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THE AMITY AFFLICTION en vivo en Argentina: “Del silencio inicial al caos colectivo”


Fecha: Domingo 10 de mayo, 2026 | Hora: 20 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Parque Sarmiento | Bandas invitadas: LAS TUSSI – SEVEN HOURS AFTER VIOLET – SPIRITBOX

Si algo comprobamos el viernes pasado, es que no siempre todos los recitales explotan desde el primer minuto, a veces necesitan tiempo para acomodar sus piezas, construir confianza y feeling con la gente para luego poder explotar toda esa energía contenida en forma de pogo, mosh y coreos. La presentación de THE AMITY AFFLICTION en Capital Federal, casi a un año de su último show, fue uno de esos casos. Con PORTLAND como encargados de abrir la jornada y una lista de temas medio dicotómica, con una segunda mitad dominada por la intensidad emocional característica de los australianos, la noche fue creciendo paso a paso hasta desembocar en un cierre marcado por el agite, los abrazos sobre el escenario y una audiencia completamente entregada.

Como dijimos, los encargados de abrir la noche fueron los chicos de PORTLAND, quienes sortearon de forma enérgicamente algunos inconvenientes técnicos durante los primeros minutos de su presentación. Para quienes no los conozcan, estamos hablando de un quinteto de pibes jóvenes, los más necesarios en una escena que busca recambio generacional en su público, no tanto en los músicos, que apuntan a un sonido afianzado en el emo, el post hardcore y lo alternativo que como ellos comentaron, siempre fue una atravesada por momentos difíciles, experiencias desde el caos, el desorden y, sobre todo, la catarsis, que condensan en una sonoridad muy particular. El sonido tardó un par de canciones en asentarse y recién hacia el tercer tema comenzó a encontrar un equilibrio que permitió apreciar mejor la propuesta del grupo. A partir de allí, la banda pudo desplegar con mayor claridad su combinación musical basada más en la tensión y la intensidad contenida que en la explosión permanente. Una propuesta de combustión lenta, donde la energía parece mantenerse siempre al borde del estallido sin terminar de desatarse por completo, una característica que forma parte de la identidad artística más que de una limitación, ojo. Sin embargo, la conexión con el público demoró un poco más en construirse. Entre canción y canción se produjeron algunos silencios prolongados que generaron cierta incomodidad en el ambiente, mientras que el vocalista se mostró inicialmente algo tímido al momento de dirigirse a los presentes, pero con el correr de los minutos y gracias a la buena predisposición de los asistentes, el frontman fue ganando confianza, soltándose cada vez más en sus intervenciones y encontrando una interacción más natural que ayudó a cerrar el set con mejores sensaciones que las percibidas durante el comienzo.

Tras la actuación de los locales llegó el turno de THE AMITY AFFLICTION, cuyo ingreso al escenario estuvo precedido por una introducción doble que se extendió más de lo que hubiera sido ideal; la primera parte mostró una versión del logo de la banda reformateada como antorcha proyectada mientras la sala permanecía completamente a oscuras, generando una atmósfera solemne y cargada de expectativa. Luego llegó una segunda introducción, menos conceptual pero igualmente extensa, que terminó de preparar el terreno para la aparición de los australianos. Aunque la construcción del clima resultó efectiva, la duración total de ambas secuencias pareció excesiva y dilató innecesariamente el inicio del concierto, pero era parte del show planteado. Los primeros temas, Kickboxer y Like love, encontraron a la banda todavía calibrando la energía de la sala, y también el sonido, que fue bastante complicado y enmarañado, aunque mejorando al cabo de unas canciones, pero todo comenzó a cambiar en la previa de Heaven sent. En un castellano algo trabado pero recibido con entusiasmo por los presentes, el vocalista Joel Birch saludó al público argentino y ese pequeño gesto bastó para desatar la primera gran ronda de la noche, y a partir de allí la dinámica del recital dió un giro evidente. Las visuales pasaron a centrarse en la estética de su más reciente álbum, con imágenes asociadas a House of cards dominando las pantallas, y junto con ese cambio visual también pareció transformarse la actitud sobre el escenario. La banda se mostró más cómoda, más comunicativa y mucho más conectada con la respuesta del público. En ese contexto también se puede mencionar que ya con varios años de uso, se hizo notar la ausencia de contenido en las pantallas laterales del recinto de Abasto, que ni PORTLAND ni THE AMITY AFFLICTION usaron, no sabemos si por temas técnicos o solo artísticos, pero con varios shows encima viendo las tres pantallas activas, debo reconocer que por momentos la puesta escénica se sintió algo incompleta, especialmente considerando la importancia que tuvieron las proyecciones centrales dentro de la narrativa visual del show de los australianos.

Antes de interpretar el tema House of cards, los australianos se tomaron un momento para agradecer la recepción recibida y felicitar públicamente a PORTLAND por su presentación, que por más que suene a compromiso o cliché (en mi caso creo que no fue ninguno de ambos casos), fue otro de esos pequeños gestos que fortalecieron el vínculo con la audiencia y sirvió como antesala para el tramo más intenso de la noche. Desde allí en adelante el mosheo ganó protagonismo, acompañado por una constante circulación de fanáticos que subían al escenario, donde algunos buscaban compartir un fragmento de canción junto a la banda, mientras que otros simplemente aprovechaban la oportunidad para abrazar al vocalista antes de regresar al público. Y dentro de esa instancia, uno de los momentos más memorables llegó durante Chasing ghosts, cuando un pibe visiblemente muy joven logró subir al escenario y cantar una estrofa completa con una seguridad, precisión y brutalidad que asustó, y de hecho sorprendió incluso a los propios músicos. La interpretación fue celebrada por los presentes y recibió la felicitación explícita del cantante, generando una de las escenas más espontáneas y emotivas de toda la noche. La carga emocional alcanzó otro punto alto durante All fucked up. A pedido de la banda, gran parte de la audiencia participó de una suerte de flashmob en el estribillo final, con las linternas de los celulares alzados y moviéndose de lado a lado (algunos descolgados más vintage usando encendedores), creando una imagen colectiva llamativa y conmovedora, más considerando la premisa del tema: And the truth is they don’t hear the words we say / they all just turn away / Will you save my life or just say goodbye?. Fue uno de esos instantes en los que la distancia entre escenario y campo desaparece por completo y la canción deja de pertenecer exclusivamente a quienes la interpretan para convertirse en patrimonio compartido de toda la sala.

Más adelante, durante Bleed, fue el bajista Jonathan Reeves quien tomó la iniciativa para incentivar el movimiento entre los asistentes, alentando el agite y destacando la entrega del público argentino, no sin antes agradecer profundamente a todos los presentes, que respondieron con la misma intensidad que había caracterizado toda la segunda mitad del concierto. Para los bises quedaron reservados algunos de los momentos más esperados de la noche. Soak me in bleach abrió el tramo final con una recepción inmediata y masiva, que terminó de sellar la despedida con la sala completamente entregada. Contra la costumbre habitual de muchas bandas internacionales: cuando las luces todavía no terminaban de encenderse y gran parte del público seguía procesando los últimos acordes del tema final, THE AMITY AFFLICTION eligió una despedida tan breve como inesperada. Sin la clásica foto final ni largos discursos de agradecimiento, los músicos se limitaron a una reverencia antes de entregar púas, baquetas y demás accesorios del vivo, para abandonar el escenario porteño sin más. Un final un poco extraño para una noche que había construido una conexión tan fuerte entre ambas partes, pero no podemos negar que la imagen que quedó grabada no fue la de esta retirada apresurada, sino la de una sala cantando al unísono, abrazando cada canción y respondiendo con una intensidad que terminó potenciando a la propia banda. Porque si algo demostró esta presentación fue que, una vez roto el hielo, la energía ya no encontró forma de detenerse.

Texto: Luis Gallucci

Fotos: Cortesía Noiseground

Agradecemos a Noiseground por la acreditación al evento.

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