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Entrevistamos a BEN MENTZNER de FEUERSCHWANZ: “Ya nadie quiere ver a una banda que toque en jean y remera”


A veinte años de su formación en Erlangen, FEUERSCHWANZ llega por primera vez a Sudamérica y se presentará en la Argentina el 23 de abril de 2026 en El Teatrito, con el peso de haber atravesado una transformación poco común: de proyecto nacido al calor de la sátira medieval, el humor burlesco y el rock festivo a una de las referencias actuales del folk metal alemán, con un sonido que también dialoga con el metal medieval y, en su etapa más reciente, con rasgos cada vez más notorios de power metal. Fundada en 2004 por Peter Henrici, la banda construyó desde el comienzo una identidad propia a partir del uso de seudónimos, la teatralidad escénica, el imaginario de época y una relación deliberadamente irónica con la escena medieval germana, aunque con el paso de los años esa matriz fue endureciendo su perfil musical, ampliando su alcance y consolidando su peso dentro del circuito europeo. En ese recorrido, el ingreso en 2007 del cantante y multinstrumentista Ben Metzner, conocido dentro del grupo como “Prinz Richard Hodenherz III” o “Hodi”, coincidió con una etapa decisiva en la que FEUERSCHWANZ empezó a afirmarse con más fuerza desde la combinación de guitarras más pesadas, instrumentos tradicionales y una ambición escénica cada vez mayor. A esa evolución se sumaron hitos concretos como el pasaje de un estilo que la propia banda definía en sus primeros años como “medieval folk comedy” hacia una orientación más afirmada y ambiciosa, la firma con Napalm Records y una serie de discos que terminaron de instalarla entre los nombres más visibles del género en Alemania. Además, Metzner proyectó esa impronta también por fuera del grupo con DARTAGNAN, la banda que fundó junto a Felix Fischer, confirmando su lugar dentro de una escena que cruza tradición, espectáculo y metal con una naturalidad cada vez más celebrada.

Nunca vinieron a Sudamérica. ¿Qué expectativas o curiosidades tienen, especialmente sobre el público argentino?

Por lo que escuché hasta ahora de otros músicos y demás, en esta gira vamos a pasar por Ciudad de México, Bogotá, Santiago, Buenos Aires y San Pablo. Y, por lo que me dijeron, una de esas ciudades es la menos intimidante de todas: más bien muy hospitalaria, muy cálida, un lugar donde se siente bien estar..

Tal vez Buenos Aires y Santiago sean las ciudades más amigables para ustedes. ¿Habías escuchado algo en particular sobre nuestro público?

Lo que vi es que hay algunas bandas alemanas que tocan allá. Creo que DIE TOTEN HOSEN dieron muchos shows en Argentina en el pasado, así que evidentemente hay algún tipo de conexión. Todavía no la entiendo del todo, pero ¿cómo podría entenderla? Nunca estuve ahí. Voy a ser un poco más sabio dentro de dos o tres semanas. Tampoco esperamos multitudes gigantes, por supuesto: es la primera vez. Puede pasar cualquier cosa, de cero a héroe. No tengo idea de qué va a pasar, pero ya me siento agradecido solamente por poder vivir esto una vez en la vida. Recorrer un continente entero en una semana es una locura. Y además lo veo así: no es “Sudamérica” como si fuera una sola cosa. Sudamérica es un continente. Es como viajar por Francia, Alemania e Inglaterra, todo al mismo tiempo. Va a ser demasiado para procesar y entender, pero voy a tratar de absorberlo como una esponja. Y quizá vuelva algún día, ya sea de vacaciones o para otro show. No lo sé. Pero como es la primera vez, la idea es más bien: “hagámoslo y listo”.

Durante muchos años, el humor y la poesía fueron una parte muy importante de la identidad de la banda. ¿En qué momento sentiste que eso podía convivir con una faceta más épica o más seria?

En realidad, la primera canción realmente seria que escribí —aunque hoy no sea de las más famosas— fue una canción sobre mi madre. Ella murió cuando yo tenía 18 años y yo me uní a la banda cuando tenía 17. Entonces, todo eso está muy conectado con mi historia, con mi pasado, con mi juventud, con mi pérdida más grande y, al mismo tiempo, con mi oportunidad más grande, porque entré a la banda y perdí a mi madre con aproximadamente un año de diferencia. Años después escribí una canción sobre eso, y fue la primera vez que notamos que también podíamos ser serios, que también podíamos escribir sobre nuestros sentimientos, y que eso no se sentía mal ni forzado. La gente realmente lo valoró. De hecho, fue al revés. A partir de ahí, tardamos algunos años en ordenar esas ideas, en probar cosas. Y otro punto de inflexión fue la pandemia, cuando publicamos el álbum Das 11. Gebot (2020), que incluía una canción sobre vivir cada día como si fuera el último. Y la gente conectó muchísimo con ese mensaje por el momento que se vivía entonces, y que en cierta forma todavía seguimos viviendo. Todos los días hay guerras en las noticias y cosas así. Entonces, esos son sentimientos genuinos, y la gente realmente conectó con eso. Nosotros también tuvimos que encontrar nuestra propia fortaleza en el camino para poder crear esa honestidad y esa seriedad dentro de la música. Y me parece algo hermoso, porque ambas cosas pueden convivir. Ese es el poder de la música: podés moverte entre lo más profundo y las emociones más intensas; podés tocar una canción triste y después hacer un corte brusco y decir: “Bueno, secate las lágrimas y ahora vamos a divertirnos”. Y eso es posible. Todo puede convivir en una misma noche, como en una buena película. Una buena película tiene de todo, no solamente chistes estúpidos. Al menos así lo veo yo. Sí, nos llevó algunos años encontrar esa fuerza. En realidad, nos llevó como veinte años. Tardamos más que otra gente. Pero aprendimos muchísimo en el camino, y quizá eso sea una de las cosas especiales de esta banda. Nosotros venimos de tocar arriba de mesas, sin amplificadores, solamente con guitarras, haciendo las cosas más estúpidas en fiestas de castillos, eventos medievales y demás, hasta llegar a todo esto del metal.

¿Y realmente te importa que los tomen en serio o preferís quedarte en ese espacio intermedio entre la ironía y lo épico? ¿Qué lado de la banda te interesa más?

En realidad, creo que yo soy el tipo más serio de la banda. Tenemos dos cantantes, y   Peter Henrici (Ndr. el otro cantante junto a Ben) que fue quien fundó la banda, es alguien que no se toma nada en serio y se ríe de todo. Yo me uní cuando tenía 17 años y la banda ya llevaba cuatro o cinco años girando. Y fui yo el que llegó con la idea de escribir una canción sobre mi madre y ese tipo de cosas. Así que quizá esa faceta venga más de mí. Pero tampoco diría que soy una persona deprimida. De hecho, creo que es más bien al revés: son dos caras de la misma moneda. Y pienso que un mensaje importante de nuestra música, o al menos de la nuestra, es encontrar belleza en la desesperación. Cuando perdés a alguien, eso también puede darte una razón todavía más fuerte para vivir. Puede sacudirte y hacerte pensar: “Mierda, tengo que hacer lo que amo, porque todo puede terminar en cualquier momento”. Y esa es una lección muy importante de la vida. Nosotros la aprendimos en carne propia durante el camino, y eso es lo que tratamos de comunicar con la música.

Algunas de tus letras parecen muy humorísticas en la superficie, pero da la sensación de que tienen capas más profundas. ¿Hay temas que deliberadamente escondés detrás del humor para no ponerlos de manera tan frontal?

Sí, totalmente. Creo que eso es lo más emocionante, y también una de las superpotencias de la música: podés trabajar por capas y decir dos, tres o cuatro cosas al mismo tiempo. Y la gente puede entender lo que quiera entender. Creo que eso es mucho más interesante que ser una sola cosa. Me parece un poco aburrido decir: “Esta es una película divertida, va a ser divertida y nada más; te reís y te vas a tu casa”. Eso me aburre. Me gusta cuando algo rompe mis expectativas y me sorprende. Cuando estoy viendo una película de caballeros y dragones y, de repente, aparece un chiste estúpido. O cuando estoy viendo una película y, de golpe, estalla la violencia y pienso: “¿Qué carajo está pasando?”. Me gustan esas cosas: sorprenderme, sentir que me sacaron de lugar.

Ustedes escriben en alemán. ¿Sentís que hacerlo en ese idioma les permite un tipo de juego lírico o de picardía que tal vez no podrían lograr en inglés?

El alemán es un idioma terrible para cantar. Es muy malo. Es complicado. Tiene reglas muy estrictas. No se puede torcer o doblar con facilidad de una manera que suene bien. Tenés que respetar las reglas; de lo contrario, suena mal y la gente te dice: “Sos un idiota, lo hiciste mal”. Eso es muy distinto en inglés. En inglés podés deformarlo, romperlo, mezclarlo, y suena bien igual. A la gente no le importa. Creo que con el español pasa algo parecido: el español es maravilloso para cantar. Tiene muchas vocales abiertas, sonidos hermosos y demás.

Sí, casi no usan vocales. Tienen muchas consonantes.

Sí, exactamente. Es un idioma terrible para cantar, pero tratamos de esconder eso o de mezclarlo. A veces canto en inglés o en otros idiomas. Simplemente cambio de idioma y no me importa. Puedo cantar el estribillo en inglés, volver al alemán y también cantar el pre-estribillo en español si quiero, porque eso es libertad, es arte, es música. Y eso está buenísimo: si quiero usar chino, ¿por qué no hacerlo? Si sirve para reforzar el mensaje, adelante. Pero siempre trato de volver al alemán, porque no podés esconder tu procedencia. Si sos alemán, la gente lo ve, la gente lo escucha. Se nota incluso cuando cantás en inglés. Y eso es algo hermoso, es algo bueno. Entonces podés usarlo como una fortaleza. Ese idioma terrible, que suena duro o poco amable, podés transformarlo en una herramienta, en una ventaja. Tiene una sensación muy particular, y siempre trato de aprovecharla.

Igual, no diría que el idioma suena mal. Tiene su sonido propio. Hay bandas que cantan en finés, que también podría parecer un idioma complicado, y sin embargo funciona. Cada uno es libre de cantar en su propia lengua.

Claro, por supuesto. Y, de hecho, para mis oídos suena bastante natural cuando los escucho cantar. Así que, para mí, está bien. El año pasado canté en español en un festival con mi otra banda, DARTAGNAN. Hicimos una canción que se llama Mosqueteros y también una versión en español con MÄGO DE OZ. El cantante es amigo mío y no pudo venir al concierto, pero igual queríamos tocarla en español, así que tuve que memorizar la letra. Y fue terrible: durante todo el vuelo y todo el tiempo estaba pensando “mierda, tengo que repetir esto, tengo que acordarme”. Pero también fue muy divertido. Es hermoso cantar en español. Lo difícil es recordar la letra cuando en realidad no hablás el idioma.

Otra cosa que quería preguntarte tiene que ver con el sonido de la banda. Con el tiempo pasaron de un enfoque más folk a algo más cercano al power metal épico, por decirlo de alguna manera. ¿Qué disparó ese cambio? ¿Por qué dejaron un sonido más folk para volverse más metaleros?

Fue, en parte, una decisión creativa. Simplemente fuimos creciendo y dejando atrás toda esa idea de burlarnos de la escena medieval, de hacer cosas malas pero graciosas, todo ese clima de “diversión, diversión, diversión”. Nos cansamos un poco de eso. Y además, para ese momento, ya teníamos un guitarrista realmente increíble. Entonces, claro, si tenés un caballo de carreras delante de un carro, puede funcionar… pero es una estupidez. Sigue siendo un caballo de carreras. Así que mejor llevarlo a la pista y correr con él. Entonces pensamos: ¿por qué no? Es libre, probemos. Divirtámonos. Todos habíamos sido metaleros antes, todos amábamos escuchar metal, así que dijimos: “¿Por qué no intentar hacerlo nosotros también?”. Al principio fue raro. Era como: “No podemos hacer esto” o “No sabemos bien cómo hacerlo”. Cuando nunca hiciste algo así, no tenés idea. Entonces tratamos de encontrar nuestro propio enfoque para todo eso. Y quizá esa también fue una debilidad que terminó volviéndonos únicos en ese momento, porque tuvimos que encontrar una manera propia de tocarlo. No podíamos tocar como los tipos cool, como HELLOWEEN, IRON MAIDEN o quien fuera. Tuvimos que encontrar nuestra propia manera de hacerlo. Y eso es muy emocionante: combinar mundos, tocar un riff metalero con un violín, ver qué pasa si lo hacés con una gaita. Por ejemplo, yo siempre uso guitarras afinadas más abajo y gaitas afinadas más arriba. De esa manera, cada instrumento llega a su punto ideal: las gaitas suenan todavía más chillonas y las guitarras todavía más pesadas. Entonces la combinación funciona muy bien.

No sabía que se podía cambiar la afinación de una gaita.

No es fácil. Hay distintos tipos, pero básicamente hay que construir una nueva.

Y con respecto a los instrumentos: ¿dónde aprendiste a tocarlos? ¿Los estudiaste en la escuela? ¿Fue algo posterior? ¿Es difícil tocar instrumentos medievales?

Aprendí música desde chico. Estudié piano cuando era niño. Y eso me enseñó a aprender instrumentos. Me dio una metodología, una forma de acercarme a ellos. Cuando era adolescente, llegó un momento en el que ya no quise seguir tocando jazz ni música clásica. Simplemente dejó de gustarme. Y mi especie de rebelión fue decir: “Bueno, ahora me voy a meter en lo medieval”. Entonces empecé a comprar instrumentos, a mirar videos online, a tratar de encontrar gente que pudiera enseñarme cosas. Pero siempre fue bastante autodidacta. Siempre tenés que encontrar tu propio camino, porque en realidad no existen escuelas para esto. Es difícil. Muy difícil de encontrar. Además, estas gaitas alemanas son una especie de reinvención de hace 30 años más o menos. O sea: nadie sabe realmente cómo sonaban esos instrumentos en la Edad Media, así que todo esto es, en cierto modo, una reconstrucción. Comprás un instrumento, o te lo construís vos mismo. Tengo amigos que los fabrican. Y después probás, o usás manuscritos antiguos para recrear melodías, y a partir de ahí tratás de construir un estilo, de hacer algo con eso.

Con la cantidad de bandas folk nuevas que existen hoy, yo pensaba que había alguna especie de academia o escuela en Europa para enseñar estos instrumentos medievales. O sea, ¿son todos autodidactas?

Sí, más o menos. Existe toda una escena de gente que toca estas cosas, pero hay muchísimo ensayo y error, mucho entrenamiento autodidacta. Es así. Yo estoy en un punto intermedio. No sé. Simplemente pruebo. Cuando estaba perfeccionando un instrumento, enseguida pensaba: “Bueno, ¿y qué pasa con este otro? ¿Y con este?”. Siempre quiero experimentar una sensación nueva.

Sus shows siempre tienen un componente teatral muy fuerte. Hoy, ¿qué pesa más para vos: la música en sí o la experiencia completa del show?

La música es la base. Diría que, para nosotros, si perdiéramos todo el equipaje en el aeropuerto y solo pudiéramos tocar con los instrumentos que tenemos a mano, tampoco sería tan grave. Seguimos siendo ocho personas en escena, con pasión por la música, haciendo esto desde hace más de veinte años. Así que creo que sabemos lo que estamos haciendo. Pero tampoco somos una de esas bandas que dicen: “Nosotros estamos por encima del show, somos solo música”. Porque cuando vas a un concierto, o cuando una banda sube a un escenario, todo forma parte del show. Incluso si no querés montar un espectáculo, igual ya lo estás haciendo. Hasta la remera que llevás puesta comunica algo. Por eso tratamos de convertir todo en una experiencia. Ya nadie quiere ver a una banda en jean y remera, sin ofrecer nada más. Por eso me meto en el público y canto con la gente. Suena horrible cuando alguien se me choca, se cae el micrófono y pasan esas cosas, pero tampoco importa tanto, porque no se trata de perfección ni de ser una computadora. Se trata de ser humano y de crear algo juntos. Y entonces la gente se va a su casa con la sensación de: “Wow, acá conocí amigos nuevos arriba del escenario e hicimos algo entre todos”.

Si imaginás que la banda deja de existir mañana, ¿cuál creés que sería su verdadero legado para la música y para la gente?

¿Te referís a qué canción?

No, me refiero a qué pensás que la gente o la comunidad metalera va a recordar de ustedes.

Creo que los shows en vivo. De hecho, ya lo estamos viendo. Después de los conciertos, la gente nos dice que creció con nosotros. Yo tengo 36 años y entré a la banda a los 17. Y conozco personas que veían nuestros shows cuando yo tenía 17 y que todavía siguen viniendo. Ellos también eran adolescentes en aquel momento y ahora vienen con sus hijos a los conciertos. Entonces formamos parte de sus vidas. Hicieron tonterías en festivales, vivieron historias, qué sé yo… y nadie puede quitarles eso. Y me parece algo muy hermoso: ser una parte importante de la vida de la gente, de sus historias, de su propia herencia emocional. Capaz conocieron a sus esposas en un concierto, o les pasó algo inolvidable alrededor de todo esto. Siempre están ocurriendo cosas alrededor de la banda. Y ojalá podamos seguir creando recuerdos nuevos.

De verdad espero que se lleven una buena impresión de la gente de acá. No sé cuánta gente va a ir, pero el público argentino suele ser muy intenso, muy físico, muy teatral, así que ojalá tengan una gran noche.

Absolutamente. La vamos a tener, no importa cuánta gente haya.

Entrevista: Estanislao Aimar/Carlos Noro

Fotos: Prensa
Agradecemos a Marcela Scorca de Icarus Music por la gestión de la entrevista.
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