Fecha: Viernes 1 de mayo de 2026 | Hora: 18 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Teatro Flores | Bandas invitadas: METAL CRUCIFIER, CLOUD OF SHADOWS & DEMOLEDOR
El heavy tradicional de pura cepa y el metalcore unieron fuerzas en una jornada histórica en el Teatro Flores, donde DIRKSCHNEIDER llegó con el Balls to the Wall 40th Anniversary Latin America Tour 2026 y AS I LAY DYING se presentó en medio de su gira por los 20 años de Shadows are Security. Dos generaciones vivieron a pleno la unificación a último momento de estos shows, que también contaron con las presentaciones de los peruanos METAL CRUCIFIER, junto a CLOUD OF SHADOWS y DEMOLEDOR. Cuernitos en alto, pogo, moshpit y brakdowns convivieron en un marco festivo, con varios contrastes y sensaciones encontradas.
Dos shows programados inicialmente en lugares diferentes y con propuestas muy distintas, terminaron coincidiendo en un mismo recinto el viernes 1 de mayo. Dos días antes, por cuestiones comerciales y de logística, Icarus Music, la productora organizadora de ambos espectáculos, decidió mudar a DIRKSCHNEIDER -que iba a tocar en El Teatrito- al Teatro Flores, donde estaba pautado el recital de AS I LAY DYING. Así, unieron fuerzas dos pioneros en cada uno de sus subgéneros y, en la previa, la fiesta ya estaba asegurada.
Claro, las bandas invitadas también tuvieron que amucharse: dos por un lado y una por el otro. Por lo tanto, sus sets fueron de apenas 20 minutos. No alcanzamos a llegar para la apertura, que estuvo a cargo de los peruanos METAL CRUCIFIER, quienes practican speed metal, mientras que de CLOUD OF SHADOWS, los deathmetaleros melódicos oriundos de Quilmes, pudimos presenciar su tema de cierre.
El último invitado en subirse al escenario, a las 19:00, fue DEMOLEDOR. La ya legendaria agrupación de Florencio Varela, fundada en 2003, ofreció un set contundente de metal clásico, cerrando con Soy quien soy ante un grupo de fervientes seguidores. El carismático frontman Tano Di Bella, que en el medio del show arrojó una remera de la banda al público, apenas pudo despedirse y cerraron el telón.
AS I LAY DYING, entre luces y sombras
Tras media hora de espera, a las 19:50, mientras sonaba Departed como intro, se descubrió nuevamente el escenario y se hizo presente AS I LAY DYING, en el marco de la gira por los 20 años de su emblemático Shadows are Security. Antes de pasar a comentar lo que fue el set de los estadounidenses, cabe informar para muchos y recordar para varios, que su vocalista Tim Lambesis fue condenado en 2014 a seis años de prisión por intentar contratar a un sicario (policía encubierto) para asesinar a su esposa. Al frontman le salió el tiro por la culata y se declaró culpable, pero fue beneficiado con la libertad condicional en 2016. Una vez libre, tuvo otros actos repudiables, como maltratar a su perro. Sus ex compañeros tomaron otros rumbos y hoy, como único fundador, cuenta con Chris Clancy en bajo y voces limpias, Bill Hudson y Don Vedda en guitarras y Tim Yeung en batería.
Dicho esto, y preguntándonos cuál es el límite para separar a la persona del artista, la respuesta no es unánime, pero la baja venta de AS I LAY DYING para esta visita tal vez tenga mucho que ver. La decisión final de juntar dos shows, fue la mejor para ambas partes, porque DIRKSCHNEIDER casi tenía agotado El Teatrito y el resto se cae de maduro. De todas maneras, a quienes fueron a ver a A.I.L.D. poco les importó esto y disfrutaron de un espectáculo de una hora y veinte minutos que golpeó en el rostro desde el primer instante, con Blinded y 94 Hours.
Sin embargo, la voz de Lambesis arrancó muy atrás. Se fue acomodando, pero nunca estuvo totalmente al frente a lo largo del set, que duró alrededor de 1 hora con 35 minutos y contó con 18 temas. Por momentos, se escuchaban más los coros que la voz principal. Pero la banda fue un relojito. Los agradecimientos a su público, precedieron a un violento moshpit en Burden. En la misma sintonía, continuaron Echoes, A greater foundation y Parallels, para llegar al segmento de Shadows are security, el álbum insignia de esta gira.
Meaning in tragedy, Confined, Losing sight y The darkest nights dieron continuidad a una seguidilla de hits. El guitarrista brasileño Bill Hudson habló en portuñol con la gente, a la hora de presentar a la banda, y tribuneó arengando a los presentes para ver “cuánto ruido pueden hacer”, por ser “la mejor audiencia del mundo”. Acto seguido, Empty hearts rompió todo con un moshpit asesino.
En la recorrida entre la zona de fuego y el fondo, se escuchaban comentarios de desconcierto. “Veo viejos con cara de incertidumbre”, dijo un amigo, haciendo referencia a los que esperaban ver a UDO. Reflection, Repeating yesterday y Through struggle fueron la antesala de los bises Separation, Nothing left, The sound of truth (coreadísimos) y My own grave, para el cual Lambesis pidió que se enciendan las linternas de los celulares en el arranque.
Así terminó AS I LAY DYING, con mucha euforia entre sus seguidores, un sonido que dejó bastante que desear -sobre todo en el volumen de la voz – y una pregunta: ¿Qué hubiese sucedido si la mayoría de los viejos que estaban esperando a Udo sabían del historial del frontman de la banda que había terminado de tocar, a la cual desconocían?
DIRKSCHNEIDER y una cátedra de heavy metal
Luego de 35 minutos de espera, The number of the beast sonando desde las profundidades hasta las alturas, daba cuenta de que se venía un cierre con el heavy metal más puro. Lo que estaba en los papeles, se trasladó a escena con una verdadera cátedra de música pesada.
DIRKSCHNEIDER pisó las tablas a las 21:45 y ya nada fue igual, durante casi dos horas de show donde, además del festejo por los 40 años de Balls to the wall, desfilaron otras gemas de ACCEPT, de álbumes como Breaker, Restless and wild y Metal heart, de la era más reconocida con Udo Dirkschneider, quien volvió con el bajista Peter Baltes, su ladero de aquellas épocas, que dejó a la banda alemana en 2018. Andrey Smirnov y Dee Dammers en guitarras y Sven Dirkschneider (hijo de Udo) en batería, completan esta formación.
Las presencias de Udo, con campera camuflada y guantes blancos, y Baltes, con camiseta de Argentina y el logo de DIRKSCHNEIDER en el pecho, provocaron la primera ovación al tiempo que Fast as a shark empezaba a arrasar con todo.
Si bien esta formación ya había visitado Buenos Aires en 2024 con esta misma celebración del álbum icónico de ACCEPT, la experiencia en general se disfrutó como si fuera la primera vez. Para la mayoría, seguramente, fue así.
Con un setlist de 20 temas, a lo largo de casi dos horas, la banda se mostró en gran forma, sobre todo Udo, quien a sus 74 años mantiene una performance más que digna. Y la suma de Baltes es un plus por demás significativo, ya que son dos de los fundadores de la banda alemana de heavy metal por excelencia.
En cuanto a cuestiones técnicas, el bajo volumen de la voz volvió a jugar una mala pasada en el primer cuarto del espectáculo, aunque después se acomodó. El bajo sonó como una pared y las violas por momentos se perdieron un poco, pero ese inconveniente también se solucionó medianamente rápido. Y el trabajo de Sven en la batería fue punzante y prolijo.
Living for tonite y Midnight mover invitaron a bajar un poco los decibeles tras un arranque a pura velocidad. El medio tempo se apoderó de una audiencia que acompañó con saltos, puños en alto y abrazos. Fiesta total.
Breaker trajo de nuevo el desenfreno, con un pogo amigable y caras que denotaban felicidad. En medio de ese clima festivo, Flash rockin’ man le dio paso al primer gran coro de la noche: Metal heart, donde Andrey Smirnov, en el segmento clásico del solo que reproduce un fragmento de Para Elisa de Beethoven, suma a Eugene’s trick bag -la pieza que interpreta Steve Vai en el film Crossroads, inspirada en Capricho Nº 5 de Paganini- y parte de Eine Kleine Nachtmusik de Mozart. La celebración fue total.
En Breaking up again llegó el protagonismo de Peter Baltes como vocalista, quien, al igual que en el disco Breaker, canta esta balada que dio pie a un pequeño receso, para darle inicio al bloque del disco agasajado.
Balls to the wall, con el público coreando el riff principal y saltando, y con Baltes golpeándose el lado izquierdo de su pecho mientras el punteo era acompañado por todas las voces presentes, fue de lo más emotivo.
Así, con las emociones a flor de piel, pasó un temazo tras otro: London leatherboys, Fight it back, Head over heels, Losing more than you’ve ever had, Love child, Turn me on, Losers and winners con un tremendo pogo, Guardian of the night y Winterdreams.
Un público por demás enfervorizado, tuvo apenas un instante para reacomodarse y disfrutar de un final épico. El primero de los bises fue Princess of the dawn, lo más coreado de la velada. Más de 10 minutos duró esta pieza, donde Sven Dirkschneider habló con la gente, arengó y todos en el escenario mostraron su agradecimiento con gestos y sonrisas ante tanta entrega de la audiencia.
Mientras Udo preguntaba “¿Uno más?” y Sven grababa todo con su celular, la respuesta del público fue obvia y arremetieron con Up to the limit, para desatar el mayor pogo en el cierre con Burning. Eran las 23:40 y llegó la despedida, entre la adrenalina, la melancolía y el agradecimiento eterno hacia aquellos héroes que siguen brindando lo mejor de sí, a través y a pesar de los años.
Lo viejo funciona. ¡Y cómo!
Texto: Lorenzo Martins
Imagen de portada: Cortesía Martín Darksoul
Agradecemos a Marcela Scorca de Icarus Music por la acreditación al evento.
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