Año: 2025 | País: Países Bajos | Género: Progressive Metal | Sello: Kscope | Lemmymómetro: ♠♠♠♠♠♠ (6/10)
TEXTURES, pioneros del metal progresivo holandés y piezas clave en la consolidación del sonido djent que definiría gran parte del metal moderno, regresaron al circuito discográfico con Genotype, publicado diez años después de su último álbum, Phenotype, en 2016, tras su disolución en 2018. La producción de este lanzamiento estuvo a cargo de Forrester Savell, quien dota al disco de una amplitud y profundidad casi cinematográficas, con teclados y sintetizadores como eje central, creando el ambiente que envuelve a las guitarras y a la base rítmica. Líricamente, el álbum se sumerge en la introspección, la pérdida y la resiliencia, con referencias a vivencias vinculadas al espectro autista y al trauma del “gemelo desaparecido”, buscando un tono empático y una conexión con las luchas personales en lugar de abordar grandes conceptos filosóficos como en trabajos anteriores. En definitiva, se trata de un disco de asimilación inmediata, pensado para el disfrute y para generar un impacto emocional profundo, priorizando la conexión por encima del virtuosismo técnico. Tras la apertura instrumental de Void, articulada sobre teclados espaciales, las guitarras se suman con calma en una construcción progresiva, dejando en claro que la atmósfera es el elemento esencial y preparando el clima de las siguientes pistas.
Pero dentro de esta temática atmosférica también parece haber un foco claro en la voz de Daniël de Jongh, ya que durante buena parte del disco domina su registro limpio, rasposo y con carácter, ahora con un sonido más pulido y seguro, tanto en los momentos íntimos como cuando toca apretar los dientes. Hay varias canciones que se aferran a este recurso para desarrollarse, como At the edge of winter, que termina siendo súper coreable, más aún con la adición de Charlotte Wessels, donde por momentos las estrofas arrancan suaves y melosas, y poco a poco crecen hasta explotar al final de cada frase; o A seat for the like-minded, donde las voces limpias se mueven con soltura sobre riffs entrecortados y elásticos, muy en la línea de CALIGULA’S HORSE, con un tono algo cansado, como de quien ha visto demasiado desde su asiento. Pero ojo, cuando recurre a la voz gutural, aunque lo haga menos que antes, lo hace con una seguridad tremenda, siendo Closer to the Unknown donde más se desata en ese sentido, sobre todo en los pre estribillos nerviosos que desembocan en aullidos potentes.
En resumen: hay menos guturales, pero cuando aparecen mandan, y las voces limpias se consolidan como uno de los ejes del disco, pero que la voz tenga más protagonismo no significa que lo instrumental quede en segundo plano. Al contrario, en varias ocasiones la banda sigue jugando muy bien con las dinámicas y los contrastes: Nautical dusk va por un camino variado, ya que arranca densa y lenta, casi viscosa, y luego te aplasta con trémolos cada vez más rápidos y bombos demoledores en los estribillos. En este terreno se ve lo mejor del álbum, ya que es coherente, suena como un bloque compacto, y explora una energía distinta. Sin embargo, el gran tropiezo llega al final, en el cierre con Walls of the soul. Tiene un aire más etéreo, con una batería de tinte jazz fusión, y desemboca en el clímax más grande de todo Genotype: guitarras ascendentes, melodías vocales que rebotan, ritmos con groove. Todo encaja y parece el desenlace perfecto. Lo malo es que el disco no termina ahí; y tras ese subidón, el tema vuelve al patrón de batería inicial y se estira un par de minutos más, perdiéndose en teclados más tibios y rompiendo absolutamente toda la inercia que había construido. No es que esté necesariamente mal, pero corta el impulso justo cuando todo había alcanzado su punto álgido, dejando un cierre que no termina de estar a la altura del viaje.
Genotype vuelve a insertar a TEXTURES en el panorama del metal progresivo contemporáneo con una producción impecable, un marcado énfasis vocal y una lograda capacidad para construir atmósferas inmersivas, priorizando la emoción, la melodía y el impacto global por sobre la complejidad técnica desmedida que supo distinguirlos. Y ahí, justamente, aparece también la debilidad del disco: esa decisión termina suavizando los rasgos sonoros que definieron a los holandeses. Esto se percibe desde el inicio, con la elección artística de abrir el álbum con una canción junto a una invitada que, sin desmerecer el talento de Wessels, aporta un tono más meloso, interesante pero inesperado. También se extrañan elementos emblemáticos como la imprevisibilidad rítmica y los matices disonantes presentes en otros trabajos, que aquí aparecen considerablemente atenuados o directamente ausentes. El resultado es un sonido contundente, profesional, funcional y bien ejecutado, pero que en varios pasajes tiende a converger con patrones ya estandarizados dentro del prog europeo, acercándose a la estética de bandas actuales como TESSERACT o VOLA. Si bien Genotype se presenta como un lanzamiento sólido y competente para 2026, su valoración como álbum de regreso deja la sensación de que se esperaba algo más picante o una evolución más audaz, quedando finalmente como un ejercicio de adaptación a las tendencias actuales del género. En esencia, la propuesta resulta segura y previsible, sin la capacidad de sorpresa e impacto que la banda supo generar en el pasado, aunque de todos modos ofrece una escucha disfrutable.
Texto: Luis Gallucci

