El guitarrista se presentará el 17 de noviembre en el ND Teatro junto a su banda japonesa. El concierto celebrará los 34 años de un álbum que, mientras Friedman integraba MEGADETH, dejó de lado el vértigo del thrash para explorar guitarras limpias, teclados y melodías de largo aliento.
Fecha: martes 17 de noviembre, 21 h | Lugar: ND Teatro | Ciudad: CABA
Marty Friedman regresará a Buenos Aires con un show centrado en Scenes, su segundo disco solista. La fecha forma parte de una gira latinoamericana por el 34.º aniversario del álbum. La coincidencia es exacta: Scenes se publicó el 17 de noviembre de 1992.
La celebración propone volver sobre un momento particular de su carrera. En 1992, Friedman tocaba en MEGADETH y participaba de una etapa que había entregado Rust in Peace y que ese año sumaría Countdown to Extinction. En la banda de Dave Mustaine, su guitarra se integraba a una maquinaria de riffs, cambios de ritmo y canciones con una tensión marcada por la voz. En Scenes, en cambio, no hay cantante ni una base de thrash que empuje cada tema: la guitarra lleva la melodía, pero comparte el centro con los arreglos y los silencios.
El contraste no implica dos personalidades musicales incompatibles. En ambos mundos aparece la manera singular de Friedman de doblar las notas y estirar una frase antes de resolverla. Lo que cambia es el lugar que ocupa ese lenguaje. En MEGADETH, el solo irrumpe sobre una estructura afilada y dialoga con el riff; en Scenes, la composición nace de la atmósfera y el fraseo puede desplegarse sin competir con una voz ni con la urgencia de una canción de thrash.
El álbum contó con Nick Menza en batería y Brian BecVar en teclados y percusión. Kitaro produjo los primeros cuatro temas, mientras que Friedman y Steve Fontano se encargaron de los restantes. El resultado se aparta del formato habitual de los discos de guitarra de la época: en lugar de convertir cada pista en una exhibición de virtuosismo, construye un recorrido instrumental con influencias orientales, pasajes eléctricos y momentos de calma.
Ocho canciones, otro pulso
Tibet abre el álbum con una introducción breve y serena. La guitarra limpia instala el clima antes de que aparezca el costado más eléctrico del disco. Angel aporta ese cambio: la melodía gana impulso y Friedman deja asomar el filo de su instrumento, aunque sin convertirlo en una carrera. Frente a la precisión cortante de Skin O’ My Teeth o al riff compacto de Symphony of Destruction, acá la energía se expresa en la melodía, no en el ataque rítmico.
Valley of Eternity, con más de ocho minutos, es el corazón expansivo del disco. Las guitarras limpias y los teclados arman un paisaje que cambia de intensidad sin apurarse. Friedman deja que el tema avance por capas: las frases aparecen y se retiran como parte de una escena más grande. En MEGADETH, incluso los pasajes instrumentales suelen estar sujetos al pulso del riff y a una estructura más marcada; acá el desarrollo se parece más a un viaje que a una descarga.
Night prolonga esa búsqueda, pero con un tono más dramático. El piano y los teclados le dan un marco amplio a la guitarra, mientras la batería de Menza aporta fuerza sin llevar la pieza hacia el thrash. Su presencia resulta significativa: es el mismo baterista que sostenía el empuje de MEGADETH, ahora al servicio de una música que pide contención. Cada golpe acompaña el clima en vez de empujar un riff.
Realm of the Senses concentra la veta más abiertamente oriental del álbum. La percusión y las texturas de teclado rodean una melodía de aire ceremonial; las voces en japonés y los detalles ambientales refuerzan esa impresión. West, por su parte, baja todavía más la intensidad. Se apoya en guitarras limpias y una atmósfera reposada, una decisión que puede resultar hipnótica o demasiado extensa. Ahí aparece uno de los riesgos del álbum: Scenes confía tanto en el clima que algunos pasajes pueden perder tensión.
Trance interrumpe esa calma con una pieza corta y más eléctrica. Recupera movimiento y prepara el cierre. Triumph retoma Thunder March, del debut solista Dragon’s Kiss, pero cambia el enfoque: conserva su carácter heroico y lo envuelve en arreglos más amplios, lejos de la velocidad de la versión original. Es una buena síntesis del disco: Friedman vuelve sobre una idea propia y la transforma al cambiar la distorsión y el virtuosismo por melodía y espacio.
Scenes no tiene la intensidad inmediata de MEGADETH ni pretende tenerla. Su atractivo está en escuchar a Friedman desplegar recursos que en la banda quedaban subordinados al riff: la guitarra limpia, las inflexiones melódicas y la paciencia para sostener una nota. Algunas capas de teclados llevan la marca de su época y el tramo central puede volverse demasiado contemplativo, pero el álbum conserva una identidad clara. En vez de presentar al guitarrista como protagonista permanente, construye un lugar para que su instrumento cante.
La edición argentina de 2M
Scenes también cuenta con una edición argentina en CD a través de 2M Producciones. La presentación reúne los ocho temas del álbum y suma una púa y un sticker, un agregado para quienes quieran volver a este trabajo en formato físico. www.2mproducciones.com.ar
La última visita de Friedman al país fue el 10 de junio de 2025, también en el ND Teatro, donde presentó Drama. Aquella noche combinó material de su carrera solista con canciones de MEGADETH como Tornado of Souls. Leé la crónica de Metal-Daze. metaldazeweb.com
Ahora el eje será otro: volver sobre un disco que suele quedar en segundo plano cuando se repasa la historia de Friedman en MEGADETH. La visita invita a reencontrarse con el guitarrista de los riffs y los solos memorables, pero también con el compositor que, en paralelo, buscaba otras formas de hacer hablar a la guitarra.
Marty Friedman en Buenos Aires
Martes 17 de noviembre, 21 h
ND Teatro — Paraguay 918, CABA


