Año: 2026 | País: Argentina | Género: Melodic Symphonic Power/Gothic Metal | Sello discográfico: BVM Records | Lemmymómetro: ♠♠♠♠♠♠♠♠♠ (9/10)
Llega a nuestra redacción un nuevo material de estudio en formato físico. Sí, en CD: esa pieza de colección que a las bandas hoy les cuesta un enorme esfuerzo editar, pero que nos devuelve el placer de disfrutar de un espectro sonoro que la compresión del streaming simplemente nos arrebata. Más allá de eso, BETO VAZQUEZ INFINITY, tras 26 años de carrera (si mis matemáticas no fallan), llega con un nuevo disco de estudio (el 8° de su carrera) y el mismo llega con varias connotaciones diferentes en relación a sus antecesores, marcando cierto quiebre. Si bien siempre hablamos de una matriz musical sustentada en el power metal más sinfónico, en esta placa queda en claro que los matices un tanto más extremos han llegado cobrando otro tipo de protagonismo, no solo desde lo musical, sino también en la estética visual.
Infernum, desde su título y arte de portada, advierte sobre la densidad de su contenido. El misticismo clásico que posee el disco es nuevamente innegable, con la presencia nuevamente de voces femeninas muy talentosas, como la de Melani Hess (HESS, banda de Rosario), pero aparecen voces un tanto más guturales que me dan otro cuerpo a la placa, más agresiva, más oscura y hasta por momentos, en el transitar del disco, de toques Nepalezcos (vestigios thrashers), con un bajo con mucha más cruda presencia y violencia al momento de ser grabado/mezclado y con un sonido súper crudo, el cual refleja otro camino a lo mostrado en otras ocasiones, trazando un rumbo sonoro sustancialmente más orgánico y directo.
Como es tradición, la lista de invitados vuelve a ser un pilar fundamental y esta no ha sido la excepción, ya que llegan al disco viejos conocidos como Javier Bagalá (NEPAL), Victor Monin, Hernán Chaves (reconocido luthier e integrante de POWER AND GLORY y ex-FALCON), Magnus Westman y Andrey Yuzhakov. Este elenco se acopla con fluidez a la formación estable que encabeza la mencionada Melani Hess en la voz principal, junto a Lucas Lukaszewicz en guitarras, a Daiana Benítez en teclados, Guillermo Carpintero en batería y, por último, el mentor de todo esto, Beto Vázquez en bajo.
Fiel a su costumbre, la obra ha sido netamente escrita y cantada en inglés y, de los once temas con los que cuenta, uno solo forma parte del pasaje instrumental, My Element, el cual, como en su mayoría, ha sido escrito por el mismísimo BV y también es menester contarles que lo ha editado su propio sello independiente, BVM Records. Grabado entre los años 2023 y 2025, fue mezclado por el bajista en FDS Studios y la masterización estuvo a cargo de Jonatan Barsuglia (quien hace de operador de sonido en vivo de ellos y de NEPAL).
En términos de producción musical, te vas a encontrar con una placa que se destaca por un balance instrumental quirúrgico donde nada queda solapado, todo suena equilibrado, siendo el bajo el eje medular y punzante del disco en toda la transecta. En el arranque con Morbid Fascination, queda más que claro que la música la hizo Beto junto a Daiana, y deja en evidencia esta cohesión, ya que son los dos elementos más relevantes de la canción, junto a una voz que se escapa de la naturaleza vital de otras cantantes argentinas del palo.
Por otro lado, piezas del rompecabezas como Broken Soul indican la presencia de una banda mucho más visceral en relación con su antepasado, como quien dice, que van más al hueso con riffs incisivos que van directo al hueso en una grabación que respira, evitando la saturación moderna. Los solos de Lukas le dan una suerte de proyección y una técnica de precisión depurada distinta, ensamblándose con las métricas e intrincados patrones de doble bombo de Guille, situación que también se refleja en la trabada, trabajada e intrincada Feel the Void, erigiéndose probablemente como uno de los pasajes más lindos del disco; se oye justo cuando la guitarra y el teclado se funden al unísono en un solo de otro nivel.
Continuando el desmenuzado del disco con Silent Scream (que nada tiene que ver con el clásico de HALFORD) se desata la podredumbre de la banda junto a las voces aportadas por parte del mencionado Victor, que le dan el carácter más extremo a la placa en el meridiano de la obra. Los solos que llegan por parte de Javier aportan el contrapeso clásico, articulando un diálogo fluido entre la agresividad de las voces y la solidez de la base de bajo y guitarra, cortando un tanto esa pesadez y dándole cierto clasicismo a la canción, llevándola quizás hacia otro eje, pero nada se pierde, todo se transforma con las aguerridas bases de bajo y viola.
Mercenary redobla la apuesta en términos de velocidad y peso. Con los instrumentos claramente emparejados desde la ecualización (la guitarra nunca opaca la línea de bajo) y una voz sumamente versátil que se adapta a varias consecuencias musicales, aparecen ciertos virtuosismos en el disco con solos de todo tipo entrecruzados para darle paso a Kill Technology, canción que Beto compuso junto a Hernán, y que, sin ir más lejos, tiene ese gancho que trae el violero abajo de su brazo, fusionando speed metal y hard rock en sus venas ya desde el riff de apertura, donde se muestran claramente los ejes sobre los cuales la canción se va a sustentar. Para este track convocaron a Magnus, cuya impronta se aleja del registro lírico habitual de la cantante líder, Melani -que dicho sea de paso, realiza un trabajo impecable en todo el disco- para aportar un matiz más rasgado.
Destination Anywhere es engañosa como un falso espejismo, ya que arranca y te lleva a pensar en que puede transformarse en LA canción de medio tiempo del disco, pero nada de eso sucede. Hablamos de un tema netamente power metalero que rápidamente muta en cuanto entra a cantar Andrey “Vocaluga”, un nuevo invitado. Si bien el ropaje sinfónico nunca se pierde, acá sí se siente el poder de los vestigios de la clásica música alemana, que al parecer tanto caracteriza en su gusto al principal compositor de BVI.
El pasaje instrumental otorgado por My Element es casi imperceptible, aunque funciona como un nexo sutil, ya que, simulando un viento de fondo y un lindo y armónico solo de bajo, se une rápidamente a la acelerada y heavy Spirit, canción que por momentos, al galope, desestructura al disco del eje más sinfónico, lírico y orquestal, aunque el teclado y los solos de guitarra por momentos remonten al disco sobre su eje más natural. Ya casi en el cierre llega Disconnected, que desconexión no posee nada, sino por el contrario, le da un cierre a la placa con mucha potencia y le pone el broche de oro a un disco parejo y mucho más pesado y aguerrido que otras cosas ya creadas por las decenas de músicos que han pasado por la banda. Para la despedida final con el bonus track The Long Goodbye, damos con una canción con una métrica mucho más trabada y con voces/coros solapados que se autorrematan entre Melani y Víctor, uno de los mencionados invitados.
BVI reafirma su vigencia y, a pesar de algún que otro detalle de salud ya superado, dice presente nuevamente en la escena con un nuevo disco que trae consigo cosas nuevas y que a la vez levanta gran parte del recorrido más melódico de la banda, pero definitivamente sí el más pesado cuando hablamos de su estructura. Infernum es un verdadero infierno musical, así que si estás dispuesto a repasar gran parte de la trayectoria de la banda en una sola escucha, podés hacerlo con esta placa, que trae consigo lo que el músico ha bajado de su cabeza y ha implementado claramente para diferenciarse de su pasado con los míticos NEPAL a fin de mantener su identidad, cosa que no es nada fácil. No ha sido sencillo, pero si nos remitimos a lo que su carrera representa, la diversidad de sonidos, matices e invitados le ha indicado a la banda que claramente el camino elegido ha sido un éxito. A la discografía me remito.

