Fecha: Sábado 15 de agosto de 2026 | Hora: 19.30 hs. | Ciudad: Comodoro Rivadavia (Chubut) | Lugar: Centro Gallego | Bandas invitadas: MOTOR X & RAZZIA
Hablar de NEPAL es invocar a una de las instituciones más emblemáticas y respetadas del heavy metal argentino; una banda que jamás desapareció de los oídos de su gente, a pesar de las largas ausencias físicas de los escenarios. Por eso, su regreso en 2023 —reuniendo a sus miembros más representativos y sumando la inyección de sangre nueva— convirtió esta vuelta en un acontecimiento sencillamente impecable, lo mires por donde lo mires.
Seguramente, en estos tres años transcurridos desde su retorno, la banda hubiese deseado rodar mucho más de lo que lo hizo. Sin embargo, delicados contratiempos de salud en la vida de su bajista impusieron una pausa obligada. Aun así, desde este “borrón y cuenta nueva”, el grupo no se quedó de brazos cruzados: editaron un disco en vivo que inmortaliza la fiesta vivida en el Teatro Flores y, como si fuera poco, lanzaron un documental autobiográfico que repasa integralmente su vida y obra (material que, dicho sea de paso, se puede disfrutar de forma gratuita en YouTube).
Después de ese mencionado impass de salud en la vida de Beto Vázquez (bajo y coros), la banda integrada en la actualidad por Larry Zavala (voz), Javier Bagalá (guitarra y coros) y Adrián Esposito (batería), doblegaron esfuerzos e hicieron las gestiones pertinentes para saldar una deuda pendiente: pisar suelo patagónico por primera vez en su historia. Aquello que el propio Beto nos había adelantado en una entrevista reciente —y que para muchos parecía una utopía irrealizable tiempo atrás— finalmente ocurrió.
Las ciudades elegidas para este bautismo patagónico fueron las chubutenses de Comodoro Rivadavia y Puerto Madryn. Para la ocasión, nos finalizaremos de lo sucedido en la comunidad petrolera, que desde hace un tiempo atrás a la fecha viene picando en punta, ya que, a pesar de estar atravesando un contexto económico nacional complejo y adverso, hay almas pasionales que deciden arriesgar por puro amor al metal con el que crecieron. Apostar por traer bandas de esta talla no pasa únicamente por la lógica de un negocio, sino por el deseo genuino de saldar cuentas emocionales con su propia historia. El lugar elegido fue el Centro Gallego, un recinto icónico que estuvo cerrado a este tipo de shows por más de dos décadas (reabrió sus puertas con el show de HORCAS acontecido el mes pasado). En épocas de crisis, la autogestión logró reflotarlo para ofrecer una propuesta distinta, con una puesta de sonido e iluminación que superó con creces lo que habitualmente se ve en la zona.
La previa: Generaciones unidas por el rock y la mística local
Fue así que desde bien temprano se hizo presente arriba del escenario MOTOR X, banda de corte rockero pesado de formato trío, que, a pesar de haber tenido entre sus filas algunos que otros invitados, hicieron alarde de un rock que lógicamente distaba con la propuesta de la banda principal, aunque sinceramente poco importó. Resolvieron el show con mucha soltura, personalidad y en familia, ya que se encuentran compuestos por hijos, nietos y hasta de invitados hubo jóvenes abuelos, como lo fue durante la interpretación de La Espada Sagrada de RIFF. Sostenidos bajo un eje de canciones propias ejecutadas en muchos casos a dos voces, a fuerza de un uso dinámico del wah-wah y sólidos punteos, se fueron con la bandera en alto y, por sobre todo, agradecidos y reconociendo la lejanía con el género a practicarse en la noche, cerraron con la rabiosa Ace Of Spades (MOTÖRHEAD), entre medio de lindos solos de viola ejecutados por su joven y talentoso guitarrista, que a lo Ace Frehley no se le achicó a nada.
Ya pasadas las 20.30 hs. llegarían al escenario los RAZZIA, banda bien conocida en la ciudad y de las más (o la más) longeva en actividad, ya que están al borde de cumplir 29 años de vida. Y si hay algo que tengo que reconocerles es su impronta original, ya que en mis años de ver bandas arriba del escenario, no es habitual ver en la jungla del metal una banda de heavy y al hueso que posea dos voces por momentos al unísono. Rompen el molde tradicional y les funciona muy bien. Con su heavy y crudo metal patagónico, recorrieron parte de su disco de estudio llamado Desde abajo (2011) y también tocaron algunas canciones de su no tan reciente EP Siguiendo la huella (2022). Entremezcladas con otras canciones, destacamos de su set canciones como Carroñero, Kompuchewe (derrocado) y, acompañados por las siempre presentes palabras introductorias de alguno de sus cantantes, se despacharon con algún que otro clásico que posee la banda, como lo fue con El rastro del choique, y cerraron con Vivencias, canción que fue pedida varias veces y la cual fue bastante coreada por el público que siempre los anda acompañando y que, como se pudo ver reflejado, conoce al dedillo sus letras. Después de una hora de show, podemos decir que nos llevamos un show sólido y bien estructurado. Veremos con qué se despachan musicalmente de acá en adelante, tal cual contaron, así que vamos con esa, muchachos, que el tiempo pasa, pero la música tiene que llegar para quedar. Buena antesala en algo así como una hora de show.
Un pacto directo con los noventa
Serían recién pasadas las 22 hs. para que el acontecimiento histórico, tenga efecto. Sí, cuando la historia se escribió en presente: por primera vez en la vida, podemos decir que oficialmente NEPAL pisó un escenario patagónico. Se subieron con toda la onda, al palo y sin parar casi un instante hasta pasado el segundo tema al menos, para que la situación empiece a decantar en todo sentido, no solo el emocional, sino también el sonoro, ya que, como suele suceder en muchos shows, el sonido se va acomodando con el correr del show, como en cualquier recital.
Fue recién después del paso inmediato de Realidades e Ideología quizás que llegarían las primeras palabras de agradecimiento por parte de Larry, el cual, dicho sea de paso, está impecable, claro… no para correr los 100 m libres con Usain Bolt, pero sí para demostrar que su voz cavernosa está impecable, y si cerrás los ojos, te transporta a los ’90 sin lugar a duda. Esto seguramente se fundamenta también en que hablamos de alguien que nunca tiró la toalla y, ya sea con su propia banda, en tributos o como invitado, nunca se bajó del escenario. Y sí, hay que tener ganas a los 71 pirulos, ¿no?, ¿cómo te ves vos a esa edad? Más allá de eso, vivimos un show contundente, donde en todo momento se pudo captar la esencia del sonido heavy thrash que nos llegó a los oídos en los ’90 en sus discos a través de los emblemáticos cassettes, CD’s y vinilos, recientemente también editados.
Mientras el repertorio continuó de manera impecable con las ejecuciones de Falsos profetas, Herederos del miedo, Paredes de hierro, Crisis total o Perfil de hierro, el show cada vez estaba mejor en todo sentido, no siendo nunca aburrido, sino por el contrario; hablamos de un show que se hizo corto, con lo cual a las claras queda que la pasamos bien. Atravesada la primera parte del evento, llegaría el primer solo de la noche ejecutado muy estéticamente por Adrián, su baterista actual, quien llegó para inyectar esa sangre joven y enérgica a la banda, y si bien estructuró un solo super técnico, no desentonó con la oleada del show y aportó esa energía y frescura que oxigenó la propuesta global de la banda.
La cosa no terminaría ahí, ya que después del paso de Ciegos de poder, Predicando la mentira y La señal del metal llegaría a modo de break también el solo perfeccionista (tirando más para el palo neoclásico) y detallista del profesor Bagalá, el cual en cierta medida lo alejó un poco de la propuesta sonora del núcleo de la banda y del estilo, y si bien a mi entender se distanció por un instante de la densidad del thrash, sirvió para que el violero reluciera su virtuosismo. A posteriori, los dedos sacudiéndose en el bajo de Beto mostraron también que se puede hacer heavy thrash tocado con un pedazo de bajo antiguo recientemente restaurado (que debutó por primera vez con él). Sumado a esto, el énfasis que siempre llegó desde la caverna vocal de Larry no hizo más que reafirmar la vigencia y la solidez técnica del grupo.
Para la recta final, tras descargar Más allá del asfalto, y los clásicos Raza de Traidores y la emblemática Represor, la temperatura de la sala alcanzó su punto más alto, llegando como banda con la algidez suficiente en cada una de sus estocadas, captando permanentemente la esencia del sonido que conocimos a través de sus discos. Todo esto, claramente enmarcado por el siempre sonriente Larry, quien no se cansó de agradecer la lealtad por el aguante en la vuelta.
Ya con un show ordenadísimo desde las perillas, la cosa llegó a su tramo final con una de sus canciones más escuchadas, Lanzado al mundo hoy —himno grabado en su momento junto a Ricardo Iorio para el disco Manifiesto—, que tuvo el condimento y la sorpresiva particularidad de que los integrantes inviten a subir al escenario a Carlos Balduvino, músico y emprendedor del género local. Para la despedida final, después del “uno más y no jodemos más”, llegaría también el clásico Te destruiré, para ya cerca de la medianoche decir “hasta acá llegamos”.
Vimos una banda plenamente agradecida, en todo momento, y creo que se respiró reciprocidad con el público en ese sentido. Palpamos la entrega de un show noble, pulcro y con mucho corazón, tanto a nivel musical como desde su producción, donde se han resguardado detalles que no es muy convencional ver en circuitos independientes. Nos quedamos masticando aquella frase que Beto nos dejó en la entrevista: NEPAL volvió para no separarse nunca más, asumiendo un compromiso similar al “hasta que la muerte nos separe”.
Mientras tanto, nosotros no podemos decir que presenciamos un show más; fuimos testigos de una deuda histórica saldada, ya que si había una banda para los originarios de la región que nunca llegaría, NEPAL era una. La historia la escriben los que hacen, y esta noche, la historia se escribió con metal.
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