), que cumple 30 años y es el eje del tour. Sin embargo, no todo se remonta a este único álbum y la lista continuó con clásicos de todas sus etapas. Hasta aquí, un cantante que no había emitido prácticamente bocado alguno para los presentes. Mucha actitud arriba del escenario, bromeando con sus compañeros en complicidad, bailando como si fuera un torero cuando escuchaba del piso el tan anhelado “…ole, ole, ole, Sympho-ny X”, pero nunca dirigiendo palabras al público salvo un “…Gracias Argentina” en español.
Smoke and Mirrors, del disco Twilight in Olympus (1998), fue la encargada de comenzar la nueva seguidilla, pero de clásicos históricos. Aprovechó Allen aquí para comenzar a capella y dejar al desnudo sus dotes, sus registros, esos que lo convirtieron en lo que es, uno de los mejores vocalistas del género de toda la historia. Esto, por supuesto, derivó en una ovación absoluta y una lluvia de aplausos ensordecedora que reavivo aún más la llama entre los que estábamos en el piso. Continuó el repertorio con Evolution (The Grand Design), siendo una de las dos piezas que interpretaron de V: The New Mythology Suite (2000), donde emergió, aún más, la figura de Romeo, quitándole protagonismo temporal a Russell y demostrando también, como durante todo el desarrollo, por qué es considerado un guitarrista de elite, de esos pocos que nacen en la historia. Solos memorables y riffs que enloquecen hasta al hombre más pacífico. Aunque la figura del cantante suele llevarse los laureles por su rol de frontman, en bandas como estas, todos son indispensables. Hablar de ellos dos, dejando atrás las baterías rabiosas y complejas de Jason Rullo, los teclados con sello propio de Michael Pinnella o el Groove y la técnica de Mike LePond en el bajo, sería un completo error.
Bajando un cambio llegó Communion and the Oracle, con todo Flores moviendo los brazos de un lado al otro. Canción técnica por demás, que hubiera merecido verla sentado para disfrutar con más claridad del virtuosismo plasmado por los norteamericanos. Inferno (Unleash the Fire) y Nevermore, con un público extasiado, despidieron a los músicos para que tomen una breve pausa y regresen para los bises.
En el regreso al escenario, ya nada fue igual. Todo fue en tono ascendente, llevando el show a otro nivel. Lo primero que cambio fue el atuendo de Allen, quien de latinlover, mutó a metalero del under con una musculosa alusiva a las caretas características del primer disco homónimo de la banda, mientras en la mano alzaba una lata de Quilmes, y con este cambio de look, llegaron las primeras palabras reales hacia la gente, comentando que el calor lo obligó a cambiarse de ropa y que no había hablado antes porque quería que la gente pueda disfrutar de la música. Agradeció no solo la presencia, sino la efusividad del público argento y aprovecho para tirar rosas diciendo que no se imaginaba estar en un mejor lugar y que los argentinos ocupamos un lugar en su corazón. Tantas bandas dicen lo mismo que ya estamos creyendo que así es. Mil moscas no se equivocan dice el dicho. Entre sus palabras, comentó también que lamentaba la cantidad de años que pasaron entre su última visita allá por el 2019 en el Teatrito y este arribo, y deslizo que están trabajando en un nuevo material que vería la luz pronto.
Finalizado todo el monólogo, hizo tiempo para presentar a sus compañeros, quienes recibieron de la gente nada más que elogios, aplausos y gritos, y generó una catarata de emociones en ellos. Tanto fue así que se fundieron en un abrazo Allen y Pinnella, y el vocalista aprovechó para bromear diciendo que paremos de aplaudirlo porque era un poco tímido, y así caer en una risa, una carcajada contagiosa y generalizada. La ovación más grande sin duda fue para Romeo, ya que Russell lo presento como “…the man”, “…el jefe” hablando en español en tono jocoso y humorístico.
La recta final, en cuanto a lo musical, vino de la mano de Without You, Dehumanized con un cantante completamente de festejo, imitando el baile de un robot mientras sostenía una copa que, a lo lejos, parecía de vino, la cual dejó en un costado por un momento para bajar al piso entre las vallas y hacerse mortal por un rato. Nuevamente esa idea de mezclar lo inalcanzable con lo real, lo terrenal, vuelve frenético al público. El cierre lo dio Set the World on Fire (The Lie of Lies) que, como era de esperar, revolucionó El Teatro, con un salto unánime y un coro absoluto, despidieron a la banda quien ofreció un show inolvidable.
En definitiva, lo vivido en El Teatro de Flores fue mucho más que un simple recital: fue la confirmación de que cuando el talento, la entrega y la conexión con el público se alinean, el resultado trasciende cualquier expectativa. SYMPHONY X no solo demostró por qué ocupa un lugar de privilegio dentro del género, sino que también dejó en claro que la espera valió cada segundo. Con una audiencia encendida de principio a fin y una banda que respondió con creces, la noche quedó grabada como una de esas experiencias que perduran en la memoria y reafirman por qué la música en vivo sigue siendo un ritual incomparable.
Texto: Santiago Izaguirre
Fotos: Joaquín Oñate
Agradecemos a Marcela Scorca de Icarus Music por la acreditación al evento.
| Metal-Daze Webzine | Marca Registrada | Todos los Derechos Reservados © |
GALERÍA: Si querés ver el álbum completo, ingresá a nuestra página de Facebook.














