Entrevistamos a Chowy Fernández: “BARRO fue un antes y un después en mi carrera”


En la previa de la presentación de Octopus, su cuarto disco solista, entrevistamos a CHOWY FERNÁNDEZ. El reconocido guitarrista en esta interesante charla que mantuvimos, repasa su carrera hasta el día de hoy, pasando por PRONOIA, su histórica escuela con LARRY ZAVALA, y nos contó cómo rompió los moldes de la escena pesada argentina cruzando el metal progresivo con el trap, el folclore y la electrónica, entre otros géneros. Además, nos brindó detalles de su debut como cantante, las zapadas con amigos y todo lo que se viene este 25 de septiembre en La Tangente.

Chowy es un músico hipervanguardista, que cruza el metal progresivo con diversos estilos, pero al final del día, se mide contra el termómetro más implacable y conservador de la escena pesada. Que esa validación exista —y se la tome con esa cintura— define perfectamente su lugar único como el violero atrevido que rompe los moldes sin perder el carisma ni las raíces.

Compartimos con ustedes la nota completa para que la lean, o bien, para que la escuchen por Spotify o iVoox. Con ustedes, don CHOWY:

 

A nuestros seguidores y seguidoras de Metal-Daze, les contamos que hoy tenemos el lujo de recibir a un músico, a mi criterio, inquieto, audaz, sumamente versátil, que ha sabido romper en cierta medida el molde dentro de la escena metalera pesada argentina. Nacido en Azul, se crió en Misiones y tiene un recorrido bastante relevante como guitarrista desde sus inicios en PRONOIA o antes. Ha compartido también escena con nuestro querido amigo LARRY ZAVALA y ha desafiado un poco el límite del metal progresivo, cruzando la estética de su viola con la cuestión urbana y hasta el trap —no soy especialista en el género, pero de los géneros más diversos—, haciendo cosas con BARRO, haciendo unas versiones que después vamos a charlar con nuestro querido Corvata, y también se ha nucleado con músicos internacionales de renombre como Cristian Castro y su proyecto LA ESFINGE, un poco de todo.

La verdad es que desde hace años te vengo siguiendo y me llama muchísimo la atención ese virtuosismo que tenés y cómo has abierto tu cabeza en todo esto y la evolución que has tenido, que ahora me parece que se congrega con Octopus, con este nuevo disco, tu cuarto disco de estudio solista. Así que bueno, le damos la bienvenida a nuestro querido CHOWY FERNÁNDEZ. Quería arrancar preguntándote cómo estás, cómo andás, qué es de tu vida y contarnos un poquitito de vos como para romper el hielo.

Primero, honrado de escucharte hablar y las cosas que decís, muchas gracias. Gracias por el espacio y por la charla. Ahora estamos a full presentando el disco nuevo, mandándole más que nada la prioridad a eso, que es el proyecto solista mío que se llama CHOWY FERNÁNDEZ, como me dicen a mí. Este ya es el cuarto disco y lo estamos presentando ahora el 25 de septiembre en La Tangente, y después tenemos un par de fechas más. Así que estamos contentos y preparándonos para eso.

Inicialmente, me gusta hablar, más en tu caso que sos un músico especialista de la guitarra. Contame un poco cuáles son tus orígenes y tu asociación con la guitarra por ahí de tu infancia, adolescencia o tus primeros acercamientos. ¿Cómo arranca tu historia como violero?

Arranca cuando era chico. En casa siempre había ensayos porque mi viejo y mi vieja tocaban con una banda que tenían ellos antes de que yo supiera tocar. Me levantaba y había una batería, una viola, había instrumentos ahí y tipos tocando, y eso era muy motivador para mí. Me quedaba re manija mirando todo lo que hacían. Después me acuerdo que agarraba la bata y le pegaba, o agarraba la guitarra… Siempre en casa hubo música, entonces todo comenzó más o menos por ahí. A los 10 años empecé a tocar el bajo, después un poco la guitarra, y ya empecé a tocar en la banda con mi mamá y mi papá. Así que me fui curtiendo ahí; a los 12 o 13 años ya sabía que tenía que llegar media hora antes al ensayo (risas).

Qué bárbaro. Y sentís que… bueno, tu nombre quedó un poco grabado en el metal argentino con PRONOIA y después vínculo con LARRY, que creo que te dio otro tipo de fuerza. Hace poco lo vi a LARRY y me contaba que te dijo: “Chowy, ¿qué hacés tocando conmigo, loco?, vos tenés que armarte tu banda, tenés otro nivel” (risas).

(Interrumpe: “Qué grande, LARRY” (risas).

¿Qué aprendizaje de esa escuela más directa y potente del metal nativo te acompaña hasta hoy cuando encarás tus proyectos personales?

Muchas cosas aprendés. Aprendés a ser un líder de un grupo, a cómo tratar a la gente, a bajar el ego y el humo un poco. Te aprendés a mimetizar con lo que el estilo te pide, que a veces no es lo que vos crees que necesita. Eso te hace entender un montón de cosas desde otros puntos de vista y abrir la mente. Sobre todo con LARRY me pasaba eso, que no podía tocar todo perfecto; tenía que ser un poco sucio porque el estilo es medio sucio, y está bien que así sea. Por ejemplo, ahí tuve que ponerme la correa más baja como para obligarme a tocar menos (risas).

Qué loco. Pensaba que sos un guitarrista polifuncional; no le tenés miedo a ningún género ni a nada. Sos como el violero atrevido de nuestra escena.

Siento que cuanto más haga eso, más voy a aprender, y eso me nutre para lo que me gusta a mí.

A eso iba. Tuviste vínculo con Cristian en LA ESFINGE, con CA7RIEL y toda esa historia con BARRO…

(interrumpe) También con Jaz Coleman, el cantante de KILLING JOKE, también estamos tratando de hacer algo con él.

Él está acá en Argentina.

Sí, es otro estilo, nada que ver.

Hoy, por ejemplo, le di play a NOX, otro estilo también. Por eso digo, es muy loco todos los cruces que hacés como violero.

Me gusta…

En ese sentido, ¿cuál fue el desafío técnico y conceptual más grande para adaptar esa guitarra metalera con bagaje progresivo a géneros como el trap, NOX u otros estilos?

Ese tipo de cosas se da naturalmente por invitación, la mayoría de las veces. Cuando alguien me escribe y me dice: “Che, tengo este tema, me gustaría invitarte a que hagas lo que vos sabés hacer”; para mí es más fácil. También que me liberen de la presión de decir: “Tenés que tocar esto tal y cual como me lo imaginé”. Siento que si me vienen a buscar es porque les gusta cómo toco y me van a dejar estar libre, teniendo en cuenta que me voy a tratar de adaptar a la canción. Va por ahí.

Antes era más cerrado con eso, pero después empecé a decir: “Che, ¿por qué no?”. Igual hay que ser selecto, porque no en todas siento que puedo sumar algo o que le va a servir a ellos o a mí. Esto que vos decís de los creces de estilo… podría decir que no, pero en este momento de mi vida estoy para decir que sí, de una, y hacer cosas distintas; si me llega algo parecido a lo que ya hago, ya no quiero, trato de buscar algo que me guste, pero que no sea lo que yo hago.

Es superinteresante cómo tu figura rompió los márgenes habituales del instrumentalista técnico venido del metal progresivo. No siempre se habló de CHOWY FERNÁNDEZ, pero en algún punto tu figura caló en la escena; ¿en qué momento sentiste que se hizo un clic asociado a tu popularidad como músico y que te empezaron a pasar cosas que te movieron el piso?

A partir de que hicimos BARRO, fue un antes y un después, claramente. Cambió todo. Lo que antes era re difícil, ahora era más fácil; por ejemplo, conseguir músicos para mi proyecto solista (risas). Eso antes era re difícil. Ahora es como que tenés acceso más fácil a otras cosas que antes me costaban más. A partir de ahí hizo un clic, ganamos el Gardel y todo.

Sí, te has metido en reversiones loquísimas, como la que hiciste codo a codo con Corvata de “Muy cansado estoy” (V8), donde probablemente el metalero más intrínseco dijo: “¿Qué están haciendo estos locos?”.

Capaz que al que no le gusta, no le gusta, pero es lo que nos salió. Le pusimos nuestra impronta, con respeto siempre. Algo más cinematográfico, por así decirlo.

A mí me encantó esa versión. Pero no debe ser fácil adaptar tu setup y tu criterio sobre el tono de la guitarra para fusionarlo con todos estos géneros.

Eso va pasando. Uno va viviendo cosas, captando diferentes estilos que le gustan y volcándolos en el estilo que le nace naturalmente a cada uno, que en mi caso es este metal progresivo entre comillas. Después eso termina siendo tu huella dactilar propia.

Yendo a tu actualidad con Octopus, vos sabrás decirme, pero con respecto a La muerte del robot o tus anteriores discos, hay un salto grande. Escuchás un disco con otro y no tienen nada que ver, aunque siempre hay una base progresiva. En este disco rompiste una estructura y te llevaste a otro nivel: grabaste todos los instrumentos y programaste las baterías. ¿Cómo fue ese proceso introspectivo de estudio para darle forma al disco?

Eso de programar y grabar todo yo lo hice en casi todos mis discos solistas. En Hypersalto, que es el de 2020, programé todo y después busqué a mis amigos para que grabaran de verdad los instrumentos y le pusieran su impronta. En La muerte del robot también hice todo programado, siempre con la ayuda de Ale Stückner y Fede Stückner (los dos hermanos) —uno es baterista y el otro es productor y toca la guitarra conmigo en la banda—. Voy guardando ideas en cajones, les sigo dando bola a esa idea, y ahí se hace un tema, lo guardo, y cuando me quiero acordar digo: “Acá ya tengo un disco”. Hoy en día bajé muchos cambios, por eso el disco tiene más baladas y me animé a cantar, sacando otra faceta mía que antes no explotaba.

Eso te iba a preguntar. Una diferencia sustancial es que te animaste a cantar y a usar especies de fraseos o métricas cercanas más a la música urbana moderna que venías cultivando, ¿no?

Sí, hay de eso y mucho de folclore. En el tema Alas de escorpión le metí un cajón peruano (risas); es un 6×8 bien folklórico.

Es super variable. Pasás de Mis demonios a otra canción extremadamente progresiva y después aparece un invitado que te lleva a otro nivel.

Por ejemplo, en el tema En busca del milagro hay partes progresivas y de repente hay un riff con la cuerda 7 que es re folklórico (lo tararea). Se fusiona el metal progresivo con toques de otras cosas. Siento que es parte de lo que me gusta hacer a mí y de esa bolsa de recursos de la que hablábamos.

Hay un manejo del disco muy diverso. Hay otra cosa que me llamó la atención, que es el arte de tapa; los detalles nos remiten a las históricas portadas de YES. Sé que laburaste con Mati Ruggeri. Vos mencionaste que aquel pulpo rojo de Roger Dean en la portada de Gentle Giant te marcó mucho en la infancia. ¿Lo que traspolaste a tu portada, con vos atrapado entre los tentáculos, pero siempre con la guitarra, qué representa?

Son la lucha interna contra los demonios que tiene cada uno. Eso es para mí la tapa, y yo estoy ahí peleando a pura música nomás (risas). Por eso también está el tema Mis demonios, que es la balada que representa un poco la tapa.

Claro, el single que salió como adelanto antes de que saques el disco… Volviendo a eso, en cuanto a asumir el micrófono, son dos o tres canciones en las que cantás. Fue un salto de fe enorme decir: “Suelto por un momento la guitarra”. ¿Qué sentiste que podías transmitir con la voz y la guitarra a la vez?

Es algo que siempre me gustó hacer más en soledad. No soy cantante, obviamente, estoy tratando de mejorar. Mucha gente a la que le mostraba mis cosas me empezó a decir: “Che boludo, tenés buena voz, cantás bien”. Ahí me dije: “Estaría bueno tener un tema cantado; a ver si puedo hacerlo”. Lo intenté, lo hacemos en vivo y es algo que me hace feliz y siento que a la gente le gusta. De hecho, es el tema más escuchado del disco. ¿Por qué reprimir esa parte y no hacerlo si en mi proyecto solista puedo hacer lo que quiero? Yo soy el jefe (risas).

Claro, tal cual. 

Eso es lo bueno de no cerrarse a un solo estilo. Si escuchás el último tema, Epic Yit, es una cosa medio loca, electrónica, con violas criollas, pero todo medio futurista, medio cyberpunk; está buenísimo. Tipo un Santaolalla 2.0 (risas).

En este disco se nota la presencia de amigos y la diversidad de músicos: aparece Pehuén (Berdún, ex PLAN 4), CA7RIEL, Montes y una intro muy chistosa de Cristian Castro que parece un audio de WhatsApp intercalado. ¿Cómo seleccionaste a cada uno?

Lo de Cristian fue que tenía ese audio en WhatsApp, lo guardé y cuando vi el tema dije: “Uh, esto va a quedar buenísimo como intro” (risas) y ya fue, lo usé ahí. No es un feat voluntario, es un feat más meme que otra cosa. Después está el Montes en el tema Enredado en el caos, que lo hicimos juntos; a veces invito a mis amigos, boludeamos acá y empezamos a grabar cosas, se pone bueno, armo el tema, le pongo más seriedad y le digo: “Che, ya tenemos un tema juntos, va para el disco”. En Cambio de forma, donde está Pehuén, yo ya había hecho todo y lo invité a tirar unos solos y unos arpegios arriba, y quedó buenísimo. Y en Mis demonios, la primera mitad de la letra la compuso CA7RIEL; el tema ya lo había hecho yo, después lo terminé y ahora lo canto yo. Así que algún día va a tener que subirse a cantar conmigo; (le dice a la cámara) “Vas a tener que subir, ehhhh”. 

Yendo al show del próximo 25 en La Tangente, que no es un espacio de uso habitual para bandas de nuestros estilos, ¿cómo pensás la propuesta técnica para este concierto?

Estoy tratando de hacer eso, que no sea solo metal, porque no es solo metal. Vamos a los lugares engañados y los llevamos engañados: “Che, vamos a tocar en este lugar que está re zarpado. ¿Cómo hacemos para entrar? Mostrale el tema ‘Mis demonios’“. Les mostramos ese tema, entramos a la fecha y después tiramos toda la mierda ahí y no nos pueden parar (risas). Si no, después te dicen: “Esto es muy satánico, ¿viste?” (risas).

El metal progresivo siempre ha sido un género un tanto estructurado y conservador.

Sí, hay distintos tipos de progresivo; hay progresivo más hippie, más moderno y técnico. Yo le digo progresivo porque tiene tiempos irregulares, muchos puentes, solos largos, riffs en un montón de partes…

Con todas estas fusiones urbanas y populares, ¿cómo sentiste la respuesta de los seguidores más tradicionales?

Realmente no le presto mucha atención a eso. Lo hago para mí, como una pequeña tesis hacia mí mismo (risas). Me hago un disco que a mí me guste; si a mí me gusta, va a estar todo bien. Lo largo y lo que los demás opinen no lo puedo manejar. Pero en general recibí re buena respuesta de todos; no hubo nadie diciéndome: “Che, el disco es una mierda”. Hace poco tocamos en un evento grande con muchas bandas, y estaba lleno de “gordos metaleros”, por decirlo de alguna manera, y me canté la balada. Decía: “Si sobrevivo a esto, ya está”. Tiramos los temas de siempre, tiré la balada, y cuando bajé vino un gordo enorme de dos metros y me dijo: “Che, bien ahí, me encantó la balada”. Si me da el pulgar arriba el gordo metalero, ya estoy bendecido (risas).

Para la puesta en escena de Octopus, ¿qué nos podés contar del equipo técnico y la banda que te acompaña?

Tenemos un show armado y buscamos que los lugares estén listos para tener acceso a todo lo que tenemos para llevar. Lucas Urri se encarga de las visualizaciones del show en vivo; pone cámaras, filma en tiempo real y lo mezcla en la pantalla con efectos y videos. Jonathan, de Índigo Producciones, nos hace sonido y ya tiene nuestro audio re calado. En luces a veces está DaiDetzel, en monitores Diego Martínez, y la banda se compone de Agus Rossi en bajo, Ale Stückner en la otra guitarra y producción, Ezequiel Courvoisier en batería y, a veces, dependiendo de la fecha, viene Nico Pons en teclados.

Toda gente que viene de otros palos…

Y la banda suena completamente así, sí, como bien dijiste vos recién. El bajista es más del jazz y del funk, lo hicimos metalero. El tecladista es re fusionero de otro plan y le re suma algo distinto a una banda de metal normal. Es más progresivo lo que hago. El que me conoce y escucha sabe lo que hago. 

De hecho, otro límite que vas a romper en el show es que vas a tener dos bandas invitadas que poco tienen que ver con el metal tradicional, como RUIDO y DHYANA (que es más nu metal). ¿Hablamos de invitar amigos?

Siempre invitamos amigos. A veces del mismo estilo y a veces todo lo contrario. Esta vez son dos bandas que no son tan parecidas a nuestro estilo, pero tocan media hora cada una; después venimos nosotros y esos dos estilos que sonaron antes hacen que el público no se aburra de ver cuatro bandas iguales. Está bueno para abrirse y mezclar públicos; somos todos amigos en común y está bueno que no sea el metalero cabeza que no deja entrar a nadie a ese círculo.

Llegaste a romper un poco las leyes y los moldes no…

Y… la música habla por sí sola; si de repente estás metiendo un tema medio trapero, después medio punk, y de golpe un folclore, un metal progresivo, un poco djent… y decís: “A este chabón le gusta la música, corta, no importa el estilo”. Eso es único, no te pueden editar tan fácil. 

Es como que está en un mundo en donde lo que menos te importan son las etiquetas. Te subís, hacés la música que te pinta y no te importa encasillarte. Va para adelante. 

Como no dependo de vivir de dar shows —doy clases de guitarra y vivo de eso—, cuando toco en vivo me gusta hacer lo que me pinte (risas).

¿Y cómo articulás tu vida de profe con los shows y los discos?

Va de la mano. Mucha gente me escribe para clases porque le gustan los discos y me piden que les enseñe cosas de ahí. Me motiva mucho que venga un pibe que no conoce bandas legendarias y mostrárselas, o enseñarle el primer acorde a alguien que nunca tocó. Siento que aporto un granito de arena a la sociedad.

Además de la banda en vivo, ¿van a subir invitados al escenario de La Tangente?

Sí, seguramente venga el Montes, que es el bajista de BARRO y de Duki, amigo de hace un montón. Como está invitado en el tema Enredado en el caos, seguro lo invitamos para ese.

Si bien esta es la presentación oficial, ¿tenés planes de llevar esta presentación de Octopus a otras provincias o localidades?

En este momento, mi amiga y manager, que se llama @haydu (en la descripción de mi Instagram está su contacto). Lo que faltan son propuestas; mucha gente pide que vayamos, pero solos no podemos costear todo, necesitamos un productor que nos ofrezca. Estamos abiertos a todo. El año pasado tocamos en El Bolsón y Bariloche gracias a un amigo de allá, que solventó los costos. Siempre y cuando salga una buena oportunidad, estamos dispuestos a ir a cualquier lado. Este año vamos a hacerlo acá en Capital, que es donde venimos promocionando la semillita. 

Es un disco recientemente editado, que está fresco…

Es mi primer disco con una distribuidora, con OneRPM, por eso está teniendo más alcance y mejor organización. Antes yo subía todo de manera independiente con DistroKid.

Justo eso te iba a preguntar: con todo este revival que hay del casete, del vinilo, del CD, si hay alguna posibilidad de que llegue en formato físico. 

Respecto al formato físico, estamos hablando la posibilidad de hacer un box set re picante con todos mis discos y un libraco también; lo estamos laburando. De hecho, en YouTube, si buscás “Clínica BAFFLE”, hay un video mío cuando yo era un nenito tocando a los 14 años con mi mamá y mi papá, con pelo corto y remera de WHITE ZOMBIE; como que se ve todo mi crecimiento en la plataforma, desde que no sabía tocar nada hasta hoy, que más o menos me defiendo (risas).

La verdad es que has hecho cosas y, si bien la charla era un poco por el show, era también para revalidar tu carrera y todos los años que tenés dentro de la escena, lo que has crecido, lo que has evolucionado; llegaste a romper moldes. Yo vengo de una escuela de metal mucho más tradicional y son cosas que me han llegado y me he atrevido a escucharlas y las valoro. Te dejo este espacio final para que te comuniques con tus seguidores antes del show del 25 de septiembre.

Muchas gracias por el espacio, un gusto conocerte y charlar con vos. Los quiero invitar a todos este 25 de septiembre a La Tangente. Las entradas están en el link de mi biografía de Instagram a 15 luquitas nomás. Los que me siguen hace rato saben que todo lo hacemos con amor y mucha dedicación. Para el que le guste una propuesta seria y un poco distinta —más que nada por ser instrumental y porque hace poco estoy cantando—, no se lo pueden perder. Vengan, que va a estar buenooooo (con tono gutural) (risas).

Te mando un abrazo grande, bienvenido a Metal-Daze y lo mejor para lo que viene.

Muchas gracias, igualmente loco, lo mejor para ustedes. Un abrazo enorme.

Escuchá la charla completa en nuestro canal de Spotify:

También podés escucharla gratuitamente por iVoox:

Entrevista: Hernán Mazón
Imágenes: Prensa Chowy (Facebook) 
Agradecemos a Anita Requejo PR por la gestión de la entrevista.

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