PESTILENCE en vivo en Argentina: “El sonido de la perseverancia”


Fecha: Martes 14 de julio, 2026 | Hora: 20 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Club Bula | Banda invitada: DEAD ROOSTER y BURDEN RAGE

A menos de un año de su última visita a la Argentina, PESTILENCE volvió a pisar suelo porteño en lo que fue una celebración del Death Metal vieja escuela que los neerlandeses ayudaron a cimentar. Cuando se habla de los pesos pesados del género el nombre de PESTILENCE suele quedar, injustamente, levemente relegado del de eminencias como DEATH o CANNIBAL CORPSE, algo que seguramente se deba no a cuestiones cualitativas sino a un motivo que no debería pesar tanto: su origen europeo. Curiosamente, se los ha adoptado como referentes de la escena de Florida del Death incluso cuando hay un oceano que los separa de dicha ciudad. Méritos no les faltan, ya que gemas absolutas como Consuming Impulse (1989) o Testimony of the Ancients (1991) son verdaderas vacas sagradas en su extenso pero irregular catálogo discográfico. Dos álbumes que les permiten girar constantemente y agrupar a las ¿200? personas que se arrimaron al Club Cultural Bula, espacio que a última hora del martes se confirmó como venue ya que la cita iba a darse originalmente en Uniclub, a pocas cuadras. 

Luego de las actuaciones de los locales DEAD ROOSTER y BURDEN RAGE quienes calentaron el subsuelo del local a puro Death feroz y rabioso, el hipertrofiado Patrick Mameli entró a escena con un cartón de leche en sus manos que lentamente fue reemplazado por su diminuta guitarra. Siendo el único miembro original de la agrupación y cara visible absoluta, el público lo recibe con la calidez propia de un pilar del género. Lo secundan sus compañeros quienes, a excepción del baterista Michiel van der Plicht que ingresó en 2020, tienen menos de un año en la formación: el guitarrista Max Blok y el bajista Darío Rudić. La banda entera ya en el escenario aún no comenzaba y se ocuparon tanto de afinar sus instrumentos como de corregir cuestiones técnicas, algo que en un momento pareció extenderse un poco al punto que los cantos del público para que comience la acción se tornaron un poco intensos. Con la aparente solución de los detalles y con un Mameli con cara de pocos amigos, The Secrecies of Horror fue la canción inugural y la que confirmó que el sonido lejos estaba de ser el ideal. Pese a esto, y a medida que la noche avanzaba, el público se mostraba fielmente entregado e incluso ignorando cualquier falencia técnica, algo que se demostró en los mosh y los puños en alto que aparecieron durante esas canciones enormes que son Dehydrated y The Process of Suffocation y que confirmaron que Consuming Impulse es un disco que no envejece. 

La banda parece ser consciente de los desperfectos sonoros, teniendo en cuenta que en más de una oportunidad tuvieron que volver a comenzar una canción o incluso acomodar cables, tal cual se vio al comienzo de Deificvs, única representante junto a Morbvs Propagationem de Exitivm (2021). Más allá de cualquier dilema, la banda acusa profesionalismo y oficio sobre las tablas, logrando que, cuando la acústica lo permite, suenen ajustados y con la prolijidad instrumental que su catálogo requiere. La cercanía con el público permitía apreciar con detalle la técnica veloz de Mamali, a quien su guitarra XS parecía perdérsele entre sus gigantescos brazos y quien demostró un buen nivel vocal esa noche, el virtuosismo y veloz digitación de Rudić quien no levantó la vista del mástil de su bajo en toda la noche y la técnica impecable de Blok, quien a un costado poco iluminado del diminuto escenario cosechó un perfil bajo pero más de un aplauso luego de sus solos. 

Fueron van der Plicht y su batería quienes lamentablemente se llevaron la peor parte, siendo que la mezcla de su instrumento nunca terminó de recuperarse de los desmanes sonoros del principio. Sí bien su ejecución es impecable y fue un lujo verlo aporrear los platillos durante Lost Souls o Resurrection Macabre, los problemas de ecualizacion hicieron que tanto sus toms como el doble pedal se pierdan en la mezcla, saturando o incluso tapando la voz de Mamali por momentos. Un Mamali que con el correr de la noche fue soltando algunas palabras (agradeció a los presentes por la calida recibida e incluso deseó suerte para el partido del día siguiente con un “fuck England” que generó aplausos) y que se guardó la mejor parte del repertorio para el último cuarto de hora del show, dejandolo en claro con un “¿están listos para algo de Death Metal de la vieja escuela?” y logrando que todos sospechen que se era el turno de los temas más celebrados e inoxidables de la carrera de PESTILENCE, y así fue sin más: las infaltables Twisted Truth y Land of Tears de Testimony of The Ancients despertaron un fervor en el público que las recibió como si se tratara de la última gota de agua en el desierto. La precisión quirúrgica de los riffs, la voz podrida y el ensamble general (sumado a que, justo para este momento, la batería parecía finalmente haberse acomodado) generaron lo que pareció ser una celebración a uno de los estilos más podridos de la música extrema, regalando una postal altamente simbólica: mientras una de las bandas insignia del género ejecutaba con maestría algunas de sus mejores canciones, las remeras de NAPALM DEATH, MORBID ANGEL o DEICIDE se amontonaban en el pogo en un mar de sudor y agite. 

Promediando la hora y cuarto y con un Mamali visiblemente exhausto, llegaron otras de las infaltables del asunto: la ganchera Reduced to Ashes y la quizás sea la canción más conocida del repertorio de PESTILENCE: Out of the Body, con ese rugido inicial que se acopla al riff e invita al desastre sin cuidado. Cinco minutos de distorsión y machaques dónde hasta los más precavidos de la noche se sumergieron en el pogo. Al final, un saludo general y la imagen de los mismos integrantes de la bandas desarmando sus instrumentos mientras Mamali y Blok arrojaban púas dieron cierre una noche donde si bien el sonido jugó en contra la mayor parte del tiempo y donde también se extrañó un poco de variación en el set  -algo de Spheres (1993) y su coqueteo con el prog hubiese sido ideal- PESTILENCE se retiró triunfante porque logró darle al público aquello que fue a buscar: setenta minutos de la época dorada del Death Metal. Un viaje exprés por la Florida de comienzos de los noventa dónde un puñado de bandas moldearon un género que amasó fieles como muy pocos lo lograron.

Texto: Franco Felice

Imagen de portada: Fotometalrock

Agradecemos a Noiseground por la acreditación al evento.

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