Hay bandas que simplemente dejan de tocar durante un tiempo y su ausencia genera la sensación de que algo quedó pendiente, en una escena donde muchas veces el paso de los años termina diluyendo proyectos hasta el olvido. Pero el hecho de regresar después de casi tres años no es solamente volver a ensayar, preparar un repertorio y subirse nuevamente a un escenario: también implica reencontrarse con una historia, con una identidad construida a lo largo del tiempo y con una escena que, inevitablemente, ya no es exactamente la misma.
MALICIOUS CULEBRA pertenece a esa generación de bandas que entendió que la autogestión podía ser mucho más que una alternativa frente a la falta de oportunidades. Con una trayectoria construida a fuerza de escenarios, trabajo independiente y una búsqueda constante por profesionalizar su propuesta, el grupo de la zona sur de la provincia de Buenos Aires logró convertirse en uno de los nombres que marcaron una etapa particular del metal argentino, llegando incluso a representar al país en Alemania luego de imponerse en la instancia local del Wacken Metal Battle.
Ahora, casi tres años después de su última presentación, MALICIOUS CULEBRA vuelve a encontrarse con el público. Pero el regreso no parece plantearse como un simple ejercicio de nostalgia: hay nuevas experiencias, una escena diferente y, sobre todo, una banda que tiene que descubrir qué significa volver después de todo lo vivido. En la previa de esta esperada presentación, tuvimos el gusto de charlar con Javier Quiroga, bajista y vocalista de MALICIOUS CULEBRA, quien recorrió junto a nosotros la historia de la banda, los años de autogestión, aquella experiencia inolvidable en Wacken, el extenso parate y las razones que finalmente llevaron al grupo a decidir que era momento de volver a los escenarios.
El reencuentro tendrá lugar el sábado 12 de septiembre en Zadar Club de Wilde, donde MALICIOUS CULEBRA volverá a desplegar su propuesta de groove metal después de casi tres años de ausencia. Las entradas se encuentran disponibles a través de Passline y también pueden adquirirse directamente con las bandas. Porque algunas bandas regresan para recordar quiénes fueron. Otras lo hacen para descubrir quiénes pueden ser ahora. En el caso de ellos habrá que esperar al 12/9 para descubrir de qué lado de esa historia se encuentra este regreso.
¿Cómo estás? ¿Cómo te trata el año? ¿Cómo viene todo? Creo que, desde entonces, todos los años han sido un poco caóticos, ¿no?
Totalmente, creo que todavía no me acomodé. Después de la pandemia quedó bastante raro. Pero bien, este año particularmente vino bien. Después de la pandemia tuve un terremoto, tanto yo como los pibes de CULEBRA. Por eso fue la decisión de frenar, por ejemplo. Pero hoy por hoy, ahora, este año, estoy bárbaro, la verdad. No me puedo quejar. Está mejorando, va para arriba.
Y empezó con esta novedad, ¿no? Después de casi tres años sin subir a un escenario, anunciaron la vuelta. Tres años en la vida de una persona, por ahí es poco, muy poco. En la vida de una banda es un montón. Depende de las longevidades, ¿no? Pero bueno, ¿qué tuvo que pasar para que CULEBRA sintiera que era finalmente el momento de volver?
Es un montón estar tres años sin tocar. La verdad es que es muchísimo tiempo. En realidad, nunca dejamos de sentir lo que nosotros, como grupo, sentimos entre nosotros; nunca dejamos de ser familia. Muchas veces las bandas se disuelven, no sé, porque se pelean, porque hay un quilombito de plata o algo así. Siempre hay algo que genera la pregunta: ¿Por qué se separaron? ¿Qué pasó?, y en este caso fueron distintas cosas personales por las que dijimos: “Bueno, vamos a poner nuestras vidas privadas por delante de la banda”. Porque la banda, para quien tiene una, sabe que se te va comiendo como un monstruo, y por eso decidimos frenar. Pero hubo algo adentro; o sea, nosotros nunca paramos de vernos, de comer asado, de juntarnos, y hubo algo interno que nos hizo decir: “Bueno, necesitamos tocar“. Yo particularmente, hablando por mí, frené dos años de tocar; dos años literal sin agarrar un instrumento, y de repente quise tocar para varias bandas, sin contar a CULEBRA.
Empecé a hacer miniproyectos, qué sé yo… (piensa) y de repente, en un cumpleaños en el que tocamos los CULEBRA en modo privado, dijimos: “Che, loco, esto que sentimos, estas miradas que tenemos y que son únicas entre músicos en el escenario, ese momento en el que te das cuenta cuándo le pifiaste y cuándo no, ese disfrute y esa complicidad la teníamos solamente entre nosotros”. Fueron muchos años, entonces empecé a joder a los chicos diciendo: “Che, ¿da para volver?”; “No jodas”, decían, qué sé yo. Después, otro jodía con lo mismo, y la verdad es que la sensación de tocar con gente con la que tocás hace tantos años, con la que nunca pasó nada extraordinario negativo, y con quienes seguimos siendo familia y amigos, cuyos hijos son amigos entre sí… después de todo eso, es como: ¿Por qué no tocar de nuevo? Queríamos volver a sentir eso que sentíamos desde que tenemos, no sé, 15 o 16 años.
Claro, y aparte ustedes empezaron en 2007; por eso te digo, fue un tiempo bastante prudencial en el que tocaron de forma continua. ¿Vos creés que en algún momento, dentro de estos tres años, sintieron: “Che, me parece que CULEBRA ya no va más”, más allá de que la relación humana estuviera firme?
Me parece que en estos tres años que frenamos (y creo que cada músico tiene su propia lectura al respecto), si me preguntás a mí, te daría una respuesta, pero otro integrante te daría una distinta. Para mí, CULEBRA frenó en el momento en que tenía que frenar por nuestras vidas personales. Quizás decir que la escena también lo necesitaba sea muy ególatra, porque no es eso; creo que cada banda debe ver su historia desde su propia visión, entendiendo cómo es el under. Pero, en particular, creo que nosotros veníamos con un envión que después dejé de notar. Sentí que no había nada que sorprendiera en el under, aunque las ganas de tocar estuvieran. Entonces, ese parate me parece que fue necesario para verlo con otra perspectiva, porque nos había empezado a comer el trabajo que genera la banda: el tiempo, la energía, todo.
Llegué a un punto en el que estaba viviendo para CULEBRA, y creo que a mis compañeros les pasaba lo mismo; se perdió lo esencial, o al menos hubo esa sensación de que ya no tocábamos solo porque nos gustaba. Eso afectó lo personal y llegó al punto de decir “no puedo más con esto”. Ahora, viéndolo a la distancia, ante la pregunta de si CULEBRA debió dejar de tocar, creo que cada uno se lo plantea de distintas maneras. Pienso que si hubiéramos tenido otras herramientas que aprendimos después, quizás la banda estaría en otra posición o con otra sed, por así decirlo. Hoy las cosas siguieron su curso; aprendimos a ser quienes somos gracias a CULEBRA y a lo que nos dio el proyecto. A veces pienso que estuvo bien que llegara hasta donde llegó y que dejara su granito de arena, sin importar si fue en mucha o poca gente. Pero después me cuestiono: “Che, ¿y si explotamos estas herramientas y seguimos?”. Ese cuestionamiento está todo el tiempo, así que hoy por hoy no sabría decirte con certeza.

Mencionaste algo fundamental, porque considero que ustedes forman parte de una generación de bandas que comenzaron a entender la autogestión de una manera nueva, ¿no? Desde producir sus propias fechas, generar su público y conseguir escenarios, hasta alcanzar oportunidades fuera de la provincia e incluso del país. Todo esto bajo la premisa de “no pagues para tocar”. Mirando hacia atrás, ¿sos consciente de que ayudaron a construir una metodología de trabajo que hoy forma parte de su legado y que se ve reflejada en gran parte de la escena actual?
A veces uno se olvida del impacto que puede tener lo que dice, sea la banda que sea. Y cuando pensás en las bandas que siguen en esa lucha, o en todo lo que hiciste en su momento y cómo era antes, sí, somos conscientes. Lo hemos hablado entre los cinco: antes no se podía hacer esto, ahora los pibes lo hacen; y no por mandarse la parte de decir “ah, gracias a mí”, para nada. Sí diría gracias a esa generación de músicos que dijeron basta, que dijeron que no y que fueron copiando fórmulas. Eso está buenísimo. Por ejemplo, hubo un momento en que dijimos: “Vamos a organizar una fecha”. Éramos re pendejos, me acuerdo, y averiguamos: “¿Cuánto sale alquilar este lugar? Tanto. Bueno, lo hacemos nosotros”. Porque antes, para alquilar un lugar, tenías que ser productor; había como una fantasía de que no te querían pasar contactos porque “no, ¿cómo te voy a pasar ese dato?”. Una fantasía terrible. Pero nuestra generación fue disruptiva con esto, la tuya, la mía; dijimos basta y empezamos a hacer nuestras fechas. Nos agrupamos con bandas que ya lo hacían, les copiamos el sistema y ellos nos copiaron a nosotros. Esa copia hermosa, ese germen, se ramificó.
Después podés cuestionar cuáles son las vertientes que están mal, pero lo bueno es que te lo preguntes; que te cuestiones también para qué cantás. Dentro de los géneros que empecé a tocar, a veces me planteaba: “¿Por qué toco esto? Quizás buscaba un ingreso extra, pero después pensaba: “¿Por qué toco con CULEBRA? Y ahí no me sentía loco; cada letra que cantamos la siento. Sigo sosteniendo que, si subo a cantar metal, es para dar un mensaje de lo que sea. He tenido charlas con colegas sobre por qué ser tan repetitivo con ciertos temas, y yo me pregunto: “¿Por qué no?”. Podemos tener variantes, pero sí, soy consciente. A veces uno se olvida de qué tan potente puede ser una letra, ya sea para bien o para mal. Uno se olvida, pero después toma conciencia. Es importante subrayar esto porque las nuevas generaciones a veces se olvidan de ciertos terrenos que fuimos ganando. E incluso los mismos que levantaban banderas con nosotros a veces se olvidan y no cumplen esa misión que veníamos sosteniendo hace tantos años.
Bandas como ustedes y otras generaron un movimiento que logró que los lugares grandes fueran más accesibles para los proyectos emergentes. Sin embargo, desde que dejaron de tocar, o mejor dicho, desde que hicieron este parate, parece que esa accesibilidad está mermando nuevamente, ya sea por cuestiones políticas o económicas. ¿Cómo ves este panorama? ¿Sentís que la escena cambió mucho desde 2023 hasta hoy en términos de derechos adquiridos para los músicos?
Para mí, la referencia principal es la pandemia. Vino a cuestionarnos, para bien o para mal, un montón de cosas; cambió los paradigmas de cómo nos manejábamos, cómo ganábamos plata o no, y todo lo demás. Ya sea en el ámbito laboral o privado, que en mi caso profesional estuvo buenísimo porque se abrieron un montón de puertas; por otro lado, el metal se vio afectado. Para mí, esas bandas venían con un envión de la puta que las parió, pero zarpado, arrasando como si fuera una estampida de Jumanji. Venían rompiendo todo y se frenó de repente. Si bien algunas siguieron y empezaron a crecer otras bandas con estos mismos “derechos adquiridos”, hubo otros que no. Y ahí empezó a reflotar otra vez la idea de: “No, si vos querés tocar, bueno, mirá, ahora la nueva modalidad es tanta plata, primer puesto, tantas entradas…”. Y vos decís: “Loco, está todo bien, pero…”. Ahí hasta me atrevo a decir que cada uno de los integrantes de CULEBRA pensaríamos diferente en ciertos detalles para pulir, pero yo no digo que, por el hecho de ser músico, me tengas que pagar sí o sí. No necesariamente, porque seamos realistas: hoy, siendo un tipo más grande, digo que hay que comer y hay que vivir. La persona que te ofrece el lugar tiene que comer y vivir; esto es un negocio, aparte de música y arte, entonces tiene que haber un circuito. Y para que ese circuito exista, hay que ceder en ciertas cosas; no se puede exigir sólo por el hecho de tocar. Eso lo digo por mi parte, pero me parece que no hay que abusar de los músicos. No podés estar todo el tiempo pidiendo por el hecho de que “yo te invito, vos tenés que…”. No, hay que ser un poco más vivo. Si a uno no le cierran los tratos, hay que tratar de buscar variantes: dónde tocar, con quién tocar, y no aceptar la primera de cambio. En vez de decir: “Tengo que vender tantas entradas para cubrir este super show porque les prometo que nos va a ir bien” y convencer al resto de la banda para que después no pase nada; habría que replantearse qué podemos mejorar nosotros en sonido y propuesta para que a la gente le llame la atención, sin tener que convencer a personas que están esperando a otra banda y no a vos. Eso suele pasar.
Para mí, todo eso reflotó a partir de la pandemia; cambió porque empezó a crecer de nuevo ese germen de “no, bueno, pero yo quiero tocar y así es más fácil”. También he escuchado eso de “no quiero hacer el trabajo de ser productor”. Está bien, lo entiendo, es un re quilombo, pero a veces es más fácil alimentar a un monstruo más grande e invisible. Después son esos mismos los que no pueden conseguir otros lugares, porque las bandas que ganaron esos derechos van a seguir teniéndolos. Seamos honestos: a las bandas que ya tienen una actividad copada no les modifica que un pibe esté pagando para tocar hoy por hoy, pero sí modifica la escena en general. Sería muy egoísta de parte de todas estas bandas que sí estuvieron en lucha olvidarse de lo que pasó. Entonces, para mí, tras la pandemia creció eso de volver a pagar para tocar. ¿Existe esa lucha? Sí, sigue existiendo, hay lugares donde se hacen fechas gratis, pero tampoco creo que sea la única respuesta. Vuelvo a hablar por mí en este caso, ojo.
Está bueno lo que decís, porque es una línea muy delgada entre el arte, el disfrute, el goce, la expresión de los sentimientos o el alma, como cada uno quiera llamarlo, y el negocio. Está claro que hay gastos, como el alquiler del bar; eso sería, creo, lo único que se debería pagar, además del alquiler de equipos y demás. Pero bueno, al haber más oportunidades, hay también más bandas dispuestas a aceptar estas condiciones, y eso genera esto: “Está bien, te rindo X cantidad de entradas”, pero ¿qué público orgánico hay realmente detrás de eso? Porque uno puede invitar gente, pero si después no hay personas que realmente te vayan a ver, eso también mata un poco la capacidad de la banda para crecer orgánicamente, ¿no?
Sí, yo creo que cada músico que lea o escuche esto, y cada persona que venda arte, tiene que ser honesto y hacer un mea culpa. Yo soy consciente de que tuve etapas: etapas en las que pedía, por favor, que viniera gente; etapas de muy pendejo donde decía eso; y etapas donde simplemente decía “que venga a quien le guste”. Y después, otras etapas donde sentía que había que mover la fecha porque, claro, hay que vender. Es complicado. Para mí, esforzarse tanto para vender y sentir que tenés que obligar al otro a ir crea una cadena; quien escuche esto se va a sentir identificado porque pasa eso, el tener que ir y cumplir con una fecha para que después te devuelvan el favor… No. Todo eso hace que el público no sepa si es tan genuino. Yo, honestamente, ahora, más viejo o lo que sea, y después de haber frenado un tiempo, me alejé un poco del under. Yo digo: “Loco, si querés venir, vení”. Es así. Si querés venir, buenísimo, aguante, vení, porque tengo muchas ganas de compartir esto con vos. Si no tenés ganas, no te sientas obligado, porque no por venir te voy a invitar a otra fecha; quiero que vengas y disfrutes como yo esto. Y sí, ¿qué pasa con el público?, ¿es genuino o no? Depende, depende de cómo lo veas. Porque he visto situaciones de recitales en los que se movía mucha gente solo por la promesa tácita de volver a compartir tablas en ese lugar. Pero es una promesa tácita, no porque el otro te diga: “Vení, que yo te prometo…”. Y esa no es la búsqueda. La búsqueda es ir a verte porque tengo ganas de disfrutar tu música; y si me querés invitar, genial, y si no, no importa. Ahí, cuando uno se aleja un poquito, lo ve desde otro panorama y dice: “Yo disfruto verte”.
Claro, es que ahí surge esa diferencia enorme entre querer tener una banda y querer construirla. En algún momento con MALICIOUS CULEBRA, o mejor dicho, ¿en qué momento sintieron que habían dejado de ser un grupo de amigos haciendo música para convertirse en algo con una identidad propia, un objetivo claro y desarrollar todo esto de lo que venimos hablando?
Hubo varias situaciones bisagra en las que nos planteamos si esto funcionaba o si debíamos parar. A veces te desgasta tanto, colocás tanta energía y expectativa, que cuando las cosas no salen como esperabas, el bajón es fuerte. Pero también hay que celebrarlo; esos bajones te ayudan a calmar y a retomar con otra mirada e impulso. A nosotros, al menos con Viti (Víctor Petix, guitarrista de MALICIOUS CULEBRA), nos pasó en tres situaciones particulares. Cuando éramos pibitos, fuimos a grabar Mecanismo de defensa y el productor, a quien le agradecemos hasta el día de hoy, nos dijo: “No, ustedes no están listos para grabar, no están tocando bien. Vuelvan en un año, ensayen con metrónomo y regresen”. Fue un golpe directo al ego, pero en lugar de enojarnos, nos fuimos, practicamos con metrónomo durante ese año y volvimos para grabar el disco. A partir de ahí, llenamos el Club Tucumán; fue genuino. Gracias a South Tremor (NdR: colectivo de metal emergente de la zona sur de Buenos Aires, promovido por CULEBRA) y un montón de movidas que veníamos haciendo, eso nos dio el impulso para seguir. Después fuimos por más y decidimos grabar en Panda. Pasaron varios años entre disco y disco, remando mucho, y recuerdo que estuvimos en una fecha de TAENIA, la primera formación de los pibes; estábamos de espectadores y le dije a Viti: “Che, si esto no funciona, ya fue”. Era la última fecha. Pero pasó lo de Uniclub, con la presentación de Como un animal. La gente estaba en la vorágine de si tocaba FRATER; estábamos todos en esa, compartiendo, y pasó lo de Uniclub, donde no podíamos creer lo que estábamos viviendo. Luego vino lo de Wacken. Fueron situaciones que nos pusieron en jaque y nos hicieron decir: “Bueno, si esto funciona, sostenelo”. Si funcionó tocar con click, sostenelo en vivo. Si funcionaron las buenas fotos, la lírica o la actuación, sostenelo. Hoy por hoy, esa búsqueda quizás no está, al menos en mí; lo que tengo son ganas de sacarme la bronca del día a día con mis compañeros de hace casi 20 años y tocar en el escenario. Quien quiera venir, que venga a disfrutarlo, no necesariamente con una búsqueda particular, sino repasando nuestra historia y brindando lo que siempre entregamos: nuestro corazón.
Nombraste algo muy interesante que justamente iba a saltar a ese tema, que es el Wacken Battle y todo lo que causó. ¿Vos sentís que ese fue un techo que lograron alcanzar o fue el inicio de un nuevo camino en el que podían apuntar a algo más, incorporando, como dijiste vos, las cosas que funcionaron?
No, no fue un techo. Creo que cualquiera que tenga un proyecto no debe nombrar nada como techo, porque si lo hacés, te limitás. Al contrario, eso abrió un montón de puertas; sigo teniendo contacto con gente de allá y trabajo para allá gracias a Wacken. Gracias a que somos inquietos y a que no había muchas bandas, aunque me perdí de ver a varios grupos por estar hablando con gente, hoy trabajo para esos lados. Nos ofrecieron ir a dos festivales más después de Wacken; es decir, la propuesta gustó. Creo que Wacken no fue un techo ni de casualidad; podríamos haberlo explotado mucho más, seguro. Cuando fuimos, recién ahí abrí el Instagram; estábamos allá y dijimos: “Che, bueno, hay que tener un Instagram de CULEBRA porque todo el mundo lo usa”. Hay muchas herramientas que no sabemos usar, incluso yo que trabajo en los medios; soy diseñador, pero no entiendo de algoritmos de Spotify. Mi compañero de trabajo sí lo sabe, pero yo no lo exploto. A lo que voy es que nosotros, de manera arcaica, hicimos lo que pudimos con el corazón y de forma profesional, dejando alta la vara de nuestro under. Íbamos con gacetillas y con una sed distinta a la de otros músicos; los demás no tenían gacetilla, no llevaron merch, no llevaron nada. Nosotros les metimos nuestra historia a todos los que pudimos: los discos, lo que hacíamos, de dónde somos, todo. Contábamos cómo la gente nos ayudó para viajar. Para mí abrió puertas; esto no significa que CULEBRA exista a partir de Wacken, sino que viene con una historia previa. Gracias a todo eso pudo llegar hasta ahí, y le pasó a todas las bandas que lograron algo similar: es porque ya traen una historia de trabajo constante. Así que no fue un techo, pero sí lo hubiéramos aprovechado mucho más de haber tenido otras herramientas. Lo que sí me parece que fue una piña en la jeta fue la pandemia; eso lo voy a sostener siempre. Cuando ocurrió, estábamos por presentar Hacer la Tierra como en el Infierno y tuvimos que suspender; y cuando volvimos para intentarlo, pasó lo de la operación de Lauti. Pero bueno, como te digo, es también una historia de autosuperación.
Más allá de que lo de Wacken tiene sus años, no fue hace tanto tiempo; pero el público siempre se renueva. Se viene ahora una fecha de retorno y seguramente habrá mucha gente que se pregunte por esta banda que toca en Zadar; hay una generación que no los conoce, gente nueva que empieza a salir. A vos, nuevamente, a Mimo, ¿te gustaría que esa gente sepa que tocaron en Wacken o este es, en el contexto actual, un show más que da pie a lo que va a pasar ahora el 12 de septiembre?
Qué loco. Cuando volvimos de Wacken, a mí me molestaba un poco que nos presentaran simplemente como la banda que había ido allá, porque en ese momento CULEBRA ya tenía una trayectoria de unos diez o catorce años. Teníamos una carrera, una historia haciendo cosas, habiendo formado parte de South Tremor junto a bandas como PROAGRESSIÓN, ÉBOLA o DESCARNADO desde que eran muy chicos. Había todo un camino recorrido con distintas bandas con las que compartimos escenario, por lo que no era solo Wacken. Aunque sí estuvo bueno porque puso la mirada sobre nosotros y sirvió para que dijeran “miren a estos chabones”. Pero nosotros ya veníamos haciendo giras y moviéndonos mucho. En lo personal, a veces me chocaba, pero entre nosotros está claro que, si me presento afuera, digo que fui a tocar allá y lo pongo en el currículum. A veces, por dedicarnos al arte, sentimos la culpa de pensar “si digo esto parece que me agrando”, pero hay que mostrarse; si no, ¿cómo te creen? Es cuestión de mostrar el video y decir: “Mirá, acá estábamos haciendo esto”. En cuanto a cómo quiero que nos recuerden las nuevas generaciones que no nos conocen y que ojalá se copen, me gustaría que nos vean como una banda que tiene algo para decir. Eso seguro. No tanto como “la que fue a Wacken”, sino como un grupo que expresa cosas, porque a veces nos olvidamos de que las bandas tienen que transmitir un mensaje, y no todas lo hacen. Hablo de las bandas que tienen cantantes, no de las instrumentales: tienen la oportunidad de decir algo y no lo hacen, menos aún en un género tan guerrero como el metal, que va siempre al frente.
Ya lo mencionaste como parte del leitmotiv de su regreso y lo volviste a remarcar, que aún tienen cosas para decir. En ese sentido, ¿qué sentís que tienen para expresar hoy que no se está diciendo en la escena actual?
Que se remarque mucho más a los gritos, en las notas para tocar, y que se vuelva a significar la palabra memoria. A nosotros nos viven criticando con lo de “no pagues para tocar”, nos dicen “dejen de afanar con eso”, como si yo me hubiera armado tres casas con el tema, cuando lo hacemos de forma genuina. Nuestras canciones no dicen todas lo mismo, pero sí van por la misma vereda; entonces al facho le molesta un toque eso y, como tiene redes sociales, entra a bardear. Creo que nos olvidamos un poco de la parte social del metal, por lo menos de la historia del metal nacional, y me parece que está bueno volver a reivindicarla. Tampoco digo que no haya bandas que canten sobre eso; sí las hay, hay bandas que dicen “no pagues para tocar”, como SUPRBIYA, VIOLENT EXECUTION, AGAINST, o los chicos de NVLO que lo sostienen a rajatabla. No es que no exista, pero en las nuevas generaciones se está dejando un poco de lado el hablar de algo más y el sostener principios como el no pagar para tocar, memoria, verdad y justicia. Para mí es eso lo que volvemos a reivindicar. Y sobre todo el mensaje de que no nos disolvemos por peleas boludas de guita; las bandas tienen la posibilidad de tocar en buenos lugares como invitadas y llevarse un mango, que esa es la idea. Más que lo que se dice, importa lo que se hace: la energía que le vamos a poner en vivo, el corazón que le vamos a meter… todo ese combo es lo que se van a llevar, y me gustaría que se sostenga para que… si un pibe ve eso, lo disfrute. Si el mensaje no te gustó y te hizo ruido, ya me encantó; si te gustó y te hace investigar más, mejor todavía. Y si no te gustó y sos de los que dicen boludeces, está buenísimo igual. Hoy por hoy, siendo más grande, ya no me cuido con lo que digo, como por ahí sí lo hacía antes.
Después de casi tres años, volver tampoco significa retomar exactamente donde habían dejado todo, ¿no? ¿Vos sentís que hay cosas que quedaron en la CULEBRA de hace tres años que no van a seguir pasando, ponele? Una boludez, por ahí, de hábitos, de situaciones puntuales, ponele, ¿no?
Sí, creo que, antes que nada, es imposible mantenerse del todo constante. Volver después de tres años a lo que dejamos… y aclaro que hablo de lo que significaba para nosotros, ¿eh?, no de cara al público. Está bueno remarcar esto para que quien lea entienda que no lo digo desde la perspectiva del público, sino por lo que CULEBRA representaba internamente y el desgaste que nos generaba. Ese monstruo que se creó con la constancia y la exigencia no lo podemos retomar tal cual, porque antes teníamos un ritmo activo y la gente nos conocía de otra manera. Hoy hay una renovación de público que no nos conoce, y nos toca volver desde cero para muchos. Además, sabemos que cuando dejás de andar en bici, al principio cuesta volver a agarrar el ritmo. Para que la rueda vuelva a girar, necesitamos otra constancia y otra mirada. Lo positivo es que vuelve la formación anterior, pero con otro espíritu, sin la presión con la que frenamos en su momento. Volvemos al origen del disfrute total, sin importar qué pueda pasar después. Obviamente, quedaron cosas en el tintero: teníamos planificado un disco de tres partes con nueve temas cuyos temas ya están compuestos. Llegamos a sacar la primera parte, Así en la Tierra como en el Infierno, y faltaron la segunda y la tercera. Era un plan muy ambicioso, pero hoy ni nosotros sabemos qué nos va a pedir la banda. Siempre vamos a hablar de CULEBRA como una entidad aparte y viva.
Y también en este regreso, que aprovecho también la consulta, también, vos dijiste que vuelven para remarcar algo, que es un mensaje nuevo, un mensaje renovado, si se quiere. Pero este regreso también, ¿va a traer algo de música nueva, algo de retomar las giras, o va a ser un show reunión tal como está pactado hoy, por ejemplo, en la plataforma Passline?
Es un show de reencuentro, como figura en la plataforma, pero con la diferencia de que interpretaremos canciones que jamás hemos tocado en vivo o que hemos tocado muy pocas veces. Vamos a recorrer toda la historia musical de CULEBRA, o al menos ofreceremos una o dos canciones de cada etapa. Va a ser un show largo y contaremos con un set sorpresa de covers que no solemos hacer. No habrá música ni composiciones nuevas, ya que todo se dio de manera muy rápida y genuina: nos juntamos a comer, surgió la idea de volver y cerramos la fecha sin planificación previa ni ensayos anteriores. Aunque cada uno está explorando su faceta artística individualmente y no sabemos qué pueda gestarse a futuro, hoy por hoy no hay material nuevo en marcha. Aun así, quienes nos siguen desde hace años se van a llevar sorpresas con temas de los discos que casi no han sonado en vivo.
Una pregunta que me había olvidado: ustedes se caracterizaron, en sus materiales, por sumar muchos invitados copados. ¿Hay alguno de ellos que esté dando vueltas para subirse un ratito en Zadar? ¿O es solo CULEBRA con amigos?
Van a haber invitados dentro de nuestro underground local. No lo planificamos demasiado para no comprometer a nadie ni cargarnos de presiones. Queríamos hacerlo lo más simple y genuino posible respecto al sentir de cada uno al tocar. ¿Qué queremos? Tocar, listo. Tendremos un buen sonido, algunas luces y el show que buscamos, pero sin cargarnos de más. No habrá invitados muy pesados, sino personas muy especiales para nosotros dentro de la escena local.
Obviamente, ya tocamos varios de los temas más importantes que eran pertinentes al regreso, al show y demás, pero bueno, nuevamente, después de tres años, para Javier Quiroga, ¿qué tendría que pasar justamente el 12 para que cuando bajes del escenario los mires a los pibes y digas: “Che, la verdad, valió la pena volver”?
Ya me estás generando ganas de largar el llanto, boludo (risas), pero en serio, es algo que para mí es muy importante, es muy emotivo. Justamente cuando arrancamos a decir: “Che, vamos a volver a tocar; hubo llanto esa noche. O sea, hay mucho sentimiento metido en la historia de CULEBRA. Tal es así que yo dejé de ir a fechas por haber dejado de tocar en CULEBRA, porque me hacía mal ir y saber que no estaba CULEBRA en mi vida. ¿Y qué tiene que pasar? Primero, que todos los músicos que toquen, las bandas invitadas que son especiales para nosotros, la pasen bien, que se sientan cómodos, que digan: “Che, loco, la pasé bien”. Y después, que el público disfrute todo lo que pase esa noche. A mí hay algo que me queda marcado: el hecho de que canten alguna canción, alguna estrofa, algo… el que canten con nosotros, el que griten. Ese momento, aparte de compartir con mis amigos, mis compañeros, mi familia de CULEBRA… si pasa eso de mirar a Viti, que estemos gritando, puteándonos con la gente y que la gente nos putee a nosotros, y que Lauti pase por atrás mío que siempre me jode; que pase todo eso juntos y que la gente esté feliz. Y lo digo de corazón: no importa la cantidad, sino la calidad del disfrute que tenga la gente que vaya. No me importa si se llena; claramente me va a llenar el alma y voy a decir “¡guau, qué loco!”, pero con los que estén va a ser suficiente, siempre que estén disfrutando el show a la par nuestra.
Bueno, te agradezco tu tiempo y predisposición, así como los de Viti, con quien gestioné la nota; valoro mucho la charla. Te dejo este espacio para que comentes lo que desees: ya sea para recordar las redes sociales de la banda, invitar al show, repasar algo del disco o dejar un mensaje general. El espacio es tuyo.
Más que recordar las redes sociales, primero: ¡aguante MALICIOUS CULEBRA! Nos encuentran en YouTube, Instagram, Spotify o Facebook como @MaliciousCulebra, o directamente como CULEBRA para los amigos. Pueden escucharnos en cualquier plataforma; ahí van a encontrar videos, fotos y nuestros discos, aunque algunos los sacaron y deberíamos volver a subirlos. Pero más allá de eso, prefiero dejar un mensaje que es importante y que a veces se deja de lado: hoy por hoy, el tema de las redes es mega importante para que las bandas lleguen afuera.
Obviamente, lo más importante es la asistencia a los shows, que las bandas estén prendidas fuego y que nos den un buen show como espectadores, ¿no? Eso es lo primordial, ese ida y vuelta. Y que se genere un circuito donde el fotógrafo, el iluminador, el mánager, todos están laburando, compartiendo y generando arte. Pero también, a veces, desde el sillón de nuestras casas, es importante tener en cuenta que con un “me gusta”, una compartida o un “seguir”, a las bandas las ayudan un montón. ¿Por qué? Porque así llegás a otras personas desde otro lugar. Lo digo como referencia, porque a veces uno dice: “Yo las escucho, pero no les pongo ‘me gusta’ o no las sigo”, y es muy importante. Y no solamente para el proyecto de una banda, ¿no? Para cualquier proyecto: ya sea radio, cine, lo que sea. Sirve un montonazo que la misma gente que dice que apoya, desde su casa y sin ir a ningún lado, ponga un “me gusta”, comparte o deje un simple comentario; eso ya alcanza y sobra. Nada, eso para pensar. Y no paguen para tocar, no sean boludos, no maten a los pibes. ¡Aguante el arte y aguante la música!
Entrevista: Luis Galluci
Foto de portada: Prensa banda
También podría interesarte
-
Entrevistamos a Jorge Moreno Jr. de ZARKAS: “Mucha gente nos desvalorizó por la edad, pero se puede autogestionar y grabar un disco a los 17 años”
-
Entrevistamos a Gabriel Chaile de WERKEN: “Se trata de resistir y seguir luchando sin dar el brazo a torcer”
-
Entrevistamos a Beto Vázquez de NEPAL: “Nepal fue una banda bastardeada por no ser ‘ex nada’, pero la perseverancia nos dio nuestro lugar”

