WERKEN – Hielo Eterno


Año: 2026 | País: Argentina (Comodoro Rivadavia, Chubut) | Género: Heavy Metal | Sello: Cuervo Records | Lemmymómetro: ♠♠♠♠♠♠♠♠♠ (9/10)

Con trece temas, regresa el mensajero ancestral patagónico. Otra entrega cargada de paisajes y sentimientos reencarnados en música, en este caso, con un sonido más crudo que el de sus antecesores. WERKEN sigue cabalgando contra cualquier tormenta y, esta vez, llega con Hielo Eterno, su cuarto álbum que, en su formato físico, figura 2025 como año de publicación, pero que fue lanzado a principios de 2026 en todas las plataformas digitales y también como CD.

La banda de Comodoro Rivadavia (Chubut) vuelve a desplegar una producción de gran calidad musical y lírica, siempre con mucho para decir desde la poesía visceral, manteniendo la línea del heavy metal clásico, pero redoblando la apuesta que marca su evolución, con sonidos más graves y pesados en algunos casos y también con bastante folclore, una veta enraizada en este grupo de metal pesado sureño, aunque, hasta ahora, no había sido expuesta de manera tan directa, ya que los últimos tres temas son folclore puro.

Producción local

Este trabajo fue realizado íntegramente en la ciudad natal de WERKEN. La grabación y mezcla tuvieron lugar en ADLR Estudios, a cargo de José Barría (importantísimo actor en este trabajo, por su aporte en gran parte de la composición musical). La masterización corrió por cuenta de Nico Narvaez (ex baterista de la banda, que ya se ha ocupado de la mezcla y master de otras producciones locales).

Asimismo, el arte de tapa y contratapa (con el mensajero alado junto a su caballo, en las alturas heladas de la Patagonia, mientras aviones de guerra surcan el cielo nublado) pertenece al artista local David Navarro, en tanto que el diseño gráfico es obra de Rodrigo Gudiña.

Cabe aclarar que en este disco participa el bajista Ariel Morales (figura en la composición de un par de piezas), quien formó parte de la banda durante varios años y se alejó por motivos personales. Actualmente, su lugar en las cuatro cuerdas lo ocupa Elías Sáez, quien se suma a Sandro Siracusa (voz principal y único integrante original), Gabriel Chaile (batería y percusión), Lucas Falcón (primera guitarra y voz) y David Barría (segunda guitarra, voz y teclados).

Por otra parte, hay músicos invitados como Adrián Barrera en bajo, José Barría en teclados, guitarras y percusión, Camila Barría en violín y Jorge Gianotta en guitarra criolla.

Un viaje sonoro por la Patagonia visceral

Adentrándonos en esta obra sensorial, los aires patagónicos ya se respiran desde Maquinchao, una intro acústica que remite a la aridez y la soledad, abrazadas por el sonido del viento, el trinar de las aves y el golpeteo apaciguado del bombo legüero. Los arpegios cansinos, reciben a la melodía guitarrera que se mimetiza con una caricia orquestal, en un in crescendo que muta en suspiro y exhalación, preparándonos para un viaje sonoro donde prevalece el metal, pero que ofrece otros paisajes.

Al galope y con guitarras gemelas, arremete Alas delta, cuya metáfora podría remitir al propio WERKEN, ese guerrero alado: “Hoy lo comprendió… Planeando en el aire… Dejó la ciudad y hay un lobo en su piel”. Metal clásico, con estrofas frenéticas, estribillo abierto y un Siracusa estirando las vocales, cambiando acentuaciones de lugar (lo que marca su estilo), variaciones de ritmo, de emociones y un solo que se sostiene hasta el final, acompañando una estructura que se fue moldeando desde su esqueleto, sin desviarse de su columna vertebral.

El quiebre llega con Esperanza, con tintes de death metal moderno en el arranque. Pero el giro musical y vocal, confirman que la banda se ajusta a lo que demanda el presente sin desechar el pasado. Los breakdown, los climas y las melodías vocales épicas, conviven en esta pieza que habla sobre una especie de redención, o de irse de este plano sin el peso de los errores. En cuanto a lo musical, se puede asegurar que el cambio de integrantes a lo largo de los años no socavó la esencia, teniendo en cuenta que, si bien el principal compositor es Siracusa, quienes lo acompañan suman también desde la composición.

Con El regreso, la banda vuelve a ese heavy metal que te lleva de viaje sobre las llanuras, “cabalgando en el viento”, como reza parte del estribillo mientras acompañan las guitarras. Para levantar el puño y corear, evocando por momentos al RATA BLANCA más powermetalero.

Hielo eterno, el tema que le da nombre al disco, marca una postura ambientalista entre riffs pesados, entrecortados, velocidad y un estribillo clásico con doble bombo, machaque y un final oscuro y melancólico con piano. Gran pieza y un mensaje positivo, porque si bien “hoy llora el glaciar”, también “renace una canción que quiere ver la luz”, profetizando que “del barro y del lodo, brotará una flor”.

El último soldado se sostiene sobre la base de un medio tiempo, sumando buenos arreglos rítmicos y pasajes ríspidos con cambios de tempo, junto a un estribo acompañado por las violas en armonía y dos solos tan efectivos como diferentes, para acompañar al “combatiente de un tiempo lejano” que muchas veces pensó que hubiese sido mejor morir allí: “Volvimos sin poder volver”.

Preludio de redención suena a eso mismo, con un arpegio inicial y un relato reflexivo, casi como un lamento que transmuta en una súplica a viva voz. “Solo si pudiera regresar, lo intentaría… ¡otra vez!”. Al ritmo de un vals distorsionado, transcurre este tema que invita a alzar la voz de los renacidos.

El viaje sigue sobre la ruta y en moto con Voces del viento. “Dos ruedas girando a morir”, rumbo a los “horizontes cruzándose”, entre sonidos progresivos y clásicos que se concatenan como si se tratara de un camino de ripio y asfalto.

Ferocidad y melodía vuelven a darse la mano con El fugitivo. Una línea de bajo y el compás de las guitarras y la batería, preceden a un ritmo frenético, a medio tiempo, que desemboca en un clásico estribillo donde cada nota adquiere sentimiento, al son de quien “huye en la noche hacia el confín”, con el objetivo de “mostrar la revelación”.

Ya casi en el final de este recorrido, las revoluciones empiezan a bajar con Detrás del mar, una hermosa y triste balada que denota un adiós: “Largas distancias de espinas y pasión. Y hoy sé que no estás, no existe el perdón”. La intro con los punteos emulando al estribo, la presencia del piano, la orquestación y una estrofa que se recuesta en un bajo pulsante, son la fórmula exitosa para toda power ballad.

El sonido de guitarras criollas y bombos legüeros, se adueñan del epílogo de este periplo. Tres canciones a puro folclore, invitan a sumarse al fogón y descansar sobre la falda de algún cerro, mientras Siracusa muta en cantor con tonos graves y hasta tangueros.

El precio del honor habla sobre el gaucho Juan Moreira y musicalmente recuerda al estilo de Hugo Giménez Agüero; La nevada (donde Carlos Cabral colaboró en la música) es una zamba que relata las penurias de un camionero, al comprender el sufrimiento del gaucho a caballo mientras se pierde en la cerrazón; y el cierre con Tormenta del ayer, al ritmo de chacarera con guitarras eléctricas y batería que se fusionan con las criollas y el piano, remite a un “tropero viejo del sur” que se esfumó entre la nevazón, pero que acompaña a un viajero a punto de partir de este plano.

En definitiva, este final es una suerte de despedida metafórica para un álbum que ofrece paisajes variopintos y sensaciones a flor de piel, como viendo toda una vida pasar entre canciones libres de todo prejuicio.

Texto: Lorenzo Martins
 Agradecemos a Sandro Siracusa por la facilitación del material.

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