KAMIKAZE en vivo en Buenos Aires: “35 años después, las canciones siguen de pie”


Fecha: Sábado 19 de septiembre de 2026 | Hora: 19 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: El Teatrito | Bandas invitadas: ÍCARO & LOMBARDÍA

Celebrar los 35 años de Kamikaze 3 suponía bastante más que volver a tocar un disco publicado en 1991. Había una historia que reconstruir, una formación inevitablemente modificada por la ausencia de Daniel Telis y, sobre todo, canciones que debían demostrar qué había quedado de ellas después de tres décadas y media. KAMIKAZE eligió abordar todo eso sin reproducir mecánicamente el álbum ni respetar su secuencia original. La apertura ya estableció que la memoria iba a ocupar un lugar importante: antes de que los músicos aparecieran, la pantalla mostró imágenes históricas de los kamikazes japoneses, recuperando la referencia que había dado nombre al grupo, y luego la banda irrumpió con Rompiendo las barreras. Desde allí, La reina del rock & roll, Lloviendo en mi corazón, La amistad es lo que cuenta y Tu voz, mi voz fueron construyendo un comienzo en el que el tercer disco funcionó como centro de gravedad, aunque nunca como límite. El propio set había sido diseñado de esa manera, alternando canciones del álbum homenajeado con material de otras etapas y reservando videos, loops y cambios de formato para dividir internamente el concierto.

Uno de los aspectos más interesantes de aquella primera parte apareció cuando Enrique Gómez Yafal dejó de mirar solamente hacia 1991 y puso las canciones frente al presente. Antes de Ciudad sin alma habló de aquella Buenos Aires que había inspirado la composición y señaló que esa ciudad “no existe más”. Poco después, al llegar, Nacido en Argentina, sintetizó la vigencia que todavía encontraba en su letra con una frase bastante más contundente: “La podría haber escrito ayer”. Entre esas dos observaciones quedó planteada buena parte del sentido posible de un aniversario como este. Treinta y cinco años modificaron el país, la ciudad, los músicos y el público, pero no necesariamente desactivaron aquello que las canciones intentaban contar. La nostalgia estuvo presente, inevitablemente, aunque el concierto funcionó mejor cuando permitió que aquel repertorio chocara contra el presente y no simplemente cuando se limitó a recuperarlo. Yafal, además, encaró vocalmente la noche con inteligencia: cantó bien, cuidando especialmente la prolijidad, la afinación y la administración del esfuerzo, sin lanzarse a una competencia imposible contra su propia voz de hace tres décadas y media. Hubo un trabajo evidente por no desgastar el registro antes de tiempo, dosificar los agudos y mantener las canciones dentro de una zona en la que conservaran identidad sin transformar la exigencia vocal en una demostración innecesaria.

Musicalmente, el desafío mayor estaba en otro lado. Kamikaze 3 había sido construido con Martín Knye y Daniel Telis compartiendo las guitarras, de modo que esta formación tenía que resolver con un solo instrumento un entramado que originalmente había sido pensado para dos. Knye asumió esa responsabilidad desde el oficio, repartiendo permanentemente su atención entre bases, arreglos y solos, sin intentar reemplazar a Telis mediante una imitación ni llenar compulsivamente cada espacio vacío. Durante la primera parte, sin embargo, la mezcla no siempre jugó a favor de esa tarea: la guitarra necesitó algo más de volumen y por momentos quedó relegada frente a un Horacio Pinasco especialmente presente, con un bajo grande, definido y colocado muy adelante en el sonido general. Esa particularidad hizo todavía más perceptible la falta de una segunda guitarra, aunque al mismo tiempo dejó escuchar con mucha claridad el peso que la base tenía dentro de aquellas composiciones. Allí también resultó fundamental Jorge “Patón” Cimino, firme y preciso desde la batería, sosteniendo las canciones sin recargarlas y funcionando como el punto de equilibrio entre ese bajo tan presente y la guitarra de Knye. Cimino no necesitó convertir su interpretación en una exhibición para hacerse notar: el pulso, la seguridad en los cambios y la consistencia con que sostuvo los diferentes registros del repertorio fueron parte esencial para que la banda conservara solidez incluso cuando el balance sonoro todavía estaba terminando de acomodarse.

La figura de Daniel Telis, de todos modos, no quedó circunscrita al problema técnico de cómo sustituir una guitarra. Su nombre apareció varias veces durante la noche y terminó transformándose en una presencia constante dentro de la celebración. Después de El responso del guerrero llegó el homenaje más explícito, profundizando un clima que ya se había ido construyendo a través de las menciones anteriores. En un espectáculo dedicado a un disco grabado por cinco músicos, la ausencia de uno de ellos difícilmente podía convertirse en un dato lateral, y KAMIKAZE acertó al no tratarla de esa manera. El recuerdo de Telis quedó incorporado a la propia narración del concierto, evitando que se sintiera como un segmento protocolar colocado entre dos canciones. El álbum original reunió a Yafal, Knye, Telis, Pinasco y Cimino, y esa formación explica también por qué su recuerdo resultaba inseparable del aniversario.

Después de esa carga emotiva, Knye encontró una buena manera de cambiar completamente el clima. Sentado con la acústica, abrió un pequeño segmento distendido en el que fue deslizando fragmentos, entre otros de The Unforgiven, Jump, Going to California y Mama, I’m Coming Home, jugando con el reconocimiento inmediato del público y mostrando una faceta más relajada antes de volver al material propio. A continuación quedaron solamente Enrique Gómez Yafal y Martín Knye en escena para interpretar Cuando estás vos y Mira hacia lo alto, dos canciones reducidas a voz y guitarra que funcionaron como uno de los momentos más cálidos de la noche. El pasaje resultó efectivo justamente porque no intentó competir con la intensidad de lo anterior: después del homenaje a Telis y antes del regreso de toda la banda, el concierto encontró unos minutos de intimidad en los que las composiciones quedaron expuestas prácticamente sin protección. Esa sencillez también permitió comprobar cuánto podían sostenerse desde la melodía y la interpretación sin depender del volumen ni de la arquitectura eléctrica original.

Con Estaré de pie regresó la banda completa, pero el cambio sonoro más fuerte apareció inmediatamente después con Cadenas y Sin ley, las dos incursiones en el material de KZ4!. Allí el concierto se volvió ostensiblemente más pesado y rifflero, con un lenguaje diferente al del KAMIKAZE de comienzos de los noventa y con Knye mucho más expuesto. Su admiración por Zakk Wylde no era precisamente un secreto esa noche —hasta llevaba un chaleco de Order of the Black— y podía advertirse cierta afinidad con ese universo en la importancia otorgada al riff, el peso de la guitarra y algunos recursos expresivos, pero reducir su manera de tocar a esa influencia sería quedarse en la superficie. Knye posee recursos propios y justamente estas canciones permitieron escucharlos con mayor claridad: allí no tenía que resolver la ausencia de una segunda guitarra escrita tres décadas atrás, sino desenvolverse dentro de un lenguaje mucho más cercano a su identidad actual. El resultado fue uno de los sectores más contundentes del concierto, no solamente por el volumen, sino porque Cadenas y Sin ley desplazaron momentáneamente el centro sonoro hacia una guitarra más grave, compacta y musculosa. Después, Víctima del rock y Pájaros de acero volvieron a enlazar esa potencia con la historia más reconocible de KAMIKAZE, antes de Todo el tiempo vigilas y el cierre con Highway to Hell, elegido como una última celebración colectiva por fuera del repertorio propio.

El aniversario, además, no significó interpretar Kamikaze 3 completo. De las diez canciones originales aparecieron ocho y solamente quedaron afuera Buscando el cielo y Somos el rock. Lejos de resultar una carencia, esa decisión terminó explicando bastante bien el espíritu del concierto: el disco fue homenajeado sin ser encerrado dentro de una reconstrucción literal. Sus canciones se mezclaron con otros momentos de la banda, con el material más pesado de KZ4!, con un bloque acústico, con el recuerdo permanente de Telis y hasta con un clásico ajeno para cerrar la noche. Treinta y cinco años después, la formación no podía ser exactamente aquella, Yafal no tenía por qué cantar como en 1991 y Knye tampoco necesitaba tocar como si Telis continuara a su lado. El valor estuvo justamente en asumir esas diferencias. KAMIKAZE no intentó detener el tiempo: volvió sobre él, recuperó lo que todavía podía sostenerse y dejó que las canciones mostraran tanto las marcas de los años como aquello que permaneció intacto. Y cuando Yafal dijo que Nacido en Argentina podría haber sido escrita ayer, acaso terminó definiendo involuntariamente toda la noche: el pasado estaba allí, pero lo verdaderamente interesante era descubrir cuánto de él todavía seguía hablando en presente.

Texto: Carlos Noro
Imágenes: Tamy SuperStar (Cortesía Anubis Music)
Agradecemos a Anubis Music por la acreditación al evento.

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