Año: 2026 | País: USA | Género: Thrash/Groove Metal | Sello discográfico: Nueclear Blast | Lemmymómetro: ♠♠♠♠♠♠♠♠ (8/10)
ANTHRAX lanzó su 12.º álbum, Cursum Perficio, el 18 de septiembre de 2026, diez años y monedas después de su anterior trabajo, For All Kings (2016), y luego de quince años de Worship Music (2011), aquel disco que significó la vuelta de Joey Belladona tras la era John Bush.
Esta placa, publicada a través de Nuclear Blast, cuyo título en latín, traducido al español, significa “mi viaje ha terminado”, no refiere al final de la banda. Sus propios integrantes lo han aclarado. Si bien no se trata de una despedida per se, puede considerarse como la conclusión de un periplo que llevó una década de recorrido (con pandemia de por medio), hasta que este álbum tan esperado pudiera ver la luz. Así se completa la trilogía discográfica, tras el retorno del cantante histórico.
Cursum Perficio mantiene esa línea de los dos trabajos anteriores, enfocándose en el mid-tempo, con poco thrash, dinámicas groove, pinceladas de heavy metal tradicional y los breakdowns infaltables.
Nada muy nuevo a la vista -o a la escucha, en este caso-, pero no por eso decepcionante. Convengamos que ANTHRAX ya no es el fenómeno thrasher disruptivo que sorprendió incorporando el hip hop en los 80’s, mostrando colorido en su vestimenta, o llevando su sonido hacia lo alternativo en los 90’s. Sí hay un poquito de algunas épocas pasadas, porque el ADN de la agrupación neoyorquina es indestructible, ahora, con más solidez y madurez.
A todo ello, se suma una producción impecable, donde se realza cada instrumento sin que se pierda el foco en la totalidad de la obra, grabada en Studio 606, propiedad de Dave Grohl. En ese sentido, el productor Jay Ruston logra un sonido que mantiene la esencia orgánica.
Joey Belladona está en una gran forma, tirando aún esos agudos característicos, pero sin forzar. Sabe de sus capacidades y también de sus (pocas) limitaciones. La base es una pisada de mastodonte, con un Charlie Benante punzante, prolijo y metiendo arreglos complejos, y un Frank Bello aportando ese sonido de bajo tan característico de ANTHRAX, poderoso y al frente. Y si hablamos de sonoridad distintiva, Scott Ian vuelve con esos riffs lacerantes que se entremezclan con la musicalidad de sus cromatismos. Jonathan Donais, con muy buen gusto para los solos y arreglos, completa un combo de pura calidad.
De todas maneras, se trata de un disco con altos y bajos. Son once canciones que, a lo largo de 53 minutos y 43 segundos, provocan distintos estados de ánimo a la hora de la escucha minuciosa y repetida. Hay que darle tiempo y atención, lo que suele generar contradicciones entre lo que fue el primer impacto y lo que terminó consolidando esta reseña. No es un álbum memorable, pero tampoco roza la mediocridad. Al contrario, hay temas que marcan la diferencia y es motivo para alegrarse.
La intro Persistence of memory, con un piano que nos instala en un terreno de angustia expectante, le abre paso a The long goodbye, un tema de medio tiempo que toma consistencia a partir de la segunda mitad, como marcando el paso de menor a mayor, a la espera del impacto que llega con It’s for the kids, uno de los mejores tracks, que remite al viejo ANTHRAX y cuyo video nos recuerda a Madhouse. El breakdown y posterior solo a puro shred, con tupa-tupa y todo, nos transportan a las mejores épocas de la banda.
Le siguen otros dos temas que fueron presentados como singles: Everybody’s got a plan, el menos denso y pesado, con un groove marcado y un clima festivo; y The edge of perfection, cargado de una atmósfera black y opresiva, incluido un blast beat. Acá hay una estructura más compleja, con muchos condimentos, lo que nos recuerda a la era de Persistence of Time, por su densidad y oscuridad. El punteo es una belleza, danzando sobre la base de un vals asesino. Otro gran momento de este álbum.
Con Infectious y NYC 93, el formato compositivo evoca a la etapa de John Bush, el primero más alternativo y el segundo a puro crossover, para destapar cervezas y festejar por los buenos viejos tiempos de esencia thrash-punk.
La oscuridad vuelve con el track que le da nombre al disco. Cursum perficio, el último single que salió a la luz, es el momento épico de la placa, con un Belladona que por momentos se acerca a Ronnie James Dio y unas dinámicas de guitarra que alternan lo pesado con los arpegios limpios.
La última parte decae un poco. Si bien Target on my back tiene pasajes que salen de la monotonía, no llega a explotar del todo; la frenética Watch it go resulta algo caótica y My victory intenta levantar, pero tampoco logra ese plus necesario para un final con puño en alto.
De todas maneras, como se mencionó al principio, Cursum Perficio es un buen disco, para seguir descubriendo en cada escucha, tal cual lo propone su portada, con guiños a épocas anteriores, porque el universo ANTHRAX siempre tiene algo nuevo por mostrar. Ojalá que no tengan que pasar otros diez años para que los planetas vuelvan a alinearse.

