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Entrevistamos a Andrés Leyva y Roxana Restrepo de KRAKEN: “El legado no se hereda, se defiende”


Referente absoluto del heavy metal colombiano, KRAKEN llega a la Argentina en una etapa donde la historia pesa, pero no paraliza. Nacida en Medellín en 1984, la banda construyó una identidad propia a partir de discos fundamentales como Kraken I, Kraken II, Kraken III, Piel de cobre, Humana deshumanización y Kraken VI: Sobre esta tierra, último álbum registrado con Elkin Ramírez, voz fundacional, figura central y símbolo mayor del grupo. Su muerte, el 29 de enero de 2017, marcó un quiebre inevitable en la historia del rock pesado colombiano, pero también abrió una pregunta decisiva: cómo continuar sin convertir la memoria en museo.

En ese camino aparece la formación actual integrada por Roxana Restrepo en voz, Andrés Leyva y Ricardo Wolff en guitarras, Luis Ramírez en bajo, Rubén Gélvez en teclados y Julián Puerto en batería. Varios de ellos formaron parte de la última etapa junto a Elkin Ramírez, y hoy sostienen una continuidad que no intenta borrar el pasado, sino dialogar con él desde el presente. Con KRAKEN VII: Los pasos del titán, la banda abrió una nueva página: un disco que reconoce la dimensión del legado, pero también afirma que KRAKEN sigue siendo una fuerza viva dentro del heavy metal colombiano.

En la previa de su presentación del 3 de julio en El Teatrito, Andrés Leyva y Roxana Restrepo hablaron con Metal-Daze sobre historia, identidad, canciones, memoria, presente y futuro.

El nombre de KRAKEN tiene una potencia simbólica muy fuerte: algo que emerge desde lo profundo, que irrumpe y deja marca. Mirando la historia de la banda, ¿qué representa hoy ese nombre para ustedes?

Andrés Leyva (A.L.): El nombre sigue teniendo una fuerza enorme porque representa esa idea de algo que viene desde abajo, desde lo profundo, y que aparece con una identidad propia. KRAKEN nació con esa intención de ser una banda diferente, con un sonido, una imagen y una lírica que no dependieran de una moda. Con el tiempo, ese nombre se volvió más grande que una simple referencia mitológica: empezó a representar una forma de resistir, de permanecer y de hablarle a varias generaciones desde el heavy metal colombiano.

Roxana Restrepo (R.R.): Para mí también tiene que ver con una fuerza que no se puede domesticar. Entrar a una banda como KRAKEN implica entender que ese nombre ya tiene una historia, una carga emocional y una relación muy profunda con la gente. No es solamente cantar canciones: es pararse frente a un público que tiene una memoria afectiva muy grande y asumir ese lugar con respeto.

KRAKEN nació en Medellín en los años ochenta, en un contexto social complejo y con una escena pesada que todavía estaba buscando sus formas. ¿Qué sienten que hizo que la banda conectara tan fuerte con el público colombiano?

A.L.: La banda apareció en un momento donde muchos jóvenes necesitaban una voz que dijera cosas que no estaban tan presentes en otros espacios. KRAKEN hablaba desde el rock, desde el metal, pero también desde una mirada social, existencial y humana. Eso generó una conexión muy fuerte porque no era una banda que solo buscaba sonar pesada: había canciones, había mensaje, había una poética y había una manera de decir las cosas que conectaba con lo que pasaba en la calle.

R.R.: Esa conexión también tiene que ver con que las canciones nunca fueron vacías. Hay una profundidad en las letras, una forma de mirar el mundo, que hizo que la gente sintiera esas canciones como propias. Muchas personas crecieron con KRAKEN, encontraron ahí una identidad y una manera de plantarse frente a la vida.

Elkin Ramírez fue mucho más que un cantante: fue una figura central del heavy metal colombiano. ¿Cómo se convive hoy con un legado tan fuerte sin quedar atrapados únicamente en la nostalgia?

A.L.: Es imposible hablar de KRAKEN sin hablar de Elkin, porque él fue el fundador, la voz, el concepto y una parte fundamental del espíritu de la banda. Pero también entendemos que honrarlo no significa congelar la historia. El legado se defiende trabajando, tocando, componiendo y manteniendo viva la obra. La nostalgia puede ser hermosa, pero si uno se queda solamente ahí, la banda se vuelve un recuerdo. Y KRAKEN sigue siendo una banda viva.

R.R.: En mi caso, el respeto por Elkin es absoluto. No se trata de ocupar su lugar, porque ese lugar es único. Se trata de interpretar esas canciones desde el respeto, entendiendo lo que significan para la gente y para la historia de la banda. La emoción está siempre, pero también está la responsabilidad de mirar hacia adelante.

Después de la muerte de Elkin Ramírez, la continuidad de KRAKEN seguramente no fue una decisión sencilla. ¿En qué momento sintieron que la banda podía seguir y que había una razón artística para hacerlo?

A.L.: Fue un proceso muy delicado. No se podía tomar una decisión así desde el apuro ni desde la idea de simplemente seguir tocando. Había que preguntarse si tenía sentido, si había una manera honesta de continuar y si existía una conexión real entre la historia y el presente. Con el tiempo entendimos que el mejor homenaje era mantener viva la obra y, al mismo tiempo, permitir que KRAKEN siguiera respirando.

R.R.: También fue importante entender que la gente necesitaba volver a encontrarse con esas canciones. Hay un vínculo muy fuerte entre el público y la banda. Cuando eso aparece en vivo, cuando se siente esa emoción compartida, uno entiende que la continuidad no es una imposición sino una construcción colectiva.

En esta nueva visita, la banda llega con una historia enorme sobre los hombros, pero también con una formación que busca sostener el presente. ¿Cómo se preparan para llevar ese legado al escenario y qué lugar ocupa hoy el repertorio clásico dentro del show?

A.L.: El repertorio clásico tiene un lugar fundamental porque forma parte de la identidad de KRAKEN y de la historia de mucha gente. Pero también nos interesa que el show no sea solamente una mirada hacia atrás. La banda tiene un presente, tiene una formación sólida y tiene material nuevo. Entonces la preparación pasa por encontrar un equilibrio: respetar esas canciones que son parte de la memoria del público y, al mismo tiempo, mostrar que KRAKEN sigue teniendo algo para decir.

R.R.: Para mí el vivo es el lugar donde todo se pone a prueba. Ahí no alcanza con el respeto: hay que cantar, transmitir y sostener la emoción. Las canciones clásicas tienen una carga muy grande, pero también hay una energía nueva en la banda. El desafío es que todo conviva de manera natural.

Discos como Kraken I, Kraken II, Kraken III o Piel de cobre marcaron distintas generaciones. ¿Qué canciones sienten que definen mejor la identidad de la banda?

A.L.: Hay canciones que son inevitables porque la gente las hizo parte de su vida. Temas como Vestido de cristal, Muere libre, Lenguaje de mi piel o Frágil al viento tienen un peso enorme. Pero más allá de los títulos, lo que define a KRAKEN es esa combinación entre fuerza, melodía, lírica y emoción. La banda siempre tuvo una forma muy particular de unir lo épico con lo humano.

R.R.: Son canciones que no envejecen porque siguen diciendo algo. Uno las canta y siente que todavía tienen vigencia. Ahí está la fuerza de KRAKEN: no son temas que funcionan solo por nostalgia, sino porque siguen conectando con experiencias reales.

KRAKEN VII: Los pasos del titán abre una nueva etapa. ¿Cómo pensaron ese disco en relación con la historia anterior y con la necesidad de mostrar una identidad actual?

A.L.: Ese disco tiene una relación directa con el legado, pero también con la necesidad de avanzar. El título ya plantea una imagen muy fuerte: los pasos del titán no se detienen. Hay memoria, hay homenaje, pero también hay presente. No queríamos hacer un disco que sonara como una copia de otra época, sino un trabajo que pudiera dialogar con la historia de KRAKEN desde el sonido y la sensibilidad de esta formación.

R.R.: Para mí fue una forma de presentarnos también desde otro lugar. El disco permite mostrar que la banda sigue creando y que no vive solamente de su pasado. Hay una emoción muy grande en ese material porque todo está atravesado por la historia, pero también por la voluntad de construir algo propio.

¿Qué canción de KRAKEN VII: Los pasos del titán sienten que representa mejor al KRAKEN de hoy?

A.L.: Hay varias canciones que muestran esa etapa nueva, pero lo importante es que el disco funciona como una declaración. No es solamente una canción aislada: es una forma de decir que la banda está presente, que respeta su historia y que todavía tiene camino por delante.

R.R.: Siento que el disco tiene momentos donde aparece con claridad esa mezcla de fuerza y emoción que define a KRAKEN. Hay canciones que miran hacia la memoria y otras que muestran más directamente este presente. En esa tensión está la identidad actual de la banda.

La entrada de Roxana Restrepo en la voz modificó inevitablemente la percepción de la banda. ¿Cómo trabajaron esa transición para que no fuera una imitación ni una ruptura brusca?

A.L.: Desde el principio tuvimos claro que no se trataba de buscar una copia de Elkin. Eso habría sido un error y una falta de respeto. Roxana tenía que llegar con su propia voz, con su identidad y con su manera de sentir las canciones. La transición se trabajó desde el respeto por la obra, pero también desde la confianza en que la banda podía abrir una etapa diferente.

R.R.: Yo sabía que era un lugar muy sensible. No podía ni quería imitar a Elkin. Mi trabajo fue estudiar las canciones, entender su espíritu y cantarlas desde mi verdad. Hay que tener humildad para entrar en una historia tan grande, pero también carácter para asumir el presente.

En una banda con tanta historia, ¿cómo se reparte el peso entre conservar una identidad y animarse a cambiar?

A.L.: Ese equilibrio es uno de los grandes desafíos. Si cambiás demasiado, podés perder el eje; si no cambiás nada, la banda se estanca. KRAKEN tiene elementos que no se pueden perder: la melodía, la fuerza, la lírica, una cierta épica y una mirada humana. Pero esos elementos pueden aparecer con nuevas formas, nuevos sonidos y nuevas dinámicas.

R.R.: Cambiar no significa negar lo anterior. A veces es la única manera de mantenerlo vivo. La identidad no es una estatua; es algo que se mueve. Mientras haya respeto por la esencia, la banda puede seguir creciendo.

El heavy metal colombiano tiene una historia muy particular y KRAKEN ocupa un lugar central dentro de esa construcción. ¿Cómo ven hoy la escena pesada de Colombia?

A.L.: La escena colombiana tiene mucha fuerza, muchas bandas y una historia de resistencia. No siempre ha sido fácil sostener proyectos de rock o metal en nuestros países, pero justamente por eso hay una energía muy especial. KRAKEN forma parte de esa historia, pero también sigue mirando lo que ocurre alrededor. Hay nuevas generaciones que encuentran en el metal un espacio de expresión.

R.R.: También hay mucho público joven acercándose a la música pesada, y eso es importante. La escena necesita memoria, pero también renovación. Si las nuevas generaciones toman esas canciones y las hacen propias, el género sigue vivo.

Después de tantos años, ¿qué sienten que todavía tiene para decir KRAKEN?

A.L.: KRAKEN todavía tiene mucho para decir porque las preguntas que atraviesan sus canciones siguen abiertas: la libertad, la dignidad, la búsqueda interior, la lucha, la memoria, la relación con el mundo. Mientras esas preguntas sigan vigentes, la banda tiene sentido.

R.R.: Tiene para decir que la historia continúa. Que se puede honrar el pasado sin quedarse detenido. Que una canción puede viajar durante décadas y seguir encontrando nuevos oídos, nuevas voces y nuevas emociones.

Si tuvieran que pensar el futuro de KRAKEN, ¿lo imaginan más ligado a seguir grabando, a girar, a sostener el repertorio histórico o a abrir caminos nuevos?

A.L.: Creo que todo eso convive. La banda tiene que tocar, tiene que encontrarse con el público, tiene que cuidar su historia y también tiene que crear. El futuro no puede ser solamente mirar hacia atrás. El desafío es que cada paso tenga sentido y que la banda siga siendo honesta con su nombre.

R.R.: Para mí el futuro está en seguir construyendo. Cada show, cada canción y cada encuentro con la gente suma algo. KRAKEN tiene una historia enorme, pero también tiene una energía presente. Y eso es lo que permite pensar hacia adelante.

Después de todo este recorrido, ¿qué les gustaría que sienta alguien que vea hoy a KRAKEN en vivo?

A.L.: Que está frente a una banda con historia, pero también con vida. Que esas canciones siguen teniendo fuerza y que el legado de Elkin está presente no como una sombra, sino como una luz que acompaña. Y que KRAKEN sigue caminando.

R.R.: Me gustaría que sienta emoción, respeto y energía. Que quienes conocen la historia puedan reencontrarse con esas canciones y que quienes llegan por primera vez entiendan por qué KRAKEN significa tanto para tanta gente. Porque al final eso es lo más importante: que la música siga hablando.

Entrevista: Luis Galluci/Carlos Noro
Fotos: Prensa
Agradecemos a Marcela Scorca de Icarus Music por la gestión de la entrevista.
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