APOCALYPTICA en vivo en Argentina: “Cuando el metal encuentra otra voz”


Fecha: Jueves 22 de octubre de 2026 | Hora: 19:00 hs. | Lugar: GROOVE | Ciudad: C.A.B.A. | Banda invitada: DEATHMIAN

Innovar es siempre un riesgo, una apuesta. Sabiendo que hay fórmulas que funcionan, algunas más y otras menos, salir de la normalidad puede ser un peligro a veces innecesario. Pero qué aburrido sería si no tuviéramos pioneros y arriesgados. Gente como nuestros compatriotas de ARRAIGO, quienes han fusionado estilos tan distantes como el folklore y el metal pesado, o AURORAWAVE con su reggae metal, han logrado romper esa barrera de la monotonía. En esta misma sintonía, rompiendo con lo tradicional, aparecieron ellos: APOCALYPTICA.

Los finlandeses son pioneros no solo en lo que hacen, sino también en innovación, en romper las reglas. Desde que comenzaron este proyecto en 1992, se propusieron demostrar que los límites musicales podían correrse mucho más allá de lo establecido. El jueves 22 de octubre arribaron a nuestro país con un espectáculo a pura cuerda, dispuestos a dar vida a temas tan gloriosos y exitosos como a rarezas y peculiaridades de nada menos que METALLICA, utilizando sus tres violonchelos y una batería como armas principales. El show tuvo lugar en Groove, en el barrio porteño de Palermo, y contó con una muy buena concurrencia de público. 

Para comenzar la velada, los locales de DEATHMIAN dijeron presente. La banda liderada por el guitarrista Cristian “Heavy” Fernández (DREAM MASTER, CLOUD OF SHADOWS, ZAMARBIDE, entre otros) fue contundente de principio a fin, con un sonido impoluto. Los buenos registros y la actuación de Eduardo Ojuez, sumados al gran despliegue de Víctor Saavedra en el bajo y Ariel Espíndola con su batería rabiosa, supieron ganarse desde el primer riff a un público que, en realidad, había ido a otra cosa. La noche parecía dispuesta a que las cuerdas fueran la única voz en el recinto. Sin embargo, los oriundos de Quilmes quebraron esa idea y le dieron una cuota necesaria de verdadero metal. Si bien tuvieron un repertorio escueto, condicionado por el poco tiempo disponible, supieron exprimir cada minuto, aprovechando la oportunidad para mostrarse y llegar al hueso, directamente a las fibras de los presentes.

Habiéndose calentado la sala, las luces se escondieron poco después de las 21:30 hs. para que, tras una intro, los músicos tomaran posesión del escenario acompañados por una gran ovación. APOCALYPTICA no necesitó demasiadas presentaciones ni discursos para dejar en claro sus intenciones. El comienzo con Ride the Lightning fue una declaración de principios. Los violonchelos distorsionados tomaron el lugar de las guitarras y demostraron que no hacía falta reproducir literalmente el sonido original para conservar su fuerza. El despliegue instrumental fue acompañado por un público que levantaba los puños y agitaba al ritmo de una interpretación que tuvo en sus solos uno de sus puntos destacados. Al terminar, el griterío dejó en claro que la apuesta había sido recibida con los brazos abiertos.

Sin demasiado margen para tomar aire, llegó Enter Sandman. Ahí sí, el recinto se convirtió en una fiesta. La gente coreó, cantó y acompañó cada pasaje con una euforia que fue creciendo hasta desembocar en otra ovación contundente. La conexión estaba establecida: aunque el sonido fuera distinto, aquellas canciones seguían perteneciendo a quienes las habían convertido en parte de sus vidas.

El recorrido continuó con Creeping Death, una elección que volvió a encender los ánimos. Los músicos comenzaron a tocar de espaldas al público, una imagen que aportó un condimento particular a la escena. Desde abajo, los brazos se agitaban al compás de los violonchelos, que avanzaban con una intensidad capaz de derribar cualquier prejuicio sobre las posibilidades de estos instrumentos dentro del metal.

La seguidilla continuó con For Whom the Bell Tolls y The Call of Ktulu. Antes de este último, uno de los músicos se dirigió al público y expresó sus ganas de vivir otra gran noche en Buenos Aires y así recordó una visita anterior, durante el Pepsi Music del 2005, cuando parte de la audiencia, tras unos problemas técnicos que dificultaron la performance de los escandinavos, se había dedicado a gritar “¡Coca-Cola, Coca-Cola!“, aprovechando la rivalidad entre las marcas para bromear durante el festival como si Pepsi fuese la responsable de los problemas. La anécdota despertó complicidad y risas, dejando en evidencia que los recuerdos de aquella experiencia seguían presentes.

La música volvió a ocupar el centro de la escena y, después de una referencia a Cliff Burton a modo de homenaje, el recordado primer bajista de METALLICA, llegó St. Anger. El juego de luces acompañó una interpretación que tuvo en la batería de Mikko Kaakkuriniemi uno de los puntos más fuertes, con un blast beat que aportó una dosis extra de agresividad. La combinación funcionaba: los violonchelos se encargaban de sostener el peso de las composiciones, mientras la batería empujaba todo hacia adelante.

Pero si algo terminó de darle personalidad a la noche fue la naturalidad con la que los finlandeses se movían sobre el escenario y la química que emanaban. Antes de The Four Horsemen, Perttu bromeó con el público y preguntó cuántos conocían el tema, ya que no es de la gama de los clásicos. La respuesta, al parecer, no fue la esperada, ya que hubo muchos más adeptos de los esperados. “…Comencé a tocar este instrumento a los cinco años y esta era una canción que siempre había querido interpretar”…. De esta manera explico por qué el repertorio se alejaba por momentos de las canciones más obvias de METALLICA. Aunque el público pedía otros clásicos, la banda había elegido regresar a su propia juventud musical y rescatar temas que significaban algo especial para ellos. Esa decisión podía dejar afuera a algunos favoritos indiscutibles, pero también permitía descubrir otra faceta de un repertorio que todos creíamos conocer. Tras esto, dio comienzo al tema, el cual, al terminarlo, comentó que tenía una sensación de picazón en la cara que aparece cuando uno agita la cabeza con intensidad, algo que, según él, solo quienes tienen mucho pelo podían entender perfectamente, cosa que desembocó en un inevitable contagio de risas. 

La intensidad volvió a subir con Blackened. Los músicos arengaron y el público respondió sin dudarlo, siguiendo cada indicación y acompañando el desarrollo del tema con los brazos en alto. La propuesta ya no era simplemente escuchar versiones instrumentales de canciones conocidas: era participar de una celebración en la que la potencia del metal se manifestaba a través de una formación poco convencional y así llegó uno de los momentos más fuertes de la noche. Master of Puppets. La interpretación fue una demostración del despliegue musical de los integrantes, con los violonchelos recorriendo sus pasajes más exigentes y una ejecución que mantuvo la tensión de principio a fin. Desde abajo, la respuesta fue total: la gente coreó cada fragmento reconocible y acompañó el tema hasta un final que desató otra gran ovación.

Después de semejante descarga, el público comenzó a entonar el clásico “…olé, olé, olé”. Mientras los músicos, visiblemente entusiasmados, recibieron el reconocimiento con sonrisas y agradecimiento. Perttu, más tarde, reconoció, con humor, que no había terminado de entender el significado de aquel canto de “…olé, olé“, aunque agradecía profundamente la euforia y el cariño recibidos.

Así, continuando con la música, llegó uno de los momentos más esperados. Nothing Else Matters. Kivilaakso quedó solo en escena y se tomó unos minutos para conversar con la gente. Todos, en algún momento, perdemos a alguien cercano, explicó, y presentó la canción como una manera de sanar el corazón en esos momentos. La elección encontró una dimensión distinta en la interpretación de APOCALYPTICA: despojada de la voz y sostenida por las cuerdas, la melodía volvió a demostrar su capacidad para emocionar sin necesidad de grandes artificios.

La química a este punto era innegable. La combinación de sensibilidad y humor terminó de mostrar una faceta cercana de los músicos, muy lejos de cualquier distancia entre escenario y piso. El intercambio también tuvo lugar para las bromas. Entre los regalos que recibieron apareció un minion, que Perttu aprovechó para hacer un comentario divertido y jugar con la idea de convertirse en uno de esos personajes amarillos. “Este va a ser un show memorable“, expresó.

Con una dinámica que tuvo algo de presentación de boxeo, llegó el momento de presentar a sus compañeros. El público respondió con aplausos y cánticos para cada uno: Paavo recibió su propio “olé, olé“, Mikko fue celebrado detrás de la batería y Eicca, señalado como el creador de la banda, también se llevó una ovación masiva. 

Los dos últimos temas completaron el recorrido con una respuesta contundente del público y una lluvia de aplausos que confirmó el entusiasmo sostenido durante toda la noche. Más allá de los títulos que quedaron fuera de las notas, el cierre dejó una sensación clara: habían conseguido convertir un repertorio ajeno en una experiencia propia, sin perder de vista el legado que lo había inspirado.

Al final, la innovación de la que hablábamos al comienzo dejó de ser una idea abstracta. Lo que en 1992 pudo parecer una apuesta extraña —interpretar METALLICA con violonchelos— se transformó en una propuesta con identidad, capaz de combinar virtuosismo, potencia, humor y emoción. Porque romper con lo establecido no consiste simplemente en hacer algo diferente, sino en demostrar que ese camino alternativo también puede conmover, sacudir y reunir a una multitud bajo una misma pasión. Y en Groove, aquella noche, APOCALYPTICA volvió a demostrar que el metal puede encontrar nuevas voces sin perder ni un gramo de su espíritu.

Texto: Santiago Izaguirre

Fotos: Joaquín Oñate

Agradecemos a HP Prensa por la acreditación al evento.

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