Fecha: Domingo 10 de mayo, 2026 | Hora: 20 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Parque Sarmiento | Bandas invitadas: LAS TUSSI – SEVEN HOURS AFTER VIOLET – SPIRITBOX
Una de las polémicas más comentadas de la semana previa al show, además de los cambios en la organización y la logística interna del evento, fue la elección de LAS TUSSI como banda soporte local. Su set comenzó a las 17 hs, un horario bastante hostil para el acercamiento del público. Llegamos sobre el final de la presentación, justo para escuchar Cuchillito, tema que, según pudimos corroborar después del show, era el encargado de cerrar su repertorio. Más allá de la evidente distancia sonora con el concepto general de la fecha, llamó la atención lo contundente que sonaba la banda, especialmente el bajo de Ana Kauffmann. El power trío se mueve dentro de un sonido cercano al post punk, sin caer demasiado en lo pop aunque incorporando ciertos efectos y climas más modernos. Aun así, más allá de lo particular de su inclusión en el cartel, demostraron un peso escénico interesante y en ningún momento parecieron incómodas frente a un contexto que claramente no era el más natural para su propuesta. Probablemente quede pendiente verlas en un entorno más acorde y con un show completo. Para ese entonces, el campo delantero de Parque Sarmiento ya comenzaba a cargarse lentamente de público, sobre todo de gente que buscaba asegurarse una buena ubicación para las últimas dos bandas de la jornada.
Una de las grandes sorpresas del anuncio inicial había sido la inclusión de SEVEN HOURS AFTER VIOLET, desconocida para gran parte del público, aunque con un nombre imposible de pasar por alto dentro de sus filas: Shavo Odadjian, histórico bajista de SYSTEM OF A DOWN. Formada en 2024 y también conocida bajo el acrónimo SHAV, la banda reúne músicos provenientes de distintos rincones del metal contemporáneo. Junto a Odadjian aparecen Josh Johnson en batería (WINDS OF PLAGUE), Michael Montoya (MORGOTH BEATZ) en guitarra, Taylor Barber (LEFT TO SUFFER) y Alejandro Aranda (SCARYPOOLPARTY) en guitarra y coros. Musicalmente, la propuesta se mueve dentro de un metal moderno con fuertes influencias del metalcore y el alternativo, aunque por momentos pisa terrenos cercanos al deathcore y también incorpora algunos matices ligados a la música tradicional armenia, en referencia a las raíces de Shavo. El resultado termina siendo una propuesta actual, pesada y bastante dinámica. Mientras el escenario porteño comenzaba a cubrirse lentamente con la oscuridad fría de una noche otoñal, el repertorio de la banda se apoyó en canciones cortas, intensas y con constantes cambios de clima. SHAV cuenta hasta el momento con un único EP homónimo publicado en 2024, material que naturalmente dominó gran parte del set. Desde la apertura con Abandon, con un sonido muy apoyado en la electrónica y ciertas ambientaciones orientales, hasta temas más directos y gancheros como Gloom o Cry…, la banda logró conectar rápidamente con el público. Si bien durante gran parte del show los cánticos apuntaban principalmente a Shavo Odadjian, poco a poco la atención comenzó a repartirse también hacia Taylor Barber, cuya presencia escénica terminó imponiéndose con bastante autoridad. Además de interpretar prácticamente la totalidad del EP, la banda aprovechó la ocasión para estrenar una canción nueva. “Esto no está subido en ningún lado y la van a escuchar por primera vez”, comentó Odadjian antes de presentar Graves, aunque el tema quedó algo opacado por la intensidad de la canción anterior que fue Glink, probablemente uno de los momentos más demoledores de la presentación gracias a toda la variedad de recursos sonoros desplegados por el grupo. De manera algo sorpresiva, cerraron con Sunrise, saludando rápidamente y retirándose sin demasiadas vueltas.
Luego llegó el turno de SPIRITBOX, debutando finalmente en suelo argentino tras una larga espera por parte de sus seguidores, aunque también con cierta resistencia de parte del público que únicamente esperaba la llegada de KORN. La formación actual está integrada por el matrimonio compuesto por Courtney LaPlante y Mike Stringer, acompañados por el baterista Zev Rose y el bajista Josh Gilbert, recordado por su paso por algunos de los discos más celebrados de AS I LAY DYING. Los canadienses llegaban además en plena presentación de Tsunami Sea, salido en 2025, continuando una evolución sonora que dejó atrás la complejidad más progresiva de sus primeros EPs para consolidar una fórmula mucho más definida desde Eternal Blue en 2021. Hoy, SPIRITBOX se mueve dentro de ese terreno que muchos etiquetan como post-metalcore: una mezcla de metalcore moderno, nu metal, shoegaze, djent y ciertos elementos ambientales que conviven gracias a afinaciones extremadamente graves y capas sonoras muy densas. Sobre esa base aparece la enorme versatilidad vocal de LaPlante, capaz de pasar de melodías delicadas a guturales realmente violentos en segundos. Cellar Door fue la encargada de abrir el set tras una larga intro ambiental que elevó considerablemente la ansiedad del público. Entre estrobos, graves demoledores y un volumen aplastante, el comienzo golpeó fuerte desde el arranque. Una de las principales virtudes de SPIRITBOX está justamente en cómo logra combinar armonías melódicas sobre estructuras extremadamente pesadas, y tanto Cellar Door como la siguiente en la lista que fue Perfect Soul funcionaron perfecto para demostrarlo. Sin embargo, también quedaron expuestos algunos de los riesgos habituales de este tipo de propuestas modernas, especialmente cuando una banda depende tanto de atmósferas complejas y múltiples capas sonoras. Por momentos, canciones como Keep Sweet o la aclamada Jaded terminaron perdiendo algo de definición en vivo debido a la saturación de tantos elementos al mismo tiempo. Algo similar pasó por momentos con las voces secundarias de Josh Gilbert, ya que si bien su aporte sumó muchísimo en determinados pasajes, más aún considerando su experiencia previa dentro del metalcore moderno, hubo momentos donde el exceso de capas vocales complicó un poco más la claridad general del sonido. Aun así, SPIRITBOX encontró rápidamente puntos de conexión muy fuertes con el público gracias a temas mucho más coreables y directos como la ya mencionada Jaded, The void o Hurt you, que terminaron de consolidar la respuesta positiva de gran parte del campo.
Sin embargo, volviendo a la idea inicial sobre cierta resistencia hacia la banda, también era evidente que una porción importante del público seguía esperando exclusivamente a KORN. Si bien hubo mucho agite y gente cantando prácticamente todas las canciones, el porcentaje todavía resultaba relativamente bajo para la cantidad de asistentes presentes a esa altura de la noche, y la propia banda pareció notar esa situación. Tras finalizar el hitazo que movió mucha gente, que fue Circle With Me, Josh Gilbert tomó la palabra para agradecer y pedir un poco más de ruido por parte del público. Poco después, Courtney LaPlante preguntó si querían escuchar las últimas canciones de la noche y, ante la respuesta positiva, lanzó entre risas: “Muy bien, porque si no querían, estamos contractualmente obligados”. El comentario generó gracia, aunque también dejó cierta sensación incómoda en el ambiente. Sin demasiados rodeos, la banda encaró el tramo final con Rotoscope, una devastadora Holy roller, probablemente el momento más violento de todo el set y Soft spine, que funcionó como cierre definitivo. Antes de despedirse, LaPlante dedicó unas palabras al público argentino, mientras Mike Stringer remató la presentación con un solo mucho más retorcido y experimental que el que escuchamos en estudio. Luego de eso, SPIRITBOX abandonó el escenario sin demasiada ceremonia, dejando la sensación de una banda que, si bien ofreció una presentación sólida y muy intensa, quizás esperaba una recepción todavía más efusiva por parte del público argentino.
A la hora de hablar de nu metal comienza a sobrevolar un pensamiento que se circunscribe tanto a aspectos artísticos como generacionales. Su irrupción sigue siendo al día de hoy motivo de polémica y discusión y, le pese al metalero más acérrimo o no, significó el fenómeno de la música pesada más relevante en muchísimo tiempo. Las bandas que comandaron la explosión allá por mediados y fines de los noventa supieron liderar la escena, pero a medida que pasaban los años de oro y la sobreexposición, la ola comenzaba a bajar y se evidenciaba que el impacto se debía más al sonido y al fenómeno comercial y no tanto a las canciones, lo cual hacía peligrar su permanencia. Claro, para cuando la burbuja comenzó a romperse, la mayoría de las bandas contaba con uno o dos discos (tres en el mejor de los casos) que les permitían seguir pagando las cuentas. Incluso para una banda como KORN a quienes se le atribuye la creación del género en cuestión y algunos de sus mejores años, la cosa se puso áspera a partir del siglo veintiuno. Es que al natural agotamiento de su fórmula se sumaron intentos de experimentación y renovación estilistica que rara vez fueron acompañados por sus fieles, pese a la constante actividad y apenas dos cambios de formación en tres décadas de carrera. Por eso ¿dónde se ubica KORN en 2026? Justamente en ese espacio construido alrededor de sus primeros álbumes, verdaderos baluartes y emblemas de un estilo que se mantiene con vida principalmente por la nostalgia y que hacen que cada nuevo lanzamiento sea recibido entre la indiferencia y el anhelo de épocas mejores. Claro que a la hora del vivo hay que hacer convivir a la mayor parte de la obra y eso, además de hablar muy bien de KORN y su honestidad artística, pone a prueba la respuesta del público.
Por alguna razón no muy clara el nu metal siempre gozó de buena aceptación en Argentina y las recientes visitas de algunos de sus iconos (SLIPKNOT en 2024, SYSTEM OF A DAWN en 2025) demostraron entrega, pasión y localidades agotadas en estadios de gran capacidad. Por eso, la dilatada visita de KORN al país fue recibida con entusiasmo por la patria alternativa local que ya veía lejana la última presentación del grupo allá por 2017. El Parque Sarmiento ofició de arena y a medida que en la tarde helada crecía la población de bermudas y dreadlocks el escenario recibía a los teloneros SEVEN HOURS AFTER VIOLET quienes se ganaron una cálida recibida no solamente por una actuación potente sino también por contar con Shavo Odadjian en el bajo, integrante de SYSTEM OF A DAWN y en una ocasión como ésta un invitado de lujo. Luego llegó el turno de SPIRITBOX, cuarteto canadiense que en los últimos años cosechó una más que llamativa popularidad llegando a girar junto a números convocantes como GHOST o JINJER y que, tal vez gracias a esta exposición sorpresiva y al carisma de su cantante Courtney LaPlante, hicieron que buena parte del Parque Sarmiento arme más de un pogo al son de un híbrido un tanto genérico de Djent y Metal Industrial y dejando la sensación de que podrían presentarse en solitario y lograrían cómodos resultados.
Luego del obligatorio cambio de escenografía y preparación de equipos llegó el ansiado momento. Cuando las luces se apagaron y detrás del telón los músicos de KORN se instalaron en sus posiciones la marea humana creció considerablemente en fuerza. Fue entonces aquel momento cuando esa campana de ride insistente se une a los flashes de bajo y guitarra que cualquier tesis sobre tal género o tal banda pasan a un último plano y por un momento la realidad se trasladó a Woodstock 99 dónde KORN es la banda más salvaje del mundo y su potencia no tiene rivales. Es inútil poner en palabras el estallido generalizado que Blind provocó en el público y a la vez permitió entender ese vínculo que generó el primer KORN en una audiencia que siente en su corazón que la década de los noventa nunca terminó y que el grupo en cuestión nunca grabó un mal disco. Fieles a su estilo y ni bien la primera canción finalizó, Jonathan Davis comenzó con ese particular e inconfundible estilo vocal que le dieron identidad a un género y Twist logró que el pogo no se detenga. Cantados a rabiar por un público todoterreno, las canciones de KORN en vivo lograron lo que seguramente sea el deseo de cualquier artista: sobrevivir al paso del tiempo, y así lo demostraron Here To Stay y Got The Life, otra dupla perteneciente a ese joven KORN que parecía escupir hit tras hit en álbumes como Follow The Leader (1998) o Untouchables (2002).
A nivel sonoro KORN tuvo la efectividad de un tanque de guerra. Un sonido clarísimo y prolijo, algo casi milagroso para un lugar al aire libre y de semejante capacidad, permitió que cada integrante brille por su cuenta. Las guitarras de Stephen “Munky” Shaffer y Brian “Head” Welch, siempre filosas y con ese cuerpo que fundaron un género, se escucharon consistentes y al frente durante toda la noche, al igual que la voz de Davis quien dentro de la escena del nu metal envejece como uno de los mejores cantantes de su estilo, acusando el paso del tiempo pero aún llegando a ese timbre sufrido y quejumbroso, cualidad que se lució especialmente en Clown, una de las mejores canciones del catálogo de la banda y que sirvió nuevamente para recordar al primer álbum del quinteto. Es imposible referirse al sonido de KORN sin hacer mención de su base rítmica, formada por el bajista Ra Díaz quien cumple más que satisfactoriamente el difícil rol de reemplazar al histórico Fieldy y por el baterista Ray Luzier quien sin dudas se erige como el integrante más virtuoso del grupo. Con un estilo más emparentado al progresivo y al aspecto técnico, Luzier logra adornar y complementar las canciones de KORN gracias a la inclusión de arreglos complejos pero que calzan a la perfección en el sonido del grupo, agregando un plus de vértigo destacado.
Did My Time cumplió con la cuota de Take A Look In The Mirror (2003) y si bien el público la recibió de forma aceptable, la sensación que comenzó a acechar levemente fue aquella que indica que los discos de KORN post Untouchables podrían tener menor o nula representación en vivo que a nadie le molestaría demasiado. Quizás haya sido por su lugar en el setlist, detrás de gemas absolutas que opacaron su momento, pero cuando llegó el turno de Shoots and Ladders y Jonathan Davis apareció con su clásica gaita escocesa, la recepción volvió a ser de fervor absoluto ante la presencia de otro hit del primer álbum, que además contó con la ya clásica inclusión de One de METALLICA sobre el final.
Llegó así el segmento más confuso de la noche y es ese donde la banda interpretó el single Reward The Scars y Cold del álbum The Nothing (2019) momento que la respuesta del público osciló entre la indiferencia y la oportunidad para chequear los celulares. Si bien no hay nada que discutir acerca de la calidad de dichas interpretaciones y mucho menos de la decisión de la banda de incluirlas, la sensación que prevalece es que el público de una banda como KORN busca en un recital ese shock de adrenalina y nostalgia que de alguna forma resumen la historia del nu metal originario. Un público cuya actitud pareció indicar que es respetable el recorrido por fuera de las etapas de gloria, pero que no hay que olvidar qué los trajo acá. Coming Undone y Twisted Transistor de See You On The Other Side (2005) generaron un efecto apenas más caliente, con algunos pogos aislados y mayor acompañamiento, pero fue recién en Dirty y especialmente en Somebody Someone que el asunto repuntó y todo volvió a estar en su lugar, demostrando que un discazo como Issues (1999) siempre es bienvenido y que forma parte de esa selección premium que es la discografia de KORN desde su debut hasta, se podría decir, Untouchables.
La banda se permitió una rareza y Ball Tongue sorprendió a más de uno quien no esperaba oír una de las canciones más pesadas de KORN en un rescate inusual de su primer álbum. Aprovechando la pausa entre canciones, Jonathan Davis se tomó el tiempo para agradecer a todos los presentes y también para pedir disculpas por lo prolongado de su ausencia. Cualquiera que haya leído una de sus letras notará que es un tipo sensible y eso se demostró en sus palabras y en su rostro, visiblemente emocionado. Irónicamente, en ese momento pidió a todos que levanten el dedo índice y dio pie así a Y’all Want A Single, que cortó con toda solemnidad y logró que treinta mil almas gritasen “fuck you” al unísono. Cuando pareció que todo estaba por finalizar, y luego de que una selección de música ambiente evitase que la llama se apague, la banda cerró la noche con una selección de sus canciones más populares de Life is Peachy, Issues y Follow The Leader: la pegadiza Falling Away From Me fue coreada por la totalidad del Parque Sarmiento, revalorizando esa estructura simple y efectiva que le permitió rotar sin parar por los canales de música allá por 1999. Luego A.D.I.D.A.S. y su impronta veloz y pesada convirtieron el campo en una discoteca del infierno, mientras Davis miraba atónito al público y hacía gestos arengando el desmadre. Finalmente, y como no podía ser de otra manera, fue el turno de Freak On A Leash, el mayor hit de la carrera de KORN y la canción que seguramente les aseguró un nombre para toda la historia, no solamente por ser una gran canción sino también por ese interludio donde Jonathan Davis escupe esos sonidos inentendibles y fascinantes tan suyos. Serpentinas de por medio en el momento más groovero de la canción, llegó la hora de la despedida y KORN se retiró del escenario mientras Davis hacía reverencias y Munky y Luzier regalaban baquetas y púas al por mayor.
Con un público por momentos extasiado y por otros indiferente, la última visita de KORN a la Argentina se destacó en lo técnico por un sonido inmejorable: volumen alto y claro. En lo que respecta a la banda, se nota que los años les han dado experiencia y todos cumplen de manera sobresaliente con lo que se espera de ellos. Respecto a su repertorio, la conclusión se presta al debate e ingresar en ese terreno ya es discutir la propia historia del nu metal: bandas que basan el 85% de su repertorio en su primera época, casi ignorando décadas de trabajo, seguramente tengan algo que decir artísticamente. Tal vez sea la consciencia de que su público, ansioso de una escena y un momento en particular, se confirma con más de lo mismo. Lejos de ser un problema, es solamente un diagnóstico de situación; ante la duda, es mejor congelar el tiempo en algún punto entre 1995 y 1999, cuando el nu metal vendía millones de álbumes y MTV dictaba las reglas. Parece que mientras todo se mantenga más o menos así, este estilo tan discutido tendrá fidelidad asegurada en Argentina. Al menos a KORN le funcionó más que bien.
Texto: Franco Felice – Luis Gallucci
Fotos: Cortesía Julián Sabra (producción)
Agradecemos a DF entertainment y Gomez Caje Prensa por la acreditación al evento.
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