Hay bandas que simplemente editan discos, salen de gira y, con el paso de los años, van construyendo una carrera. Y hay otras que terminan formando parte de la vida de quienes las escucharon. SONATA ARCTICA pertenece, sin demasiadas dudas, a este segundo grupo. Para muchos, volver a escuchar hoy las primeras canciones de los finlandeses significa regresar a una época, a determinados discos, a amigos, conciertos y recuerdos que quedaron inevitablemente asociados a esas melodías.
Treinta años después de aquel comienzo en Kemi, Finlandia, SONATA ARCTICA está celebrando justamente eso: una historia que comenzó en 1996, cuando todavía se llamaban TRICKY BEANS, atravesó distintas etapas musicales, cambios de formación y una extensa discografía, y terminó convirtiéndolos en uno de los nombres más reconocidos surgidos de aquella explosión del power metal europeo de fines de los ’90. Y ahora, esa historia vuelve a la Argentina.
La cita será el 29 de septiembre en el Teatro Flores, en el marco de la gira por los 30 años de la banda, una celebración que recorrerá buena parte de su trayectoria y que contará además con HELIOS y SEFIROT como bandas invitadas.
Pero para entender por qué una nueva visita de SONATA ARCTICA genera semejante expectativa, hay que volver un poco atrás.
A mediados de los años 90, el power metal europeo vivía una de sus épocas de mayor crecimiento. HELLOWEEN había abierto el camino, GAMMA RAY y STRATOVARIUS lo habían llevado hacia nuevos territorios y una nueva generación de bandas comenzaba a aportar su propia mirada al género. Desde Finlandia aparecieron varios nombres que terminarían marcando la escena, y entre ellos había una joven banda que todavía estaba buscando su identidad. El nombre cambiaría un par de veces hasta llegar a SONATA ARCTICA, pero algunas de las características que terminarían definiendo su sonido ya estaban allí: velocidad, guitarras melódicas, teclados, grandes estribillos y una fuerte presencia narrativa en las canciones.
En 1999 llegó Ecliptica y todo cambió. El álbum no solamente presentó oficialmente al mundo a SONATA ARCTICA; también dejó en claro que aquellos músicos tenían algo para decir dentro de una escena que por entonces estaba particularmente poblada. Había velocidad y virtuosismo, sí, pero también melodías capaces de quedarse dando vueltas en la cabeza durante años. Y detrás de muchas de esas canciones aparecía la particular sensibilidad de Tony Kakko, una característica que terminaría convirtiéndose en una de las grandes marcas de identidad de la banda.
Con Silence, Winterheart’s Guild y Reckoning Night, SONATA ARCTICA fue ampliando ese universo. La banda podía acelerar hasta convertirse en una auténtica máquina de power metal, pero también podía detenerse para hablar de relaciones, pérdidas, soledad, conflictos personales o historias cargadas de melancolía. Esa combinación entre potencia y emoción fue, probablemente, una de las claves de su permanencia.
Porque SONATA ARCTICA nunca fue solamente una banda de velocidad. Fue también una banda de canciones. Y quizás por eso su público consiguió establecer un vínculo tan particular con ellas. Con el paso de los años, la banda fue cambiando. También lo hizo su música. Llegaron nuevos discos, nuevas influencias, diferentes formaciones y distintas maneras de entender lo que debía ser SONATA ARCTICA. Para algunos seguidores, aquellos primeros trabajos continúan siendo intocables; otros encontraron en las etapas posteriores nuevas razones para seguir acompañando a la banda.
Pero hay algo que permanece. Cuando llega el momento de tocar en vivo, las canciones vuelven a unir todas esas etapas. Y ahí aparece Argentina.
La relación entre SONATA ARCTICA y el público argentino no es nueva. La banda ha visitado nuestro país en varias oportunidades y, con cada regreso, se repite una escena que parece haberse convertido en parte de la historia compartida entre músicos y seguidores: miles de personas cantando cada palabra, incluso en aquellas canciones que probablemente nunca imaginaríamos que pudieran provocar semejante reacción a miles de kilómetros de Finlandia.
Y esa conexión no nació ayer. En 2002, durante la etapa de Silence, SONATA ARCTICA realizó sus primeros shows en Sudamérica. Aquella experiencia dejó una marca tanto en la banda como en sus seguidores y ayudó a construir una relación que se mantendría durante las décadas siguientes. Más de veinte años después, la conexión continúa intacta.
La propia banda ha hablado en distintas oportunidades de lo que significa regresar a esta parte del mundo. Henrik Klingenberg, tecladista de SONATA ARCTICA, ha destacado especialmente el vínculo con el público latinoamericano y la expectativa que genera volver a tocar en esta región. Y no es difícil entender por qué. Hay lugares donde una banda toca y hay lugares donde una banda es recibida. Argentina pertenece, claramente, al segundo grupo.
La gira aniversario es, justamente, una celebración de todo ese camino. La propuesta es recorrer las distintas etapas de la carrera de SONATA ARCTICA, recuperando canciones de diferentes momentos de su discografía, incluyendo material menos habitual y temas que hacía tiempo no aparecían en sus presentaciones.
Y acá conviene no contar demasiado. Porque después de treinta años, el catálogo de SONATA ARCTICA es suficientemente amplio como para convertir el concierto en un verdadero viaje por el tiempo, y quizás sea mejor llegar al Teatro Flores sin saber exactamente qué nos espera. Los seguidores podrán imaginar qué etapas podrían aparecer durante la noche, pero la gracia estará justamente en descubrirlo cuando las luces se apaguen. Lo que sí sabemos es que serán treinta años condensados sobre un escenario.
Treinta años que comenzaron con Tony Kakko, Tommy Portimo, Janne Kivilahti y el inigualable Jani Liimatainen con primera formación, llevando adelante una historia que fue creciendo mucho más allá de las fronteras de Finlandia. Y aunque la formación haya cambiado a lo largo del tiempo, la identidad de SONATA ARCTICA continúa siendo reconocible.

También hay algo importante en este aniversario: la banda no parece estar mirando únicamente hacia atrás.
Mientras celebra sus treinta años, SONATA ARCTICA ya se encuentra trabajando en su duodécimo álbum de estudio. Henrik Klingenberg contó recientemente que el proceso de composición y trabajo sobre nuevo material ya está en marcha, dejando claro que la celebración de estas tres décadas no significa detenerse.
Es decir, el aniversario funciona como una celebración de todo lo construido, pero no necesariamente como un punto final. Y quizás esa sea la mejor manera de llegar a los treinta años. No vivir exclusivamente de los recuerdos, sino utilizarlos como parte del combustible para seguir avanzando.
Desde aquel Ecliptica que apareció en 1999 hasta el presente pasaron más de veinticinco años de discos, escenarios, cambios y canciones. Una cantidad de tiempo suficiente para que quienes descubrieron a SONATA ARCTICA siendo adolescentes hoy puedan estar yendo al concierto acompañados por sus propios hijos. Una cantidad de tiempo suficiente para que algunas de aquellas canciones hayan dejado de ser simplemente canciones y se hayan convertido en recuerdos.
Porque basta con que suene FullMoon, Replica, Tallulah o cualquiera de esas canciones que atravesaron generaciones para que el tiempo parezca desaparecer por un instante. Y ahí está, el verdadero valor de un aniversario como este. No se trata solamente de contar treinta años. Se trata de comprobar cuántas de esas canciones siguen teniendo algo para decir.
El próximo 29 de septiembre, el Teatro Flores será nuevamente el punto de encuentro.
Para quienes estuvieron allí en visitas anteriores, será una oportunidad para reencontrarse con una banda que forma parte de su historia. Para quienes nunca pudieron verla en vivo, será la posibilidad de descubrir por qué SONATA ARCTICA consiguió construir una relación tan fuerte con su público. Y para todos, será una noche especial: treinta años de historia condensados en un escenario.
Treinta años después de aquel comienzo en Kemi, Finlandia, SONATA ARCTICA vuelve a Buenos Aires para celebrar su historia.
Pero, sobre todo, para volver a escribirla.
Y esta vez, la historia se escribirá otra vez frente a un público que, después de tantos años, todavía tiene muchas ganas de cantar.


