Fecha: Domingo 17 de mayo, 2026 | Hora: 20 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Uniclub | Banda invitada: DIOS SERPIENTE
Con su último álbum de estudio The One, Who Is Made Of Smoke (2025) todavía fresco, CULT OF FIRE aterrizó por primera vez en suelo argentino. Claro, no estamos hablando de una banda convencional bajo ningún punto de vista y ese detalle impregnó desde un comienzo la experiencia para aquellos fieles que se acercaron a Uniclub. Para quienes estén ajenos a la cuestión, hay que saber que CULT OF FIRE es una de esas bandas cuya propuesta nace del interés o la fijación en una disciplina o temática particular; en este caso, la filosofía hindú y la espiritualidad, algo que podría sonar poco convencional a la hora de fusionarse con el Black Metal pero que estos nativos de República Checa demostraron, con el correr de los años, ser aptos para carrear esta más que curiosa iniciativa. Mientras el recinto del barrio del Abasto fue lentamente ocupando parte de su capacidad, algunos gestos ya premeditaban una comunión de sensaciones para poner a tono la noche: quizás la más llamativa fue la inclusión de inciensos y ramas de palo santo a lo largo del escenario y detrás del telón, lo que generó una humareda que se mezcló entre los murmullos y la selección musical para amenizar la espera.
El aire ya viciado aseguraba que lo que estaba a punto de acontecer no iba a ser recordado como un mero recital o como una de esas fechas que se pierden en la nebulosa de la grilla local. Y, efectivamente, una vez corrido el telón, la sensación se hizo carne: una mesa ubicada a lo largo de escenario, viciada de elementos propios de la idiosincrasia hindú como miniaturas de dioses o cuencos de piedra y una más que llamativa distribución de frutas (bananas, piñas, naranjas) generaron perplejidad y un entendible aluvión de celulares tomando fotos. Detrás de la mesa y apoderándose absolutamente de la escena, la figura del cantante principal Vojtêch Holub escondido detrás de una enorme máscara con cuernos y colmillos, semejante a un dragón o un demonio, daba inicio al ritual. Difícil fue ignorar el resto del escenario: sentados en una clásica posición del yoga y custodiados por dos enormes esculturas de serpientes de ojos brillantes, los guitarristas Marek Opatrny y Vladimir Pavelka enfundados en máscaras y túnicas negras completaban el cuadro. Detrás, y apenas visible por semejante escenografía, el baterista Peter Hetês completaba el círculo. Entre la perplejidad y el asombro, las primeras canciones avanzaban como mantras veloces y violentos, pero con espacio para la melodía y la calma. Desde lo musical, la propuesta de CULT OF FIRE evoca el costado más melódico del Black Metal pero con una fuerte cuota de melancolía y accesibilidad. Cuesta trazar puntos de referencia y encasillarlos es tan deshonesto como absurdo, pero canciones como Blessing o Loss los ubican en algún punto entre la propuesta aguerrida del MAYHEM de los noventa y el tono épico de KAMPFAR, algo que puede sospecharse cuando interpretan Khānda Mānda Yōga o Satan Mentor y haciendo un recorrido por otros episodios de su discografia como el recomendable Ascetic Meditation of Death (2013) o Triumvirāt (2012).

Basando gran parte de la lista en canciones de su último álbum, el mencionado The One, Who Is Made Of Smoke, la experiencia de CULT OF FIRE en vivo no ofrece concesiones, mostrando una puesta en escena difícil de superar y, aportando misterio a su ya enigmática propuesta, un trato nulo hacia el público más allá de alguna reverencia por parte de Holub. El costado más violento de su catálogo, aquel que floreció cuando interpretaron Dhoom, Anger o Kalî Mā tampoco funcionó para incitar al pogo o a cualquier conducta propia de un show de metal. Lejos de eso, el público se limitó a observar, absolutamente subyugado por la impronta de cada músico y del mobiliario, más acorde a una obra teatral que a un concierto, mientras que el sonido (completamente nítido y prolijo) escupía esas interpretaciones a medio camino entre la descarga catártica y la invitación a dejarse llevar por el trance espiritual: con canciones como There Is More To Lose o Zâvêt Svetu la sensación que recorrió Uniclub fue la de una fuerza espiritual, mítica, absolutamente densa y poderosa que hacía fuerza por despertar a medida que ocupaba la consciencia del público, hipnotizado por los blast-beats y los rasguidos acuciantes de la dupla de guitarras. El final, tan inesperado y memorable como se podía imaginar, no fue para menos: Holub arrojando flores y frutas al público, despoblando así la mesada que lo acompañó al frente durante todo el show y marcando una rareza a la hora del recurrente souvenir post recital respecto a la lluvia de púas y baquetas.
La primera visita de CULT OF FIRE a la Argentina dejó mucho que contar y procesar. La primera reflexión apunta a algo sustancial y es el soporte legítimo que las composiciones le hacen a la propuesta visual y a los elementos laterales a la música. Sin un catálogo sólido y profesional, los sahumerios, las máscaras y las serpientes gigantes pierden impacto y tendrían más espacio en una galería de curiosidades que en un concierto de Metal. La realidad demostró que se trató de simples elementos, apenas herramientas visuales para rendir tributo a una consigna estética. Cualquier deidad que haya presenciado de forma omnipresente el show estará de acuerdo en que este cuarteto de enmascarados particulares lograron una conexión insólita entre dos mundos que parecía que nunca iban a tocarse. El público, a su vez, demostró respeto y curiosidad frente a un evento que para algunos habrá sido un recital atípico, pero para muchos una sesión de conexión espiritual con el Más Allá. Namasté.
Texto: Franco Felice
Fotos: Joaquín Oñate
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