PRIMAL FEAR en vivo en Argentina: “Manteniendo la llama viva del heavy metal”


Fecha: Jueves 16 de abril, 2026 | Hora: 20 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Teatro Flores  | Bandas invitadas: TREN LOCO – JERIKO

Hay noches en donde las palabras parecen no alcanzar para describirla. Lo sucedido en Flores el 16 de abril fue de una magnitud inmensa, repleta de emociones y efervescencia. No fue un mero recital más. Fue un festival con todas las letras, donde el heavy metal fue la premisa y sus intérpretes, todos ellos de talla internacional, plasmaron su esencia en cada riff , en cada golpe de batería, como asi en su actitud y prestación de rebeldía. Si bien la noche estaba dedicada principalmente a PRIMAL FEAR, uno de los exponentes más imponentes del género, que regresaba a suelo argento tras casi tres años para dar inicio a su gira latinoamericana bajo el nombre Domintation tour, siendo nuestro país el punto de partida, lo hecho por quienes oficiaron de soportes, de bandas invitadas mejor dicho, fue sublime, logrando una aceptación tal como si fueran las bandas estelares. Claro está que no eran dos grupos improvisados. Tanto TREN LOCO como JERIKO llevan varias décadas siendo parte y protagonistas de la escena local y su trayectoria los ha llevado más de una vez a girar por países vecinos. Y a la misma altura que los músicos, estuvo la gente, que, aunque tímidamente fue llenando los huecos del Teatro de Flores, demostró en todo momento, una vez más, que el público argentino no es uno más del montón; que las flores que constantemente nos tiran desde el escenario son fruto de la fidelidad y devoción por quienes están en el piso dejando hasta la última gota de sudor de principio a fin, convirtiendo la pista en una hoguera tan caliente como el mismismo infierno.

La velada comenzó con TREN LOCO. Si bien de los integrantes que dieron luz y sentaron las bases de este proyecto allá por 1990 no queda ninguno, la calidad de los músicos que lo conforman hoy, nada tiene que envidiar a los originales. Todos concuerdan con que Cabral es Cabral y pocos hay como él, sin embargo, Daniel Medina (IN-DIOS, ex JERIKO, entre otros) tiene la capacidad no solo de acercarse a los registros de Carlos, sino sumar su impronta, quebrando la voz para matizar las canciones. Con un repertorio breve, pero al hueso, repasaron la historia de la banda en ocho temas, siendo el clásico Venas de acero, del disco homónimo, el que inició tras la apertura del telón. Aun con un recinto escueto en concurrencia, los que acudieron temprano se hicieron sentir como un malón, paleando la falta de gente que aún restaba por ingresar. Dentro de la lista, Fuera de la ley fue de los puntos más altos, con un Dany Wolter enardecido tras los parches mientras Soler y Wilson hacían lo propio, sacando jugo a las guitarras. La despedida llegó de la mano de Tempestades, clásico de su primer disco que, como era de esperar, fue coreado por la gente, que entre aplausos despidió a la banda que, nuevamente, demostró porque es un referente local y porque su presencia en la noche estaba justificada con creces.

Minutos pasadas las 20 hs, hizo su presentación JERIKO. Los locales, que mantienen una formación bastante estable desde mediados de los 90´, donde si bien, hoy es dueño del micrófono el señor Juan Soto, curiosamente lo que más a mutado es la voz, habiendo tenido entre sus filas a referentes del metal nacional como Walter Meza (HORCAS), Iván Sención (WATCHMEN) o el mismo Dani Medina (TREN LOCO). Con una performance impoluta donde el sonido fue creciendo de menor a mayor, lograron gran nitidez y poder, renovando así su compromiso con el público, que por la hora ya iba copando los últimos rincones de Flores. Libre otra vez del disco Instinto (2007), fue la encargada de abrir la serie. Al igual que su antecesora, contaron con poco tiempo sobre el escenario, por lo que su setlist incluyo únicamente ocho temas. De los más destacado pasó Tierra violada, No Pares con un Germán Rodríguez rabioso tras la batería, concluyendo su presentación con Reventado, tema que incluyó la visita del vocalista de TREN LOCO para acrecentar la locura en el piso. El cierre fue entre aplausos y una gran ovación, dejando la sala en estado de ebullición para lo que estaba por acontecer.

Pocos minutos antes de las 21:30 hs, las luces se esfumaron para dar paso al plato fuerte. Con la intro de We Walk Without Fear, los músicos fueron ocupando sus lugares y tras esta breve introducción, dio arranque al show con Destroyer, tema de su último trabajo Domination. El descontrol absoluto tomó partida y el caos generalizado copó cada rincón del recinto, y más aún cuando ingresó Ralf Scheepers, quien paseo por todo el escenario saludando a la gente con mucho ímpetu. Non-stop llegó I Am the Primal Fear, con un vocalista arengando a la gente a saltar, cosa que no hizo falta porque de principio a fin, el piso estuvo colmado de almas enérgicas que no aflojaron en ningún momento de corear y poguear. Tras unas breves palabras de agradecimiento por la presencia, llegó el primer y tan anhelado cantico desde el piso, con un “…primal fear, primal, fear” ensordecedor que ruborizo la cara de los músicos. Con los aplausos de fondo, dio comienzo Final Embrace para desatar una nueva ola de locura y dejar a flote los dotes de André Hilgers, quien tras los parches tuvo durante todo el show una precisión quirúrgica y demencial. 

“…ole, ole, ole…” se escuchaba abajo del escenario, mientras arriba Ralph bailaba y saltaba al son de la melodía y sus compañeros, sobre todo la única integrante femenina del equipo, Thalìa Bellazecca, parecía no comprender el espíritu alentador de los argentinos. Con su gran cabellera y su sonrisa de oreja a oreja, se la veía disfrutar de un espectáculo que claramente no vive a diario, donde se cantan los riffs y corean hasta los solos de guitarra.

…vivamos la noche del jueves como si fuera un sábado” deslizó el Ralph y dio paso a un clásico esperado por todos. Nuclear Fire arrasó El Teatro como un huracán, no dejando un pie en la tierra. Pogo y saltos movieron el piso como un terremoto. Sin frenar, pero bajando varios cambios, Seven Seals dijo presente y afloró el lado más emotivo y menos agresivo. Mientras culminaba dicho tema, se presentó el primer “gran” problema de sonido de la noche. Todo fluía con normalidad, con algún instrumento un poco más arriba que otro en cuanto a volumen, pero nada grave, hasta que, concluyendo la canción, todo el sonido desapareció, quedando en un silencio absoluto. Scheepers que tiene décadas de experiencia, trató de hacer pasar desapercibido el asunto, haciendo cantar a los presentes y así mitigar la ausencia de la música. Si bien esto duró pocos segundos, generó cierto desconcierto entre la gente que, de todas formas, pasó muy rápido la página y continuó con The Hunter como si nada hubiera ocurrido. El repertorio siguió con Tears of Fire y King of Madness, donde el alemán, antes del comienzo del tema, utilizó su magistral voz para jugar con la gente, haciendo que repitan las melodías que él interpretaba, cosa nada sencilla ya que estamos hablando de una de las mejores voces que la tierra vio nacer. 

Así llegamos a uno de los puntos más calientes y álgidos de la noche con The End Is Near. Locura arriba y abajo del escenario. En cuanto a los músicos, parecía que iban a perder la cabeza. Thalìa revoleó los pelos sin parar, mientras impartía verdadera clase de guitarra. Hay que admitir que conlleva mucha destreza moverse como lo hizo, mientras interpreta esa canción. Mientras tanto, el piso era una olla a presión. Una marea que se movía hipnotizada por las estrofas de la canción. Tras este momento de insania, llegó el instrumental Hallucinations, haciendo que Ralph abandonara por un instante el escenario dejando como protagonista al gran Magnus Karlsson quien se llevó como premio una catarata de aplausos y gritos por su master class de viola.

Fighting the Darkness continuó la lista, con ambas guitarras jugando en complicidad, mientras su vocalista hacía un cambio de outfit y aparecía con la remera de Messi de la selección Argentina, cosa que generó revuelo y ovación. Mientras abría una lata de cerveza, y disfrutaba de fondo un nuevo “…ole, ole, ole…”, aprovechó para presentar a la banda. Todos se llevaron a casa un recuerdo invaluable. Todo el lugar coreando el nombre de cada músico, aunque hubo un acento especial para las últimas dos incorporaciones, Thalìa Bellazecca y André Hilgers. En cuanto al bajo, siempre es de la partida Matt Sinner, pero ya habían informado que no podría participar de la gira latinoamericana y en su reemplazo, otro que fue muy aplaudido, tomo su lugar Dirk Schlächter (GAMMA RAY), un viejo amigo de Scheepers. Finalizado este emotivo momento, la música siguió su curso con Chainbreaker, donde nuevamente, el show se vio apenas opacado por otro problema de sonido. En medio del tema, todos los instrumentos bajaron su volumen al punto de estar casi inaudibles, retomando la normalidad rápidamente. Quienes tuvieron la oportunidad de estar arriba, comentaron que el sonidista quedó pasmado al igual que los músicos, pero por suerte todo volvió a su cause y terminaron la canción sin más sobresaltos.

“…Les gusta el metal?”…preguntó el alemán, para dar inicio a Metal Is Forever, la antesala al cierre, que como bien aclaró su fundador, no son de irse y volver en los bises, no les gustan las falsas despedidas argumentó, por eso una vez finalizada, agradeció otra vez por el acompañamiento y rápidamente entonó las frases de Running in the Dust, para terminar de exprimir a los presentes, culminando un show que quedará en la memoria de todos los que acudieron.

Así, entre el rugir de los amplificadores y una comunión pocas veces vista, la noche encontró su cierre perfecto. TREN LOCO encendió la mecha con oficio y contundencia, JERIKO sostuvo la llama con una actuación firme y convincente, y finalmente PRIMAL FEAR se encargó de convertir todo en un incendio imparable. Lo de los alemanes fue mucho más que un espectáculo: fue una demostración de poder, experiencia y vigencia, de esas que marcan la diferencia y justifican cada expectativa generada. Flores fue testigo de un recorrido que fue de menor a mayor hasta alcanzar un clímax demoledor, donde cada canción fue un golpe certero y cada gesto una reafirmación de su estatus. Cuando las luces se encendieron, lo que quedó no fue solo el eco de una gran fecha, sino la certeza de haber presenciado una verdadera celebración del metal en su estado más puro.

Texto: Santiago Izaguirre

Fotos: Joaquín Oñate

Agradecemos a Marcela Scorca de Icarus Music por la acreditación al evento. 

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