ICARUS MUSIC 32 años: una celebración del metal argentino, entre historia, under y presente


Fecha: Sabado 20 de Junio, 2026 | Hora: 20 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Teatro Flores | Bandas invitadas: —

El aniversario de ICARUS MUSIC tuvo algo más profundo que la simple acumulación de bandas sobre un mismo escenario. En sus 32 años de historia, el sello y productora conducido por Carlos Zárate —que además celebraba su cumpleaños— volvió a dejar en claro una idea que atraviesa buena parte de su recorrido: darle lugar al under metalero argentino, sostener espacios de circulación y armar una vidriera posible para bandas que muchas veces no se cruzan con tanta asiduidad en la agenda habitual. En ese sentido, el festival funcionó como fiesta, pero también como síntesis de una manera de entender la escena: con trabajo, con insistencia, con comunidad y con una estructura pensada para que las cosas sucedan.

Esta cobertura toma como punto de partida el tramo iniciado con BLOODPARADE. Lo anterior formó parte de una jornada extensa que comenzó desde temprano, pero no fue presenciado por quien escribe. Desde nuestra llegada, el Teatro Flores ya tenía clima de celebración instalada: público circulando, bandas cruzándose, saludos de escena y esa sensación de comunidad que aparece cuando el metal deja de ser solo música y vuelve a ser punto de encuentro.

Uno de los grandes aciertos de la noche estuvo en la dinámica. En un evento con tantas bandas, el riesgo siempre es que los cambios se vuelvan eternos y corten el clima. Sin embargo, la organización resolvió ese punto con inteligencia: dos baterías armadas y equipos dispuestos uno al lado del otro sobre el escenario permitieron que el recambio entre grupos fluyera con naturalidad. Esa mecánica hizo que el festival no se sintiera trabado, sino como una sucesión constante de descargas. Veinte minutos por banda pueden parecer poco, pero en este contexto funcionaron como una muestra concentrada de identidad: el tiempo justo para ver propuestas que tal vez uno no frecuenta, descubrir nombres, confirmar otros y entender, en una sola noche, la amplitud del metal argentino actual.

A partir de BLOODPARADE, el aniversario encontró una temperatura definida. La banda abrió ese tramo con espíritu de fiesta, pero sin resignar su identidad oscura. BLOODPARADE volvió a imponer ese cruce entre dramatismo, metal moderno y una teatralidad sombría que le permite diferenciarse dentro de una grilla marcada por variantes más clásicas o extremas del género. Su presentación funcionó como bisagra: desde ahí, el festival entró definitivamente en modo noche grande.

El contraste llegó con EXTERMINIO, que descargó un death metal de pulso bélico, pesado y áspero, con un aire cercano al universo de BOLT THROWER. La referencia no pasa solo por la densidad de los riffs, sino por esa sensación de avance implacable, casi de maquinaria de guerra, que marcó un cambio de clima inmediato. Después del color oscuro de BLOODPARADE, EXTERMINIO llevó la noche hacia un terreno más crudo, seco y físico, de esos que no necesitan demasiados adornos para golpear fuerte.

LÁZARO fue uno de los puntos altos del tramo medio. Con Jorge Moreno al frente, la banda mostró un thrash cada vez más ganchero y una identidad que se nota en crecimiento. Hubo canciones directas, riffs efectivos y una manera de plantarse que ya no depende solamente de las referencias del estilo. Hay algo en su propuesta que empieza a sonar más propio, más reconocible, como si el grupo estuviera encontrando una voz dentro de una escena donde muchas veces la velocidad tapa las ideas. Acá hubo gancho, energía y una seguridad escénica que dejó una muy buena impresión.

Luego llegó MANIFIESTO, con una descarga bien ubicada dentro de la tradición pesada argentina. Por momentos, el grupo se movió en una línea cercana a HORCAS, con esa mezcla de empuje metalero, músculo barrial y riffs pensados para el vivo, aunque también aparecieron pasajes con un filo más death que endurecieron la propuesta. En un festival de tiempos breves y cambios rápidos, MANIFIESTO entendió la lógica: salir, pegar y sostener intensidad sin perder claridad.

MATAN S.A. aportó una cuota de desborde distinta. Con Wata al frente, la banda tuvo algo de personaje de ficción extrema: presencia, exceso, gestualidad y una manera de ocupar el escenario que convierte cada tema en una escena. Más allá del sonido pesado, lo suyo tuvo un componente visual y performático que rompió la linealidad de la grilla. En una noche de muchas bandas, esa clase de personalidad ayuda a que un show no se pierda entre el montón.

Desde Uruguay, CUCHILLA GRANDE entregó uno de los sets más sólidos del tramo. Con canciones como Visitante, Cabeza de tractor y Sirva otra vuelta, la banda plantó un heavy rock de raíz rioplatense, áspero, directo y con un pulso muy cercano a esa escuela que en Argentina tiene a ALMAFUERTE como referencia inevitable. No es una comparación puesta al azar: hay una hermandad estética, sonora y espiritual entre esos mundos, una manera de entender la canción pesada desde el barrio, la ruta, el volumen y la palabra frontal. CUCHILLA GRANDE sonó firme, compacto y con oficio, como una banda que sabe perfectamente qué viene a hacer.

RETROSATAN fue otro de los momentos celebrados. Con Rubén Cuenca como figura histriónica y central, la banda volvió a conectar con una tradición heavy de vieja escuela que sigue teniendo peso propio. Lo suyo no fue solamente nostalgia: fue presencia escénica, canciones con historia y una entrega que mantuvo al público metido en la noche. En un festival aniversario, donde la memoria ocupa un lugar clave, RETROSATAN funcionó como recordatorio de una época, pero también como prueba de que ese lenguaje todavía tiene fuerza cuando se lo defiende con convicción.

El tramo de MIGUEL ROLDÁN tuvo un espesor especial. Su set, apoyado en material ligado a V8 y LOGOS, fue uno de los momentos más festejados de la noche. Canciones como Reina ciega, No te rindas, Como relámpago en la oscuridad y Esclavos de sus mentes tocaron una fibra muy profunda dentro del público. No se trató solamente de escuchar clásicos: fue volver a una parte fundacional del heavy argentino, a una línea de sangre que sigue atravesando generaciones. Fernando Vázquez estuvo en gran nivel vocal, con un registro que se ubicó naturalmente en la línea de Beto Zamarbide, pero sin caer nunca en la imitación. Ese fue uno de los grandes aciertos del bloque: respetar la memoria sin convertirla en museo. El resultado fue poderoso, emotivo y muy celebrado.

Después, TUNGSTENO volvió a acelerar la noche con un show rápido, fiestero y directo. La banda entendió el momento y salió a jugar con velocidad, energía y un espíritu más descontracturado, ideal para levantar nuevamente la temperatura después del bloque histórico de MIGUEL ROLDÁN. Su presentación tuvo esa lógica de descarga inmediata que en un festival largo funciona muy bien: pocas vueltas, riffs al frente y actitud.

JERIKÓ apareció como otro de los nombres fuertes del cierre, y la vuelta de Juan Soto le dio a la presentación un valor emocional particular. Su presencia retrotrajo a la banda a una etapa muy querida por los fans, y eso se sintió en la respuesta del público. JERIKÓ tiene canciones, historia y una identidad que la ubican en un lugar propio dentro del heavy argentino, y en este aniversario volvió a demostrar que su vínculo con la gente sigue intacto. No fue solo un show correcto: fue una aparición cargada de memoria afectiva.

El cierre con VISCERAL terminó de darle al aniversario un carácter especial. La banda se presentó con una formación particular integrada por Antonio Romano, Carlos Kuadrado, Willy Caballero y Pablo “Pollo” Hentsch, con Willy a cargo de las voces y Hentsch, baterista del proyecto de Tano Romano, ocupando la batería. La reunión tuvo peso propio, no solo por los nombres involucrados sino por la manera en que sonó: riffs marcados, oscuros, pesados y temas muy festejados por un público que entendió el valor de ese regreso. VISCERAL cerró la noche con una mezcla de contundencia y rareza celebratoria, como si el festival se permitiera abrir una cápsula guardada de la escena pesada argentina y devolverla al presente con volumen alto.

Visto desde BLOODPARADE en adelante, el aniversario de ICARUS MUSIC dejó una postal clara: una escena diversa, intensa, con historia, con bandas que todavía tienen mucho para decir y con nombres que siguen activando una memoria colectiva poderosa. Hubo oscuridad, death metal, thrash, heavy clásico, espíritu rioplatense, regresos esperados y canciones que forman parte del ADN del metal local. Pero, sobre todo, hubo una idea de continuidad. ICARUS MUSIC, con Carlos Zárate y su equipo, volvió a demostrar que el metal argentino necesita de estos espacios: festivales donde el under no aparece como relleno, sino como parte central de una construcción colectiva. Treinta y dos años después, la celebración no fue solamente por una productora que sigue en pie. Fue por una escena que, con todas sus dificultades, todavía encuentra en el vivo su forma más verdadera de resistencia, encuentro y futuro.

Texto: Carlos noro

Foto: Gentileza Matín Darksoul

Agradecemos a Icarus Music por la acreditación al evento. 

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